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Viernes, 15 de abril de 2016

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Alerta en Tucumán

Nicolás Zárate, de 28 años, fue secuestrado el sábado a la madrugada al subir a un vehículo de la empresa Centro Taxi a la salida del boliche gay Diva! de San Miguel de Tucumán. Fue golpeado y despertó inconsciente en una ruta, donde fue abandonado por los atacantes. Pero éste no fue un hecho aislado. Otras denuncias de ataques similares comenzaron a salir a la luz a partir de este episodio de terror.

El sábado a la madrugada mi hijo Nicolás fue secuestrado. Salió del boliche gay Diva!. Un Fiat perteneciente a la empresa Centro Taxi de San Miguel de Tucumán lo levantó. El chofer se ve que ya estaba arreglado con otro cuando subió mi hijo. Esta segunda persona se subió también en el taxi. El taxista le dijo a Nicolás: “Quedate tranquilo, es un amigo, lo alcanzo a él también así comparten el viaje”. El taxista salió volando de ahí. Pararon en una estación de servicio, le ofrecieron una cerveza y a partir de ahí mi hijo ya no recuerda mas nada de lo que pasó. Lo golpearon no sabe si con un revolver o con qué. Lo dejaron inconsciente. A la mañana siguiente apareció en la ruta 57, localidad de Los Aguirre, a 170 km de San Miguel de Tucumán. Se despertó fuertemente golpeado, en un cañaveral. También le faltaba su celular. Y menos mal que una familia de ahí lo retuvo, hasta que me avisaron. Lo habían encontrado caminando herido por la ruta.

Estuvo internado en el Sanatorio Rivadavia, con hematomas en todos lados y la clavícula fracturada. Hice la denuncia e intervino una fiscal. Pero no me voy a quedar con una simple denuncia. Ni voy a parar por el solo hecho de haberlo encontrado vivo. El martes pasado encabecé una marcha pero no por Nicolás únicamente. En los últimos meses -después lo supe-, ha habido muchos casos, muy parecidos, a veces con las mismas características, muchas otras veces son ataques con las mismas causas. Digo esto porque a partir de que empecé a difundir por redes sociales lo que le había pasado a Nicolás, se me empezaron a acercar, incluso en el sanatorio, otros chicos para contarme que habían sido víctimas de situaciones muy similares. Dos de esos casos fueron prácticamente idénticos: los van a buscar a la puerta de Diva!, allí, los levantan con un taxi. Después interviene una tercera persona que se hace el simpático, el amigo, para entrar en confianza. Me dio escalofríos escuchar en boca de otros chicos relatos tan similares a lo que horas antes me había contado mi hijo. Paran en la estación de servicio, les dan algo de tomar y luego ya no se acuerdan de nada. Amanecen golpeados en la ruta. Uno de estos chicos incluso me dijo que había podido registrar el número de licencia de chofer.

Han hecho la denuncia pero la justicia está encajonando estos casos y los medios no dicen absolutamente nada. Dos días después de lo que pasó, cuando yo ya había hecho circular la noticia por todos lados, me llamaron de la compañía de taxis, básicamente para lavarse las manos, desligarse de toda responsabilidad. Al parecer la única documentación que le piden a un chofer antes de darle un auto es que presente su carnet de conducir. Parece que tampoco tienen registro del recorrido que hace cada auto. Aquí en Tucumán, la violencia y discriminación contra la comunidad lgbt es algo a lo que nos tiene acostumbrados. Tucumán no es una isla, pero sí puedo decir que aquí pasan terroríficas y la mayor parte de la sociedad mira para otro lado.

Fernanda Portuguese,
mamá de Nicolás Zárate.

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