turismo

Domingo, 16 de agosto de 2009

BARILOCHE > LOS CERROS CATEDRAL Y OTTO

Entre la nieve y el cielo

Los mantos de nieve que cubren las montañas invitan a disfrutar de los espectaculares paisajes invernales. En los cerros Otto y Catedral, excursiones en parapente y motos de nieve, lanzamientos en trineos, caminatas con raquetas y esquí alpino desde Bariloche.

Más tarde que en otras temporadas, la nieve llegó esta semana a Bariloche con copiosas nevadas que cubren las pistas desde la base a la cima del cerro Catedral. La gripe A retrasó por su parte a los estudiantes que, ahora sí, animan la ciudad con su fiesta permanente en cada rincón y cada calle. Los que siguen sin animársele a su querida “Brasiloche” son los brasileños, quienes han llegado en un 70 por ciento menos que el año pasado (unos 15 mil).

A continuación, un informe con diferentes alternativas, tanto para los esquiadores clásicos como para los “tirabolas”, llamados así porque no hacen deportes exigentes pero disfrutan de la nieve con vuelos en parapente sobre los cerros nevados, caminatas con raquetas sobre la nieve y divertidos lanzamientos en culipatín en el cerro Otto.

CERRO PANORAMICO Desde la confitería del Complejo Teleférico Cerro Otto –a 5 km del centro de Bariloche– la vista panorámica no podría ser más completa. No sólo porque tiene 360 grados de ventanales, sino porque también es giratoria. Tras los vidrios se ve pasar el paisaje como desde una calesita: el brazo Blest del lago Nahuel Huapi, la cordillera andina a pleno con los cerros Tronador, Catedral y López; las islas Victoria, Huemul y Gallina, y los lagos Gutiérrez y Moreno. Con un chocolate caliente de por medio y la nieve impregnando hasta la última ramita de la copa de los árboles sin hojas, desde la mesa el mundo “yira y yira”, con rotaciones completas cada 20 minutos.

Al llegar al complejo, todos se sorprenden ante algo inesperado en esas alturas: las réplicas perfectas y tamaño natural de las tres obras cumbre de la escultura de Miguel Angel Buonnaroti: La Pietà, el David y el Moisés.

Afuera de la confitería hace frío y el calorcito interior invita simplemente a la contemplación del paisaje. Pero 800 metros más abajo, grandes y chicos están listos para subir al funicular que llega a la cumbre del cerro. Traen un pequeño trineo a cuestas para tirarse a toda velocidad, bajo la mirada atenta del equipo de patrulleros de las tres pistas de trineos con diferentes grados de complejidad.

En el cerro Otto también se pueden hacer caminatas con raquetas para nieve por el bosque silencioso, en compañía de un guía experto. Sin embargo, la diversión máxima –con la cual no pueden competir las tecnologías ni juego alguno–, es modelar un muñeco de nieve que, a la hora de irse, todos los chicos se quieren llevar.

Sobre la ladera sur del cerro Otto hay un segundo complejo invernal llamado Piedras Blancas, ideal para quienes vayan con chicos o quieran tener un primer acercamiento a los deportes sobre la nieve. Hay una escuelita de esquí y snowboard, un refugio donde tomar un chocolate caliente con deliciosas tortas, y 2500 metros de pistas exclusivas para trineos, una diversión que no tiene mayor ciencia que sentarse cómodo, agarrarse bien y dejarse llevar por la pendiente.

Unos metros más adelante de Piedras Blancas está el Centro de Esquí Nórdico, con 10 kilómetros de pistas pisadas especialmente para deslizarse por terrenos casi planos, al impulso del propio esquiador y no por la fuerza de gravedad. Es, por lo tanto, una actividad sencilla y nada peligrosa, que se suele aprender en unos 20 minutos de clase.

