turismo

Domingo, 28 de octubre de 2007

MEXICO > EN LA PENINSULA DE YUCATAN

Un día en Tulum

En el corazón de la Riviera Maya, las ruinas de Tulum tienen una privilegiada ubicación sobre el mar. Visita a uno de los más bellos testimonios de la cultura maya, sobre las playas del Caribe mexicano.

 Por Graciela Cutuli

Una ciudad amurallada junto al mar, cuyo nombre tiene ecos de misterio, se levanta en uno de los más bellos parajes del Caribe mexicano. Allí donde la arena blanca reverbera bajo un sol intenso, los mayas eligieron fundar, sobre un risco que desafía las aguas, una ciudad-fortaleza, protegida en tres lados por muros de piedra, y en el cuarto simplemente defendida por el mar. Tulum, situada unos 130 kilómetros al sur de Cancún, la gran capital turística de la región, fue levantada por los indígenas entre los siglos XII y XVI, lo que los historiadores conocen como el período “posclásico tardío” de la cultura maya, inmediatamente anterior a la conquista española.

En sus comienzos, Tulum integraba junto con el sitio de Tankah, a poca distancia, todo un complejo llamado Zamá-Xamanzamá, y probablemente era su sector ceremonial. Hoy sus verdaderas funciones están rodeadas de misterio, pero no es difícil adivinar que fue un lugar de difícil acceso y altamente defendido, que hasta las primeras décadas del siglo XX fue para los mayas un auténtico santuario. Su ubicación privilegiada, a poca distancia de los grandes resorts de la Riviera Maya, el buen estado de conservación de las construcciones y la belleza del emplazamiento hacen de Tulum uno de los mejores lugares para acercarse a los testimonios de la compleja cultura que dominó Yucatán durante siglos, que tuvo escritura, notación numeral y calendario, y se resistió a desaparecer ante el brutal avance conquistador sobre las tierras que habían sido su paraíso.

Tulum está emplazado en la cima de un acantilado, sobre el turquesa perfecto del Caribe.

Visita a Tulum

Las visitas pueden empezar en Cancún o en cualquier otro punto de la Riviera Maya (Playa del Carmen, Puerto Aventuras y otras localidades), pero como en cualquier lugar de esta franja de costa, conviene que sea temprano. Sobre todo si se trata del verano boreal, que en el Caribe mexicano sube las temperaturas por encima de los 35 grados, y obliga a moverse siempre bajo el resguardo de un sombrero y agua en mano. Si se toma una excursión, sus organizadores conocerán los horarios de apertura del complejo de Tulum, pero si se viaja por cuenta propia es mejor asegurarse previamente a qué hora conviene llegar, para evitar esperas bajo el sol (y si se va en taxi, ya que es el lugar es accesible desde los hoteles de la región, es conveniente combinar con el chofer una hora para el regreso, ya que no siempre se encuentran vehículos para volver). A diferencia de Chichén Itzá, la entrada real a Tulum está lejos del lugar donde se estacionan automóviles y ómnibus: por lo tanto, conviene sacar la entrada pero también el pasaje de tren que recorre los 800 metros que separan este sector de acceso de las ruinas propiamente dichas (otra precaución es llevar agua, que no se vende adentro).

Una antigua litografía, realizada a mediados del siglo XIX por el artista Frederick Catherwood, que había acompañado la arriesgada expedición del explorador John Lloyd Stephens por una región por entonces casi inaccesible y peligrosa de la costa mexicana, muestra los monumentos de Tulum invadidos por la selva: un siglo y medio después el panorama cambió, y el avance verde fue limitado para facilitar el ingreso turístico, pero las construcciones siguen prácticamente intactas al borde de un mar de cristalina belleza. Tal vez Chichén Itzá, que está estrenando su reciente categoría de nueva Maravilla del Mundo, sea más monumental: pero es difícil encontrar una ubicación más espectacular que la de Tulum, avistado por primera vez en 1518, y protegido por el Caribe y la selva durante siglos. Su nombre significa justamente “cercado, trinchera o muralla”, y se cree que dentro de la parte más protegida, de carácter administrativo y ceremonial, vivieron las clases más privilegiadas del pueblo maya, la nobleza encargada del gobierno, la guerra y el gran comercio. Justamente con estos fines se usaban las playas cercanas al complejo monumental, ideales para cargar y descargar las largas canoas donde se transportaban, desde el Golfo de México hasta el Golfo de Honduras, mercaderías tan variadas como tabaco, obsidiana, cuarzo, metales y carnes. Las piedras favoritas de los mayas se siguen luciendo hoy día en la infinidad de tortugas, iguanas y otros animales de obsidiana, alabastro, abulón o malaquita que se ofrecen a los turistas a lo largo de todo el recorrido, junto con réplicas del calendario maya, de las construcciones de Tulum y otros recuerdos que apenas si evocan, en su pequeñez, la grandeza arquitectónica y cultural de este asentamiento maya.

La ciudadela, ubicada a unos 130 kilómetros de Cancún, atrae a miles de turistas. Fotos de Graciela Cutuli

La ciudadela maya

El edificio más alto e importante de Tulum es el conocido como El Castillo, que se levanta con sus doce metros de altura en la cima de un acantilado vertical sobre el mar. Construido en varias etapas, sobre una imponente escalinata, está coronado por un templo, al que se accede por un pórtico de columnas esculpidas con la forma de serpientes. Aquí, como en otros lugares, se puede apreciar que las piedras que hoy se ven grises tuvieron en otros tiempos una rica policromía, borrada por el paso del tiempo y la acción del viento y la lluvia. El Castillo está rodeado por templos, casas y monumentos, que se extienden sucesivamente tierra adentro hasta el actual ingreso al complejo arqueológico. Entre ellos, el Templo del Mar, el Templo del Viento, la Casa del Noroeste, varios adoratorios, el Templo del Dios Descendente y la Casa del Cenote, levantada sobre una de las típicas cavidades donde se acumula el agua de lluvia que se filtra desde la superficie, muy frecuentes de esta región de la costa mexicana. Varios cenotes se visitan en las cercanías de Tulum y en los caminos que recorren la Riviera Maya hasta llegar a Chichén Itzá: es bastante popular entre los visitantes arrojarse a sus aguas para nadar, ya que les sobra profundidad y resultan una pausa refrescante en el tórrido verano caribeño.

La recorrida de Tulum permite apreciar la habilidad con que sus arquitectos aprovecharon las características naturales del terreno para levantar las distintas construcciones, y también hacer conjeturas sobre la finalidad real que pudo haber tenido cada una de ellas, desde los probables adoratorios hasta los palacios, cuyas esbeltas columnas recuerdan la elegancia de los templos construidos siglos antes en Europa por los griegos. De todos modos, antes de concluir la visita cabe recordar que además de la parte que se abre y recorre habitualmente, es decir el sector amurallado, el antiguo asentamiento de Tulum se extendía a lo largo de unos seis kilómetros de costa: es posible imaginarlo mejor en toda su amplitud recordando las palabras de Juan Díaz, el español que primero mencionó la existencia de este lugar, en 1518: “Corrimos el día y la noche por esta costa, y al día siguiente, cerca de ponerse el sol, vimos muy lejos un pueblo o aldea tan grande, que la ciudad de Sevilla no podría parecer mayor ni mejor, y se veía en él una torre muy grande”. No es de extrañar entonces el asombro y la admiración de los recién llegados, ante la grandeza del nuevo mundo. Un asombro y una admiración que encuentran eco, cinco siglos después, en los visitantes que cruzan las murallas de Tulum y descubren en su interior uno de los más bellos secretos de la Riviera Maya.

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