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Domingo, 22 de julio de 2007

TURISMO Y CINE > VIAJES CINEMATOGRAFICOS

La Argentina de película

Los paisajes argentinos también se lucen en la pantalla grande. Más o menos reconocibles, escenarios naturales, edificios históricos y ciudades se convirtieron en la escenografía de películas y hoy proponen un poco de cine-turismo.

 Por Graciela Cutuli

Desde mucho antes de que la Argentina se convirtiera en un destino buscado para las filmaciones, de la mano de los bajos costos, los escenarios naturales del país ya aparecían en la pantalla grande, como marco de historias surgidas de producciones internacionales o locales. Y de la misma forma en que a veces es difícil reconocer a la figura que se ve en pantalla a la hora de encontrársela en la vida real, también el paisaje o los lugares son “maquillados” y “producidos” para ajustarse a las necesidades del guión. La tan mentada magia del cine puede transformar las sierras bonaerenses en las islas Malvinas, o las montañas mendocinas en el Tíbet. Especialistas en locaciones cinematográficas son los encargados de recorrer lugares en busca de dar con el paisaje adecuado, en una suerte de “casting” de donde los lugares pueden salir luego más o menos reconocibles. A pasear, entonces, por una Argentina donde la pantalla grande se hace realidad.

AIRES DE CAMPO Cerca de Cañuelas hay un pueblo de campo donde el tiempo parece decidido a darse un descanso. El nombre asoma a la vera del camino, desde el cartel de la vieja estación de ferrocarril: Uribelarrea. Lo único que se oye es el canto de los pájaros y el zumbido de algunos insectos que revolotean entre los pastizales cercanos, floridos de cardos y cortaderas: aquí, el ruido de un motor hace dar vuelta todas las cabezas. Hay que darse tiempo para visitar la pulpería, y comer en el restaurante de campo rebosante de tentaciones y antigüedades, antes de pasear en torno de la plaza principal diseñada por el arquitecto Pedro Benoit (el mismo que ideó las diagonales de la plaza) y la iglesia, flanqueada por casas de fachadas antiguas.

Esta antigua colonia agrícola fundada a fines del siglo XIX, que se enorgullece de haber sido el primer lugar donde se elaboró dulce de leche de cabra y hoy se especializa en brindar quesos y cervezas artesanales, tiene una vida secreta como escenario de cine: en el centro de Uribelarrea Alan Parker recreó el pueblo de Evita, Los Toldos, para la escena del entierro de su padre, y aquí se filmaron también escenas de El viejo Hucha, de Lucas Demare; Juan Moreira, de Leonardo Favio con Rodolfo Bebán; Boda secreta, de Alejandro Agresti, y El hombre que capturó a Eichmann, además de otras decenas de películas y avisos publicitarios.

Dejando la pampa llana por las sierras bonaerenses, hacia el sur de Buenos Aires, Sierras Bayas también invita a la vida de campo, aunque cuatriplica la población de Uribelarrea. El pueblo está situado en la “zona serrana” de Olavarría: las Sierras Bayas son, propiamente, el límite sudeste de las estribaciones de la Sierra de Tandil. El pueblo, nacido en torno de las canteras de caliza, conserva las casitas de los obreros de las fábricas de cemento y cal, tal como en otros tiempos, aunque la vieja estación de ferrocarril fue convertida en museo. El momento de gloria cinematográfica de Sierras Bayas llegó con la filmación de Los chicos de la guerra, de Bebe Kamin, en 1984: las manzanas de casas obreras sirvieron para recrear Puerto Stanley, y los paisajes de las sierras –que hoy muchos eligen para un trekking o paseos en bicicleta– se convirtieron momentáneamente en los escenarios malvinenses.

También cerca de Olavarría, una estancia abandonada –la producción tuvo hasta que ponerle techo– fue marco de la filmación de algunas escenas de Imagining Argentina, con Emma Thompson y Antonio Banderas (un veterano de estas lides, que ya había estado en la Evita de Parker con Madonna). La película, con escenas también en San Telmo, la cancha de Boca, la Plaza de Mayo, la iglesia de Santa Cruz y la Casa Rosada, revolucionó en su momento la vida de un pueblito bonaerense cercano a San Antonio de Areco, Villa Lía, una de cuyas casonas fue para la ficción el hotel donde se alojaba el personaje de Antonio Banderas. Desde entonces, el pueblo recuperó la calma, pero puede ser una linda escala en la tradicional visita a San Antonio de Areco, situado a sólo seis kilómetros. Otra escala cinematográfica en la pampa es La Bamba, la estancia donde María Luisa Bemberg ambientó la historia de Camila.

