turismo

Domingo, 15 de febrero de 2009

TOKIO > VISITA A LA CAPITAL NIPONA

Tradición y vanguardia

El contraste entre la rabiosa modernidad y la tradición, entre la vanguardia y las costumbres más ancestrales, se dan la mano de forma asombrosamente natural en esta ciudad que parece no tener fin. Un recorrido por los barrios de Tokio, paradigma del cosmopolitismo.

 Por Maribel Herruzo

El cine moldea el imaginario que poseemos de las ciudades antes de conocerlas, y en el caso de Tokio dos películas han contribuido a una imagen de megalópolis donde la gente puede llegar a sentirse muy sola. Perdidos en Tokio, de Sofia Coppola, y el capítulo de Babel, de González Iñárritu, nos muestran una ciudad que lo posee todo, que está en la última, que avanza por los terrenos más avezados de la modernidad, con jóvenes creadores de modas callejeras y estrafalarias caminando junto a sus tradicionales progenitores... Un lugar que en su inmensidad nos hace sentir un poco perdidos. Sin embargo, la otra cara es la de una ciudad que puede llegar a robar el alma. Aunque en realidad Tokio no sea una sino muchas ciudades, cada una con su propia idiosincrasia, unidas por los rieles de la línea de tren Yamanote.

SHITAMACHI, LA “CIUDAD BAJA” Edo es la antigua denominación de Tokio, y ahora este espacio situado entre el río Sumida y las estaciones de Tabata y Shinagawa de la línea Yamanote se denomina Shitamachi, literalmente “ciudad baja”. No hay apenas vestigios de la vieja capital, que ha padecido numerosas catástrofes a lo largo de su historia, como el terremoto de 1923 y los bombardeos de la II Guerra Mundial. Sin embargo, algunos de los barrios-ciudad más interesantes se encuentran en esta zona, al este de la ciudad, como Ueno, cuyo parque (el más importante de la capital nipona) alberga algunos de los museos más interesantes de Tokio, el mercadillo permanente de Ameyoko o el primer zoológico de Japón, así como templos y pagodas de otros tiempos.

En el barrio de Asakusa se encuentra el templo de Sensoji, el más antiguo de la ciudad, cuyos alrededores guardan el sabor del viejo Edo a través de sus callejuelas. De especial interés es la visita al Museo de Edo, donde se refleja la evolución de la capital nipona.

Y como colofón, el deporte de los elegidos, el sumo, el deporte nacional japonés, aunque en realidad sea algo más que un simple deporte. En Tokio se celebran tres torneos anuales, en enero, mayo y septiembre, de quince días de duración, pero si no es temporada siempre se puede preguntar si es posible visitar un “heya”, el lugar donde viven y se entrenan los luchadores. La zona por excelencia del sumo está en Ryogoku, cerca del río Sumida.

DE BARRIO EN BARRIO En Tokio, la mezcla de modernidad y tradición se da como en ninguna otra parte. Por ello es imprescindible visitar zonas como Harajuku, donde se encuentra el parque Yoyogi y el santuario Meiji Jinjer (el templo sintoísta más importante de la ciudad) en el mismo sitio en el que proliferan las tiendas de moda y se reúnen los jóvenes con los atuendos más estrafalarios.

Ginza es el lugar de visita ineludible para quienes sigan el pulso de la moda, pues aquí se dan cita todas las grandes firmas en edificios futuristas de los más importantes arquitectos contemporáneos. Shibuya es una de las zonas más animadas de tiendas, bares y restaurantes, compitiendo con Roppongi, el lugar de copas internacional por excelencia. Shiodome es uno de los nuevos desarrollos urbanos de Tokio y desde él se puede llegar, con el tren que cruza el barrio y la bahía, a Odaiba. La bahía de Tokio ofrece un panorama espectacular de día y de noche, y cualquier rascacielos de Odaiba puede servir de mirador para contemplar la puesta de sol sobre la metrópolis.

