turismo

Domingo, 20 de diciembre de 2009

CARIBE > ISLAS VIRGENES

Diosas de mar

Las Islas Vírgenes Británicas son un emblema de la belleza y exuberancia del Caribe oriental. Bahías, morros y palmeras en un archipiélago formado por cuatro islas centrales, islotes y peñascos que emergen de un mar cristalino.

 Por Pablo Donadio

Podrían ser el escenario de la serie Lost, de La laguna azul o de cualquier película que transcurra en un paisaje paradisíaco y asombrosamente bello. Las Islas Vírgenes Británicas, en el Caribe oriental, son una invitación a la más pura naturaleza, con un clima siempre propicio para las actividades al aire libre, aguas cristalinas y arenas blanquísimas. A menos de 100 kilómetros de Puerto Rico, este archipiélago formado por decenas de peñascos, morros e islotes mayores dibuja un óvalo enhebrado en el océano, y si bien las cuatro islas centrales –Tortola, Virgin Gorda, Jost Van Dyke y Anegada– son las más desarrolladas para los visitantes, cada uno de sus rincones invita a una indescriptible sensación de sueño-realidad.

TODO PARA DESCUBRIR Las Islas Vírgenes están consideradas como la “capital caribeña del deporte a vela”, uno de los motivos que impulsan la visita de más de 400.000 turistas al año, además del snorkeling y el buceo. Aunque las cifras impresionan –más de 1000 habitaciones de hotel, 700 yates disponibles para navegar y dormir, 200 villas y pequeños hoteles, más de 200 bares y restaurantes, decenas de lugares de entretenimiento– predomina una imagen de desolación, tranquilidad y silencio, gracias a la ausencia de torres, casinos o multitudes.

Místicas e inspiradoras de grandes leyendas de aventureros y románticos, sus verdes colinas de caoba y cactus son miradores privilegiados hacia los acantilados, ruinas, arrecifes coralinos y otros santuarios de vida salvaje donde descansan varias especies en extinción. Este compromiso por la preservación instaló a Jean Michel Cousteau, respetado ambientalista e hijo del legendario explorador oceánico Jacques Cousteau, como vocero ambiental de las islas, para crear conciencia del cuidado de uno de los pulmones ambientales más singulares del mundo. También la Asociación Nacional de Parques, establecida ya en 1961, preserva este patrimonio a través de 20 parques nacionales que cubren 736 hectáreas, entre tierra firme y mar.

Casi una pintura: palmeras, arena blanca y embarcaciones para andar por las olas.

Gran parte de los 21.000 habitantes viven en Tortola, y luego en Virgen Gorda, Jost Van Dyke y Anegada. Pero para muestra de su estado natural basta mencionar que en esta última isla la población de cabras salvajes, burros y ganado sobrepasa a los humanos en una relación de 10 a 1. Casi el 90% de los isleños es de raza negra, pero hay una buena representación de otros grupos étnicos, entre blancos, chinos, indígenas, portugueses y árabes. Desde luego, el inglés es el idioma predominante, aunque el español es también oficial, debido a la cercanía con San Juan de Puerto Rico, su fuente mayor de visitantes.

LAS CUATRO FANTASTICAS Tortola es la columna vertebral del canal mayor que reagrupa la escena isleña desde el aire. Los botes de vela y de motor, que se pueden contratar en los distintos paradores, reinan en un radio de 80 millas náuticas y se disputan la escena con el surf, especialmente hacia el norte de Apple y Josiah’s Bay, con muy buenas olas. La isla también se destaca gracias a su extenso bosque, semejante a la mata atlántica brasileña. Y si el complejo Soper Hole es tal vez el mayor atractivo para la actividad deportiva y comercial, Cane Garden Bay se instala como el mayor centro para “actividades energéticas de playa”, el nombre con que se promocionan el yoga y otros ejercicios físico-espirituales.

La que sigue es Virgin Gorda, con playas fabulosas como Savannah Bay, Mountain Point y Long Bay, tres extensas y deshabitadas franjas de arena con forma de curva, ideales para los amantes solitarios y los pescadores esquivos. Trunk Bay, por su parte, está bordeada palmo a palmo por palmeras, como manda la imagen clásica de una playa caribeña.

Hacia el oeste se ubica Jost Van Dyke, según los propios lugareños la isla más generadora del sentimiento de “perdido en el tiempo”. Es el territorio que mejor combina lo salvaje con lo edilicio, por llamarlo de alguna manera. Y resulta curiosa la avenida central, que conduce y muere de lleno en la propia arena.