ESCENAS DE LOS ANDES De punta a punta, los escenarios andinos también son inspiradores para el cine. Camuflados con construcciones inexistentes, mezclados con otros lugares en una sucesión imposible de adivinar, y a veces también intactos, tienen una extraordinaria capacidad de mimetismo. ¿Quién reconocería en Salta, por ejemplo, las estepas rusas de Gogol? Sin embargo, allí se filmó Taras Bulba, en los años ‘60, con Yul Brinner y Tony Curtis. Por aquellos años, los responsables de la película justificaron la elección en la semejanza de los paisajes y la habilidad ecuestre de los argentinos. El centro de operaciones se instaló en el Hotel Salta, de la capital salteña, con sede porteña en otro hotel, el Alvear. La ciudad de Dubnov fue recreada en la localidad salteña de Castellanos, donde se instaló una magistral escenografía. Otras escenas fueron tomadas en la zona de Lomas de Patrón, donde soldados de un regimiento argentino se transformaron por unas horas en cosacos, y desde la torre del Castillo de San Lorenzo, un edificio construido como casa de veraneo a fines del siglo XIX y hoy transformada en hotel. Cerca de este lugar, rodeado de una magnífica vegetación y los relieves de la precordillera, hay que visitar el paraje de Los Yacones, también de gran belleza.

Cerca de la capital salteña, también el pueblito de Chicoana sabe de cine. Antiguamente, este pueblo hoy adormecido supo ser escenario de luchas entre los indígenas del imperio incaico y, más tarde, de las guerras de la independencia y los enfrentamientos entre unitarios y federales. Sin duda fue un buen lugar para ambientar la célebre La guerra gaucha, de Lucas Demare, que contaba la historia de un teniente del ejército español herido por las tropas de Güemes, y luego convertido a la causa americana. Tiempos viejos... actualmente, Chicoana vive sobre todo del cultivo del tabaco, que tiene su fiesta anual el 1º de agosto de cada año, y se pueden ver todavía los viejos secaderos de los primeros tiempos de la actividad.

En las cercanías del pueblo vale la pena visitar la Quebrada de Tilián, poblada de leyendas y cubierta de una espectacular vegetación, y Cuesta del Obispo, conocida como uno de los más lindos itinerarios ruteros de la Argentina.

DE MENDOZA A LA PATAGONIA Pocos años atrás, los problemas políticos entre China y el Tíbet terminaron mudando los altiplanos del Dalai Lama a la provincia de Mendoza. Fue entonces que Brad Pitt se transformó en el alpinista austríaco Heinrich Harrer, durante sus años de contacto con el Dalai Lama en el Tíbet: las escenas se filmaron en el Valle de Uspallata, donde se reprodujo Lhasa, la capital tibetana, y el espléndido palacio de Potala. Y bien pasa uno por otro, como pasa Buenos Aires por la ciudad futurista de la reciente Children of Men, por no hablar de aquella Highlander II que también se ambientó en nuestra capital. Sin duda, a veces hay que hacer malabares para imaginarse dónde pudo haber sido filmada una escena u otra, a diferencia de las más reconocibles películas locales, que dejan adivinar con más facilidad esquinas y barrios: pronto, Buenos Aires podría tener también su “film tour”, como tantas otras capitales del mundo.

En el repaso cinematográfico no hay que olvidarse de San Luis, que promueve específicamente sus escenarios naturales para la filmación de películas: aquí se rodaron Un lugar en el mundo, en la región de Merlo, y escenas de batalla de Iluminados por el fuego, entre muchas otras producciones. Y otra de las grandes protagonistas es la Patagonia, que ejerce innegable atracción sobre Carlos Sorín –en sus extensas mesetas y pueblos perdidos filmó El perro, Eterna sonrisa de New Jersey e Historias mínimas. Sus paisajes espléndidos y solitarios fueron también escenario de La Patagonia rebelde, de escenas de El aura, o Grito de piedra, de Werner Herzog, sobre el ascenso al Cerro Torre. Queda para los entendidos trazar sus propios itinerarios y tratar de descubrir los originales, ya que el artilugio del montaje acerca lugares lejanos y reinventa todos los paisajes: casi, casi, tema para otra película.

Mar de las Pampas protagonista

La novia errante, la película de Ana Katz recientemente presentada en Cannes y premiada en San Sebastián, fue filmada en Mar de las Pampas, sobre la Costa Atlántica. Es la historia de una pareja que discute en su viaje hacia la localidad balnearia, donde planea pasar unas cortas vacaciones, hasta que Inés, la protagonista, se baja sola y se entrega a las caminatas por el pueblo y sus bosques. Mar de las Pampas, que pertenece al municipio de Villa Gesell, se promueve como “slow city” –de hecho está fuera de la cobertura de los celulares– en busca de un turismo de descanso y bienestar alejado de todo trajín y en contacto con la naturaleza.

Datos útiles

Chicoana: informes en el mail [email protected].

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1- En los picos que rodean El Chaltén, Werner Herzog filmó su Grito de piedra.
2- El ambiente criollo de Uribelarrea, elegido por Alan Parker, Lucas Demare y Leonardo Favio.
3- Los sugestivos pinares de Mar de las Pampas, el “escenario” de La novia errante, de Ana Katz.
 
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