KABUKI Y CEREZOS EN FLOR Hay varios acontecimientos que no debemos perdernos si visitamos Tokio, sobre todo si lo hacemos en primavera. Abril es un mes especialmente indicado para visitar Japón, pues se celebra el Hanami, la floración de los cerezos, motivo de fiesta para los nipones. En Tokio, estas delicadas y efímeras flores pueden verse en los parques de Ueno, Shinjuku y Sumida (que puede recorrerse en barco), el cementerio de Aoyama y los jardines adyacentes al Palacio Imperial.

Otro evento imprescindible de la cultura nipona es el Kabuki, nombre que recibe el teatro tradicional japonés, cuyo origen se remonta a los tiempos de Edo y basa sus historias en eventos de esa época lejana. El lenguaje que se usa en las representaciones es japonés antiguo y la forma de declamar y el uso de instrumentos tradicionales acentúa el sabor ancestral de la obra. Actores masculinos interpretan todos los personajes.

EL ARTE DE CUIDARSE Los japoneses, fieles a la imagen de modernidad y tradición que proyectan, también son expertos en combinar sabiamente los dos tipos de gastronomía: Washoku, la de los sabores tradicionales, sabores naturales y frescura en los ingredientes como elementos indispensables; y Yoshoku, la adaptación de platos internacionales al gusto local. No todo es pescado crudo y tempura. Si nos gusta probar los sabores de los lugares que visitamos, nada mejor que adentrarse en un izakaya (bar japonés) a beber sake, la bebida japonesa por excelencia. También podemos pedirla en un restaurante o en un local de degustación, y comprobar que existen dos tipos fundamentales: el tradicional (Junmai), producido sin alcohol, y el posterior a la II Guerra Mundial, con alcohol añadido.

Para los viajeros más exquisitos, el Ryokan es un hotel tradicional japonés, donde se duerme sobre futón y tatami, en habitaciones que pueden ser compartidas. Normalmente, en todos los ryokan hay un onsen, baños comunales de aguas termales procedentes del subsuelo volcánico de la isla. Los rotenburo son onsen situados al aire libre, y es toda una experiencia sumergirse en ellos en invierno, rodeados de un paisaje nevado.

Y para redondear la experiencia no hay que dejar de visitar un parque japonés. Verdaderas creaciones artísticas, los jardines japoneses combinan con ejemplar maestría los elementos que ofrece la naturaleza: agua, rocas, plantas... Son jardines que invitan a la relajación y al paso lento. La tradición se remonta al siglo VI, introducida por los chinos y adoptada por la nobleza japonesa.

EL MERCADO DE PESCADO

Una visita a Tokio no sería completa sin visitar Tsukiji, el mayor mercado de pescado del mundo, muy por delante del de París o Nueva York. Hay que darse un madrugón si se quiere asistir a las famosas subastas de atunes, pero incluso si se llega más tarde se podrá contemplar cómo se compran y venden más de 400 especies de pescados, mariscos y otros animales procedentes del mar. La mañana, que habrá empezado temprano, mejorará desayunando en alguno de los restaurantes del mismo mercado. La frescura está garantizada.

DATOS UTILES

Dónde alojarse: Ryokan Sadachiyo (www.sadachiyo.com.jp). Otras opciones de alojamiento son los hoteles de estilo occidental y los destinados a ejecutivos, y los shukubo o alojamiento en templos. Entre las opciones más económicas están los hoteles cápsula, los minshuku (hostales) y los albergues juveniles.

Más información: Oficina de turismo de Tokio: www.tourism.metro.tokyo.jp/spanish - www.jnto.go.jp

Informe: J. Varsavsky

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En el barrio de Asakusa se encuentra el antiguo templo de Sensoji.

La otra cara. Modernidad y cosmopolitismo en una de las capitales más densamente pobladas del mundo.
 
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