turismo

Domingo, 24 de mayo de 2009

RIO DE JANEIRO EN EL BARRIO DE SANTA TERESA

Santa bohemia carioca

Un recorrido en “bondinho”, el antiguo tranvía que traquetea por las cuestas empedradas de Santa Teresa, el barrio bohemio de Río. Músicos, actores, escritores, artistas plásticos y circenses, fotógrafos, cineastas y artesanos llegan de todas partes de Brasil y del mundo y se instalan aquí, en el morro carioca donde se respira y transpira el arte.

 Por Guido Piotrkowski

Fotos: Gentileza Embajada de Brasil

Las callecitas de Santa Teresa tienen ese no sé qué... La letra del tango baila el samba en este bucólico barrio de cuestas adoquinadas y antiguos caserones donde crecen frondosos jardines tropicales. Ubicado en un cerro con privilegiadas vistas de la “cidade maravilhosa”, poblado de atractivos bares y estremecido por el paso de un antiguo tranvía –el viejo y querido “bondinho”–, este barrio parece ser casi perfecto para una vida bohemia a pasitos nomás del centro de Río de Janeiro, pero bien alejada del mundanal ruido y el caótico tránsito carioca.

Primera parada, el bondinho

La mejor manera de recorrer Santa Teresa, sobre todo por primera vez, es a bordo del simpático “bondinho” –o “bondi” en su afectuoso diminutivo–, especie de patrimonio cultural y todo un símbolo del barrio. El tranvía, de un furioso amarillo Brasil y asientos de madera, tiene dos recorridos y ambos salen de la estación central en el vecino barrio de Lapa.

El paseo es toda una aventura desde el inicio mismo. No bien se pone en marcha el ruidoso motor y suena la campana de largada, el “bondi”, balancéandose hacia un lado y otro, avanza a toda máquina sobre los “Arcos da Lapa”, un antiguo acueducto que hoy funciona como puente para el paso del tranvía hacia el morro de Santa Teresa. El vértigo entra en juego mientras se ven pasar autos y peatones debajo de las arcadas, a varios metros sobre el asfalto. Los turistas que no están acostumbrados al peculiar trayecto viajan atónitos, agarrados a los barrotes y asientos; sus rostros pasan rápidamente de una sonrisa placentera a una sonrisa nerviosa durante los pocos minutos que dura el cruce.

El Largo dos Guimaraes, punto neurálgico y de encuentro barrial, donde hay una antigua panadería que hace de minimercado, un puesto de diarios, un par de negocios de artesanías y varios bares y restaurantes, es el sitio donde cada tranvía toma su ruta, tal como lo indica el cartelito en el frente del vagón. Un bondi sigue hasta el pintoresco Largo das Neves y el otro asciende hasta la puerta de entrada del morro Dois Irmaos, recorrido que pasa por las mejores panorámicas del lugar. Como ambas opciones resultan muy atractivas, vale la pena hacer un trayecto, a la vuelta bajarse en el Largo dos Guimaraes y esperar para tomar el siguiente hacia el otro destino.

Los “motoristas” que conducen a todo vapor por las estrechas y empedradas callejuelas hacen las veces de guía de turismo y se detienen, sobre todo cuando hay muchos visitantes, en los principales puntos de atracción. Muchos santateresinos prefieren ir de pie sobre un pequeño escalón de madera ubicado al costado del tranvía, ya que de esta manera se ahorran el pasaje, que dicho sea de paso, es muy económico. Es muy divertido ver cómo los expertos moradores abordan de un salto el bondinho mientras pasa a toda velocidad, para luego lanzarse a la calle en cualquier otro punto del recorrido donde no tenga parada. Ir a Santa Teresa y no viajar en el bondi es casi un pecado.

Arte, bares y fondas

Tal vez, la mejor descripción de este rincón carioca le pertenezca a “Trimano”, como todos lo conocen por aquí, un dibujante argentino y viejo morador del barrio. “Santa Teresa tiene las características de las ciudades del interior en pleno centro de Río. Es otro ritmo, más lento, más pausado, más natural que en los barrios céntricos. Y es un sitio ideal para trabajar con el arte o cualquier actividad ligada al pensamiento porque ofrece la calma necesaria para eso. Hay lugares que te dan la impresión de estar en el campo”, revela este talentoso artista gráfico que lleva viviendo aquí unos treinta años, más precisamente en la zona del Largo das Neves, una pequeña plaza circular donde tiene su última parada uno de los recorridos del bondi antes de pegar la vuelta. Alrededor, hay una iglesia y un par de bares ideales para picar algo con una cerveza helada.

El edificio de departamentos conocido como “El Castillo” sobresale en el morro de Santa Teresa.

Al igual que Trimano, muchos otros artistas eligen “Santa” –como cariñosamente le dicen al barrio– para fijar su residencia en la ciudad. Músicos, actores, escritores, artistas plásticos y circenses, fotógrafos, cineastas y artesanos llegan de todas partes de Brasil y del mundo y se instalan aquí atraídos por ese aura mágica que rodea a Santa Teresa. Hay quienes pasan sólo una temporada, y hay quienes se quedan, como Trimano, para siempre.

Ignacio Aldunate o “Nacho”, actor “chileno-brasileño”, no sabe aún si se quedará para siempre pese a que lleva más de seis años subiendo y bajando las empinadas escalinatas y callejuelas del barrio. “No es un lugar de paso para ningún otro lado, sólo está en el barrio quien va o viene de él. Eso ayuda a que sea un sitio tranquilo, donde las personas se conocen y se saludan.” La bohemia es la forma de vida por excelencia de “Santa”: se respira y transpira arte, la gente es amigable y relajada, y por momentos pareciera que uno no está en una gran ciudad. Nacho ensaya una explicación: “Tal vez porque es inspirador, tal vez simplemente porque los artistas buscan este tipo de lugares para crear, o este tipo de estética a su alrededor. Es así como uno acaba llamando a otros. Y la vida nocturna del barrio ayuda”, confiesa.

Los grafittis acentúan el colorido tropical en las paredes de Santa Teresa. Imagen: Embajada de Brasil. Ana Schlimovich

Y vaya si ayuda. Restós, bares o “botequines”, aglutinados en el Largo dos Guimaraes, no faltan a la hora de una buena cerveza, una cachaça artesanal o una buena comida: desde una suculenta feijoada en el Bar do Mineiro –especialista en comida de Minas Gerais–, pasando por los pescados y la comida bahiana en Sobrenatural hasta un exquisito sushi en Sansushi.

Luego, todo puede ocurrir en medio de una rueda de samba, animada por músicos del lugar que sentados alrededor de una mesa interpretan un sinfín de temas del cancionero popular brasileño, en bares como el Simplesmente, el Bar do Gomes o Santa Saidera. Sana envidia da ver cómo saben tocar algún instrumento, y si no lo saben o no lo tienen, cantan e improvisan la percusión con lo que haya a mano. El ritmo se lleva a flor de piel.

Tal como dice “Maider”, artista circense oriunda del País Vasco: “Santa Teresa es intenso, interesante, inesperado. Hay lugares bohemios por naturaleza; éste es uno de ellos”.

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Balancéandose de un lado al otro, el “bondinho” cruza raudo los Arcos de Lapa.
Imagen: Embajada de Brasil. RC&VB. Erick Pinto
 
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