GANAR EL CIELO Las vistas más espectaculares que se obtienen del paisaje invernal de Bariloche son volando en parapente. Las plataformas de lanzamiento que más se usan están en los cerros Otto y Catedral, que ofrecen panoramas muy similares.

Los vuelos para turistas se hacen en parapentes biplaza que pueden subir hasta los 3000 metros sobre el nivel del suelo. Las alturas máximas se alcanzan en verano, mientras que en el invierno lo común es planear desde la altura de la plataforma hacia abajo, ya que no hay corrientes térmicas. El despegue suele resultar algo aparatoso. En el primer intento se trata de avanzar sobre el abismo con el paracaídas inflado, pero el viento empuja hacia atrás con toda su fuerza. Después de varios intentos se doblegan las ráfagas y al llegar al borde del precipicio se siente un tirón hacia arriba. Y repentinamente uno ya está volando, como colgado del cielo sobre una hamaca que se mece suavemente sobre un abismo. Al principio el instructor estudia todos los vericuetos invisibles que pueblan el vacío (térmicas, dinámicas, vientos sonda...). Nadie puede negar que la experiencia despierta cierto temor, sobre todo si pensamos que nuestras vidas penden de unos hilos muy finos, aunque resistentes. Pero la tensión comienza a ceder cuando se descubre que el vuelo es muy distendido y a poca velocidad. La sensación no es tanto la de volar como un pájaro, sino más bien la de estar flotando entre las montañas, liberados de la fuerza de gravedad sobre paisajes espectaculares.

Durante los vuelos se ven los lagos Nahuel Huapi, Moreno, Mascardi y Gutiérrez, y los cerros Catedral, López y Tronador. Y en un día óptimo –con buenas térmicas– se llega a ver el volcán Osorno de Chile. Pero lo más significativo es poder observar la transición que se da en los alrededores de Bariloche entre la estepa y el bosque andino-patagónico. En un día de suerte la atención estará centrada en alguna pareja de cóndores que miran con curiosidad al gigantesco y colorido parapente, con el cual pueden llegar a compartir la misma corriente térmica. A veces los cóndores vuelan a pocos metros por encima de la vela, mientras van desde la estepa, donde buscan carroña, a la cordillera, donde anidan.

CATEDRAL BLANCA El centro de esquí Cerro Catedral es para muchos “La Meca” de los deportes invernales en Latinoamérica. Tiene 120 kilómetros de pistas con vista panorámica al lago Nahuel Huapi, y a pesar de ser el centro de esquí más antiguo del país, es al mismo tiempo uno de los más avanzados en tecnología. Entre esas sofisticaciones hay una aerosilla séxtuple muy veloz que, a la mitad del cerro, empalma con otra silla cuádruple, colocando a los esquiadores en la cima de la montaña en pocos minutos. Así se alcanza el punto más alto del cerro –2180 metros– donde hay unos panoramas increíbles de los lagos Nahuel Huapi y el Gutiérrez.

Cerro Catedral cuenta con 600 hectáreas esquiables, 40 medios de elevación con una capacidad de arrastre de 36.000 esquiadores por hora, 21 paradores gastronómicos y una base transformada en una especie de “mini ciudad hotelera” con capacidad para 5000 huéspedes. Además tiene una escuela de esquí y snowboard con más de 500 instructores.

La variedad de pistas de cerro Catedral fue pensada para los diferentes niveles de esquí. Los principiantes, luego de hacer sus primeras armas en la base, pueden optar por las zonas de aprendizaje ubicadas en la plataforma 1200, en el sector de La Hoyita, en Amancay o en la cota 1600. Los esquiadores de nivel intermedio estarán a gusto en el sector central de la montaña, desde la pista El Filo –que recorre casi toda la cumbre– hasta las pistas Nubes, Ñires, Centro y Lynch. Para los que ya se manejan en la nieve como “pez en el agua” y buscan desafíos, la mayor dificultad está en las pistas La Garganta, Topa Topa, La Directa y el extremo norte de El Filo.