Finalmente, Anegada se encuentra levemente suspendida al norte en el Atlántico, rodeada de pequeños cayos. “Isla sumergida”, para los nativos, es a su vez un auténtico mundo de arrecifes: por algo su plato tradicional son las langostas, preparadas magistralmente por los chefs locales. El otro detalle son sus 37 kilómetros de playa virgen ininterrumpida, un botón de muestra de la región.

DIAS DE PASEO, PESCA Y BUCEO Mezcla de caminata y deportes náuticos, un día promedio en las Islas Vírgenes puede comenzar haciendo snorkel en las cuevas de Norman Island. Se cuenta que fue allí donde el escritor escocés Robert Louis Stevenson se inspiró para escribir La isla del tesoro. Y no es para menos: al nadar dentro de esas cuatro cuevas, de hasta 73 metros de profundidad, la visión escenográfica remite a los tesoros escondidos de las películas de piratas y grandes carabelas hundidas en alta mar. Muy cerca, en Angelfish Reef, las aguas son tan claras que un buzo puede mantener la visibilidad hasta 28 metros de profundidad, todo un record. Y si se trata de disfrutar del snorkel hay que destacar la isla Guana, donde el contacto interior con tortugas, rayas y bellas colirrubias se mezcla en el exterior con los multicolores loros y cotorras de las palmeras. Casi tan maravilloso como la isla del Gran Perro, desbordante de arrecifes con corales tipo cuerno de alce.

Paradisíaco atardecer sobre la Bahía Norte, en una de las islas centrales.

Después de un almuerzo en Pirates Bight, un restaurante informal de Norman Island que recuerda los tiempos en que los ladrones marinos eran frecuentes visitantes de la zona, se puede navegar hasta la isla de Jost Van Dyke, y recorrer balnearios fabulosos como Ivan’s Stress Free Bar, con su decoración autóctona de caracoles y la sobrepoblación de bebidas exóticas (como el Pain Killers, la caipirinha local, mezcla de ron con jugos y piña, crema de coco y nuez moscada). Para concluir el día con glamour, se puede poner rumbo noreste hacia hasta Bubbly Pool, en la misma isla, donde las aguas del Atlántico infiltradas a través de paredes naturales de rocas crean una minipiscina natural.

HACIA LA VIRGEN GORDA La isla ofrece numerosos golfos para principiantes en snorkel, buceo y el resto de los deportes náuticos. La pequeña Dix Bay, calma y protegida, tiene maravillosas vistas en torno de sus arrecifes. The Baths, por su parte, es una formación de rocas gigantes de granito que se transforman en caminos y pozones de agua tibia, formando cavernas y grutas naturales ideales también para descubrir las especies submarinas.

Otro sitio recomendado es la playa del Mosquito, ubicada al norte y con un mirador que ofrece una panorámica del atardecer sobre el mar. Atentos, algunos paradores improvisan ahí mismo un “sunset cocktail”, con los sabores locales a pleno. Muy cerca, un Yacht Club hace las veces de comercio náutico, ofreciendo alquiler de veleros y botes, equipamiento para pesca y secretos marinos valiosísimos: hoyos de pesca, grietas superficiales, profundos sitios de agua..., el lugar provee datos para encontrar algunas de las 160 variedades de peces de las islas, donde se destacan el peto, el atún, la sierra, el marlin y makako. Una recomendación local si se alquila algún velero es partir hacia la isla de Saba Rock, más al norte aún, donde se atraca en uno de los muelles del diminuto islote-resort Saba Rock Island. El lugar tiene 12 habitaciones, restaurante y una boutique que vende artefactos rescatados de naufragios famosos como el del “Atocha” y el “RMS Rhone”, un vapor inglés que alguna vez midió 92 metros de largo y fue destrozado por un huracán en 1867. Es un sitio muy frecuentado por turistas y buceadores, ya que aún se puede apreciar la punta del buque plantado a pocos metros de profundidad.

Si se decide el regreso, se puede ir navegando directamente (a una hora) hasta Tortola, o visitar Peter Island, antiguamente refugio de piratas y hoy dueña de uno de los spa más grandes del Caribe, cinco solitarias playas y 20 cuevas escondidas en las montañas.

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Placer caribeño: flotar en aguas transparentes y calmas bajo el radiante sol.
Imagen: Gentileza Turismo Islas Virgenes
 
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