turismo

Domingo, 15 de agosto de 2010

INGLATERRA. STRATFORD UPON AVON Y EL TEATRO EL GLOBO

Shakespeare en escena

El genial dramaturgo nació y murió en Stratford Upon Avon, un pueblito donde se han preservado ciertos rasgos medievales. Allí están su casa natal y su tumba en la Iglesia de la Santísima Trinidad. En Londres, el reconstruido Teatro El Globo, hoy escenario de la Royal Shakespeare Company, reproduce el ambiente original de las obras del gran escritor.

 Por Julián Varsavsky

“Stratford es, por supuesto,
un lugar muy sagrado.”
Henry James (1877)


Stratford Upon Avon se convirtió en un centro de peregrinaje casi al día siguiente de la muerte de William Shakespeare. La tumba del escritor devino en un lugar venerado con la misma rapidez con que su obra se hacía universal. Desde la época en que unos pocos miles pudieron ser espectadores de las puestas en escena de sus obras en el teatro El Globo, hasta los incalculables millones que las han visto representadas en el cine y en salas de diversos lugares del mundo, han pasado cuatro siglos. Y ningún otro escritor ha permanecido tan vigente como Shakespeare.

Existen registros de que en 1800 visitaron su casa natal en Stratford unas 700 personas. En 1850 fueron 2500 y a fines del siglo XIX la cifra llegó a 30.000 personas, hasta alcanzar el medio millón de “peregrinos” por año que hoy pasan bajo el marco de su puerta.

Representación de una obra de Shakespeare a cielo abierto en el escenario de El Globo de Londres.

EN EL PUEBLO NATAL El viaje a Stratford Upon Avon desde Londres dura dos horas en tren. Y se ingresa al pueblo caminando por el histórico puente Clopton sobre el río Avon. De inmediato aparece la estatua forjada en hierro del genio literario sobre un gran pedestal, dirigiendo la mirada hacia abajo donde lo rodean sus personajes: Hamlet, Lady Macbeth, Falstaff y el Príncipe Hall.

Stratford tiene un cuidado aspecto medieval con antiguas casas construidas con piedra y madera al estilo half-timbered (mitad madera), típico del siglo XVII con sus fachadas blancas surcadas por maderos. Claro que Stratford no es ciento por ciento half-timbered y, al recorrer sus angostas callejuelas, se descubre una variedad de estilos que refleja los cambios en el gusto social a lo largo de las épocas. El siglo XVIII agregó grandes edificios con ladrillo a la vista y estuco, mientras que la sede teatral de la Royal Shakespeare Company es un ejemplo de la arquitectura de principios del siglo XX. Lo más interesante del pueblo son sus callejones medievales, las cúpulas góticas y las torres-reloj.

El lugar más llamativo de los que se visitan referidos a Shakespeare es su casa natal, ubicada en una calle peatonal de aspecto medieval. Se ingresa por una construcción moderna donde hay una exposición que relata la vida del artista desde su nacimiento, en 1564. En exhibición se observan documentos históricos y cuadros, mientras un sonido grabado recrea el ambiente del pueblo medieval con su actividad organizada alrededor de la plaza del mercado.

Para entrar a la casa natal de estilo half-timbered se cruza el jardín donde correteaba el pequeño Will. El interior tiene paredes de madera y un mobiliario antiguo reproduce el aspecto original de la casa: candelabros, camas con cortinado, un cofre, unas monedas y la cocina con sus panes caseros. Unos antiguos dibujos de la casa colgados en las paredes permiten comprobar que su aspecto prácticamente no ha variado desde el siglo XVI.

En Stratford se visitan seis casas que pertenecieron a Shakespeare y a su familia, cada cual con un toque particular. Lo ideal es comprar el boleto del autobús turístico que recorre el pueblo sin cesar y permite subirse y bajarse a gusto cuantas veces uno quiera. Otra casa dentro del periplo literario es la de Mary Arden, la madre de Shakespeare. Es una pintoresca casa de principios del siglo XV ubicada en las afueras entre graneros y corrales que mantienen el mismo ambiente campesino que la rodeaba en su época. Otra de las casas es conocida como New Place, donde el escritor vivió sus últimos años. Aunque en realidad se trata de una reconstrucción, ya que en 1756 su entonces dueño se hartó de que la gente le golpeara la puerta para entrar a ver el árbol de mora que Shakespeare había sembrado y lo cortó a los hachazos. Dos años más tarde hizo demoler la casa, así que no se sabe a ciencia cierta si la actual conserva el aspecto original.

