turismo

Domingo, 12 de agosto de 2007

CHUBUT > COMODORO RIVADAVIA Y RADA TILLY

Viento y petróleo

Ubicadas a orillas del golfo de San Jorge, Comodoro Rivadavia y Rada Tilly son dos ciudades vecinas rodeadas por la estepa y azotadas por el constante viento patagónico. Los gigantescos molinos de viento de un parque eólico que se ha convertido en la atracción turística de la zona, el Museo Nacional del Petróleo, la reserva costera de Punta Marqués y veloces competencias de carrovelismo en la extensa playa del balneario de Rada Tilly.

 Por Julián Varsavsky

Al acercarse a Comodoro Rivadavia por cualquiera de las rutas que confluyen en la ciudad, se suele atravesar a toda velocidad la planicie esteparia que, sin embargo, desfila monótona tras la ventanilla como en cámara lenta. Es el típico paisaje desértico de la estepa al que se le han incorporado a cada costado de la ruta centenares de cigüeñas petroleras que bombean sin cesar, extrayendo el espeso líquido negro que impulsa desde hace cinco años el segundo boom petrolero de la provincia. La población se multiplicó exponencialmente, también algunas fortunas, y llegaron las grandes cadenas comerciales de toda gran ciudad y los hoteles cinco estrellas. Todo aquel que puede cambia de rubro para trabajar en la industria petrolera, donde los sueldos promedio superan los cuatro mil pesos (también el costo de vida es más alto).

La bonanza petrolera se nota a simple vista, y prácticamente todo parece girar alrededor de ella, incluso la industria del turismo, ya que entre otros lugares que se visitan –ligados a la cultura del trabajo petrolero– está el Museo Nacional del Petróleo, construido por YPF en 1987 en torno del histórico Pozo Nº 2. Allí, el 13 de diciembre de 1907, brotó el primer chorro de petróleo que daría origen años después a Yacimientos Petrolíferos Fiscales. En el museo se exhiben paneles con explicaciones geológicas y documentos históricos de las diferentes etapas de exploración y desarrollo petrolero en la zona, así como herramientas y maquinarias de principios del siglo XX.

Molinos de viento

Si se le borrara de un plumazo la ciudad de Comodoro Rivadavia al sector del extremo sudeste de la provincia –devolviéndolo a su estado original del 1900–, el ascetismo del paisaje se limitaría a unos pocos cerros pelados con farallones acantilados sobre la costa, una estepa desértica sin ningún árbol, y mucho viento. Una naturaleza mezquina a los ojos, pero generosa en la energía que ha sido el motor del desarrollo industrial de todo el siglo XX. Sin embargo, curiosamente, la zona donde brota petróleo a borbotones también ha sido pionera en la búsqueda de energías no contaminantes, aprovechando ese elemento omnipresente y molesto del paisaje patagónico que es el viento. “La energía eólica y el hidrógeno pueden convertir a Comodoro y a la Patagonia en el Kuwait del siglo XXI”, dijo en agosto de 2000 un entusiasta gobernador al inaugurar 16 nuevos molinos de viento que se agregaban a los ya existentes en el Parque Antonio Morán, ubicado en una planicie sobre el cerro Arenales, a 17 kilómetros del centro de Comodoro Rivadavia.

El parque eólico es, en verdad, imponente, con un paisaje solitario muy patagónico y 26 molinos de viento con diseño futurista que alcanzan los 45 metros de altura. Basta con pararse al pie de uno de esos gigantes en movimiento, para sentir la fragilidad humana ante el zumbido infernal del viento cortado por unas aspas de 1500 kilos cada una, que parecen caerse encima de nuestra cabeza con una energía capaz de pulverizarnos en medio segundo. Pero ésta es una energía pacífica, renovable y limpia, que les garantiza electricidad a unas 19.500 personas, un pequeño atenuante patagónico al grave problema mundial del efecto invernadero.

El espectacular paisaje costero de Rada Tilly, con sus altos farallones.

En Rada Tilly

Entre dos salientes sedimentarias del continente que ingresan en el mar, 17 kilómetros al sur de Comodoro, se levanta la ciudad balnearia de Rada Tilly, que además de su kilométrica y concurrida playa ofrece un paisaje costero espectacular con altos farallones. Fue fundada en 1948 y su nombre deriva de la combinación de un accidente costero llamado rada –una especie de ensenada– y el apellido del Marqués Everaldo Tilly y Paredes, superior del Brigadier Juan Gutiérrez de la Concha, quien anduvo explorando esta zona en 1794 y le puso el nombre.

Hoy en día Rada Tilly es una suerte de ciudad dormitorio donde la clase alta chubutense no sólo tiene sus casas veraniegas frente al mar sino también sofisticadas mansiones donde residen todo el año, aunque trabajen en Comodoro. Muchas son casas de estilo mediterráneo sobre una coqueta avenida costanera, donde se pueden ver excentricidades como un palacio árabe al estilo de las Mil y Una Noches.

El lugar más impactante de Rada Tilly es la llamada Punta Marqués, una reserva natural costera ubicada en una saliente de la meseta patagónica que rompe en un gran acantilado de 167 metros sobre el mar. Al caminar por esa punta del terreno se avanza sobre un banco geológico de 20 millones de años lleno de conchas petrificadas muy grandes y pesadas, conocidas como “ostrea patagónica”.

La explicación geomorfológica de que en Punta Marqués la costa se levante en farallones sobre el nivel del mar –igual que gran parte de la zona costera de Santa Cruz– es que al surgir la cordillera de los Andes, semejante peso hundió el terreno de la meseta patagónica, elevando su extremo opuesto sobre la costa.

Al pararse junto a la baranda del extremo más occidental de la Punta Marqués uno tiene la sensación de estar en la popa de un trasatlántico que avanza raudo sobre las olas de un mar increíblemente turquesa, como el mismo Caribe. Y abajo, en unos islotes que aparecen y desaparecen según las mareas, hay un apostadero de lobos marinos de un pelo, cuya población oscila entre los 400 y 1500 ejemplares, la mayoría de los cuales habitan en el lugar entre octubre y diciembre.

Museos y carrovelismo

La otra utilización original del viento –en este caso deportiva– en Rada Tilly es con el carrovela, un vehículo con dos ruedas traseras de auto, una delantera de motoneta, dos bastidores de acero con fuselaje y un mástil de aluminio, que se mueve por la acción del viento sobre una vela. Y el lugar elegido para la práctica de este deporte es la extensa playa de la ciudad –sobre la arena dura durante la bajamar–, uno de los mejores lugares que existen en el país para este silencioso deporte que alcanza altas velocidades, donde se realizan también competencias internacionales.

En Rada Tilly hay además un Museo Regional muy didáctico que introduce, por un lado, en la cultura de los primeros habitantes de la Patagonia, llegados desde el norte del continente alrededor de 13 mil años atrás. De aquellos pueblos originarios se exhiben instrumentos de caza como boleadoras, puntas de lanza y flechas. También se puede ver una reproducción de la Cueva de los Felinos –ubicada en la meseta central de Santa Cruz–, donde hay pinturas rupestres de felinos, las únicas encontradas en toda la Patagonia.

En la sala de paleontología se explican las diferentes eras geológicas y la fauna de cada una. Y, por último, hay una sala dedicada a los ecosistemas marinos y terrestres, donde se exhiben especies embalsamadas de la Patagonia, como choiques, maras, hurones, piches (peludos), zorros, lobos de mar, pingüinos y focas.

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Competencias internacionales de carrovelismo en la playa de Rada Tilly.
Imagen: Julian Varsavsky
 
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