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Viernes, 11 de noviembre de 2016

MUSICA

El jinete con cabeza

Gabo Ferro es un fenómeno raro: su música de culto y su voz andrógina le cantan, y encantan, a un público cada vez más masivo. Su último disco, El lapsus del jinete ciego, compuesto al calor de este momento de la Argentina, condensa el universo poético y político de su autor. Catorce canciones desesperadas, despiertas y urgentes para un presente en ebullición.

 Por Paula Jiménez España

Gabo Ferro compuso urgido su nuevo disco, con algo de desconcierto y mucho de desazón. Para presentarlo, recorrió por meses las provincias y fue recibido a sala llena. Es claro, su popularidad crece: su canción “Volver a volver” ocupa el puesto 11 en Spotify en España y parte de su repertorio musicalizó la telenovela La Leona. “En los horarios centrales suelen usar canciones que conocemos, se recurre a la memoria como capital simbólico. Cuando se apuesta a alguien que la gente no conoce tanto, se pide mucho al público. Si ponés una canción que tiene una historia asociada a la tuya, es fácil ser eficaz. En mi caso no son versos explícitos, sino imágenes y situaciones del universo poético. Mis canciones dicen te amo después de dar unas vueltas mortales hacia atrás y hacia adelante”.

La Leona fue al aire para la época que empezaste a componer el disco. Un disco que está preñado del clima político.

-Lo empecé a componer 11 de diciembre de 2015. Todos mis discos son políticos, si fuera posible disociar trabajo y política. Siempre me dediqué a las cuestiones menos atendidas, políticas de género, clase y raza. En este disco quería registrar el sartenazo de desorientación. De no poder creer lo que sucedía. A los que vamos por el interior nos cuesta pensar que este tono tan unitario, post neoliberal, cuaje allí. Quería registrar musical y literariamente ese estado.

Una de las letras más sencillas es la de “El beso urgente”, que es bastante desesperada…

-Fue compuesta en el verano. Y, otro de los temas, “La silla de pensar” fue estrenado en Plaza de Mayo en el momento en que se vencían contratos. Es un disco estrenado en la calle, dentro de manifestaciones políticas. Frente a todo esto ¿cómo se resiste? Besándonos.

Sobre todo dando un beso gay…

-¡Cualquier beso! Cuando era chico, el beso fue el primer gesto público de la diferencia. Con un grupo de amigos nos saludábamos con un pico y era pedagógico, amoroso. No había nada genital, sí era erótico. Y sentía que había algo en esa inocencia y en esa bomba del beso que cuando se hizo cotidiano no interesó más. Por eso lo abandonamos.

El disco termina diciendo: “Si el deseo es el problema, mejor entrá a resolver, que aunque hayas roto la copa la sed pronto va a volver”. Termina con la palabra volver. Liga lo político y el deseo.

-Nunca deberían haberse desligado. Ahora está bien vivo esto. Sobre todo habiendo tenido -con las críticas que uno puede hacerle a Cristina- una presidenta mujer y celebrándolo vivamente. Hay cosas que quedan pendientes para los que somos más radicales, el aborto (¡habiendo tenido una presidenta mujer que no se haya sancionado esa ley!). Ese tema tenía una coda y la saqué: tiene que terminar con este verso, pensé. Dejarte en la altura de lo que todo el mundo puede entender. El disco te abandona en el espacio, viendo que hay un montón de gente que si escuchara su deseo estaría fenómeno.

En la canción “Como la maleza” decís: Yo soy como la maleza que nadie me está esperando, que no la arrancan por mala sino por lo que sabe del campo…

-Jugué con el término campo, no solo la Pampa, sino el campo en el que me muevo, la academia y la música. En mi música, trato de no imponer nada mío. Hay algo en el chispazo del hallazgo, que prende y se agarra. En ese caso, tiene que ver con lo que el canon de belleza occidental entiende como molesto y feo: la maleza. Un figurón de la música nacional me dijo: ¿Por qué, si vos podés cantar tan lindo, cantás así? Mi norte es poner en crisis el canon de belleza. Quien disfruta lo que hago entiende belleza en el yuyo. ¡Qué linda esta florcita salvaje que además es incultivable! Me ha pasado de intentar trasplantar una y no funcionó.

Este disco tiene zonas provocadoras, como un vals, dulce, con una letra tremenda…

-En 2006, hice La cabeza de la novia cayó sin suelo, para hablar de la relación entre la costurera, la novia y la virgen, tratar la cuestión de género en el mundo celestial. Una novia que se enamora de la costurera, tienen encuentros hermosos en el probador. Es una tríada femenina y el tipo, como no puede entender, las caga a tiros. Si algo me deja conforme conmigo, es que no estoy montado a una inquietud del momento, tener la certeza de que lo que yo creía hace doce años era una cosa que había que atender y se atendió. Siempre atiendo el sitio histórico que estoy viviendo.

Son canciones donde aparecen mucho las palabras ley y dios…

-Sí. Una parte dice: “te di la ley y la tierra, entonces decí de mí, de acá ¿qué querés?”. Si te di lo que querías, ¿qué querés de esta cosita que me quedé? ¿Por qué no te quedás con lo importante? ¿todo querés? El tema habla de la ambición del que te quiere sin hijo, sin casa, sin cunita, sin nombre. Ese milagro de la ley de autopercepción de género es una tirada de guante en la cara para la gente que quiere poseerlo todo, porque te quieren negadx, porque si no podés llamarte como sos, no existís.

Viernes 11 de noviembre a las 20.30, ND Teatro, Paraguay 918.

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Imagen: Sebastian Freire
 
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