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Viernes, 17 de abril de 2009

EPA

Yo también zooy

Que Polonia da para cualquier tipo de polémica no es exactamente una novedad, sobre todo después de haber sufrido la presidencia paralela —uno fue presidente y el otro primer ministro durante el mismo mandato— de Lech y Jaroslaw Kaczynski, gemelos idénticos y archiconocidos por prohibir las marchas del orgullo Glttbi, las charlas sobre homosexualidad en las escuelas y hasta la homosexualidad misma en cualquiera de sus manifestaciones. Mandato cumplido, los Hermanos Macana, de todos modos, han dejado en la Legislatura nacional a laderos igualmente comprometidos con la protección de la moral pública heterosexual, envueltos ahora en una cruzada en contra del nuevo elefante del zoológico de Varsovia. Sí, el pobre Nimio, 10 años, encerrado de por vida y denostado públicamente por Michal Grzes, un concejal que puso el grito en el cielo por “las tendencias perversas”, manifestadas, claro está, por su preferencia por otros machos. “No pagamos 37 millones de zlotys por el elefante más grande de cualquier zoo de Europa para tener un elefante gay”, aulló Grzes esta semana. Desde aquí sólo podemos decirte, estimado Nimio, que no estás solo (seguramente ni siquiera en el Poznan Zoo). La zoología registra al menos 15 mil especies animales que se relacionan con ejemplares del mismo sexo y también capaces de cambiar de género. Un simple recuento de las bestias más populares en este sentido anota a los pingüinos —en el Zoo del Central Park, en Nueva York, hay una pareja que lleva seis años de monogamia y hasta han adoptado un huevo—, los delfines y las orcas “asesinas” —que realizan orgías entre machos en las profundidades del océano—, los chimpancés bonobo —las hembras aceptan aparearse con machos, pero se divierten entre ellas la mayor parte del tiempo— y las hienas —las hembras tienen un órgano sexual tan grande que se mimetizan como machos y copulan con otras hembras—. Por lo tanto, Nimio, nada hay por qué preocuparse: bastaría hacer correr la voz entre las bestias (¿tal vez pedirle al león que le escriba una carta a otro, como en aquella vieja canción?) y empezar a patear el closet de la jaula. No conseguirás así la libertad, Nimio, pero nadie te puede negar cuánto has ganado hasta ahora en visibilidad.

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