Una de las alternativas más curiosas en Cerro Catedral –ideales para quienes no esquían–, es un paseo en moto de nieve o snowcat, cómodos trineos motorizados que avanzan con un sistema de orugas y adelante tienen dos esquíes como base de apoyo. Son muy potentes y pueden alcanzar los 100 km/h en 4 segundos, o subir una empinadísima ladera sin mayores problemas. Inicialmente se utilizaron en los centros de esquí como elemento de trabajo y de rescate, pero ahora se usan también para paseos turísticos. Una de las excursiones posibles con moto de nieve parte desde la base del Catedral para subir, primero en unos cuatriciclos, la parte baja del cerro por un camino de nieve a un costado de las pistas. Se sale en caravana con un guía al frente y, tras una breve explicación sobre el manejo, cada cual sale conduciendo su propio vehículo. La técnica es muy sencilla, como manejar un auto automático antes que una moto, ya que no hay cambios ni hace falta hacer equilibrio.

El sendero inicial es el que lleva hacia el Refugio Frey, emblemático reducto de montaña del Club Andino, entre los picos de granito del Catedral. Pero la senda se desvía hacia adentro del bosque, atravesando pequeños cauces de agua. A un costado hay grandes árboles centenarios y cañas colihue, y al rato ya se cambia de vehículo para seguir el recorrido con las motos de nieve. La excursión dura 50 minutos y sube hasta los 1400 metros donde hay un mirador. El precio es de $ 450 por hora (pueden ir dos personas y turnarse para conducir).

Con la combinación de snowcats y cuatriciclos se puede subir en la noche al cerro Catedral para cenar en La Cueva, un refugio ubicado a los 1400 metros de altura, donde se ofrece un sofisticado menú que incluye tabla de ahumados, sopa de calabaza, cordero o lomo con vegetales asados y tres minipostres como tarta de frutos finos, mousse de chocolate y crumbel de manzana. La Cueva tiene capacidad para 17 personas y la comida se prepara en una cocina económica de las antiguas. Se recomienda reservar con varios días de antelación. El precio es de $ 680 por persona e incluye vino y cerveza libres. Tel.: 02944-460485 e-mail: [email protected]

DATOS UTILES

–La empresa de micros Vía Bariloche tiene varias frecuencias diarias a Neuquén Capital desde Buenos Aires, desde $ 245 (ida). www.viabariloche.com.ar

–El Complejo Teleférico Cerro Otto queda a 5 kilómetros del centro de Bariloche, en el cruce de la Avenida de los Pioneros y Sara Furman. El complejo dispone de vehículos propios que trasladan a los pasajeros en forma gratuita desde y hacia el centro de la ciudad. Más información en www.telefericobariloche.com.ar

–Excursiones: los vuelos en parapente cuestan $ 250. Si se vuela en el cerro Otto, el traslado desde el hotel cuesta $ 30 y si se vuela en cerro Catedral hay que pagar el pase de peatón ($ 45) y se sube con las telesillas. El guía es Federico de la Mano Tel.: 02944 15413715 e-mail: [email protected]

–En la confitería giratoria del cerro Otto hay un restaurante que ofrece goulash con spatzle austrohúngaro, picadas regionales con carnes ahumadas de ciervo, jabalí, trucha y salmón, quesos, patés, pickles con panes artesanales, platos de trucha, tortas con frutos de la zona, tazas de té y chocolate caliente.

En Cerro Catedral se puede comer en el restaurante La Roca, ubicado donde termina la telecabina Amancay. Además de disfrutar de espectaculares panorámicas, se pueden saborear platos típicos de montaña como guiso de lentejas y/o goulash.

–Más información: Tel.: 02944 409000 www.catedralaltapatagonia.com

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Los chicos se tiran en picada sobre un culipatín por la nieve del cerro Otto.

Desde el cerro Otto se hacen espectaculares vuelos en parapente sobre las cumbres nevadas.
 
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