Aunque Shakespeare pasó sus años más prolíficos y exitosos en Londres, durante las últimas dos décadas de su vida se fue reinstalando de a poco en su pueblo natal. En 1597 adquirió la casa de New Place, pero recién en 1610 se estableció definitivamente en el pueblo.

La casa de la familia Hathaway (los padres de la esposa de Shakespeare) en los alrededores de Stratford.

EL TEATRO EL GLOBO “¿Influye la arquitectura del teatro en la obra?” En torno de esta pregunta gira uno de los grandes debates teóricos acerca del teatro. Hay quienes creen que no bien se apagan las luces y la audiencia queda a oscuras, sólo importa lo que ocurre en el escenario. Sam Wanamaker, un actor norteamericano admirador de Shakespeare, no pensaba lo mismo. Y en 1970 comenzó a juntar fondos y donaciones para reconstruir el teatro londinense donde el célebre escritor actuó y presentó sus obras. La reconstrucción se hizo a 150 metros de donde estaba El Globo original, en el barrio de Southwark. La obra se culminó recién en 1997 y está basada en los planos de otro teatro isabelino de la época, considerado similar a El Globo. Se utilizaron ladrillos hechos a mano y un techo recubierto con paja sobre las gradas de madera de roble, con capacidad para 1600 espectadores. En el subsuelo hay una completa exposición de vestidos y armaduras de personajes shakespeareanos y desde allí parte una visita guiada por todo el teatro. Durante el recorrido los visitantes se sientan en las gradas mientras un guía comenta que en 1613 la chispa de un cañón utilizado para simular explosiones en el acto I de Henry VIII saltó al techo de paja produciendo un incendio que redujo el teatro a cenizas. Un segundo El Globo fue construido al año siguiente en el mismo lugar de la ribera del Támesis, donde proliferaban tabernas y lupanares. Pero en 1642 el Parlamento puritano cerró todos los teatros y El Globo cayó en desuso, hasta que en 1644 fue demolido.

Los teatros del siglo XVI funcionaban a cielo abierto y tenían una estructura cilíndrica de tres pisos que casi rodeaba el escenario. Las presentaciones se hacían a la luz del día y gracias a la proximidad física entre actor y espectador –quienes podían verse las caras–, la audiencia jugaba un rol muy activo, lo cual era una presión para el actor ya que percibía todas las reacciones.

La Royal Shakespeare Company –una de las más respetadas del mundo– realiza algunas de sus presentaciones en el escenario de El Globo. Allí se intenta reproducir a la perfección el ambiente en que se presentaban originalmente las obras, con funciones a la luz del día y música en vivo con instrumentos de época.

LA TORRE DE LONDRES El peregrinaje por el mundo de Shakespeare concluye en la tenebrosa Torre de Londres, donde permanece inalterada la misma celda donde asesinaron a Enrique VI la noche en que fue visitado por Ricardo de Gloucester.

El castillo junto al Támesis conocido como La Torre de Londres está asociado a la historia londinense desde la época de la conquista normanda en 1066. En ese mismo lugar William I El Conquistador erigió una fortaleza de madera que luego fue suplantada por otra de piedra. El edificio original que le dio nombre al complejo aún mantiene sus líneas de estilo normando gracias a que nunca fue destruido durante asedio alguno. A su alrededor fue creciendo durante el Medioevo una pequeña ciudad amurallada dentro de otra ciudad, donde residieron los reyes británicos hasta la muerte de James I, en 1625. El edificio más antiguo de este complejo es la Torre Blanca, la original construcción erigida por William I, que podría decirse que fue el corazón de todo el imperio británico a lo largo de su sangrienta historia. Y simbólicamente lo sigue siendo.

Los cuervos revolotean todavía esa torre y su evocación de la muerte combina a la perfección con los episodios históricos que inspiraron a Shakespeare. La visita a la Torre Sangrienta incluye el cuarto donde fueron asesinados los hermanitos Richard y Edward V, los príncipes hijos del fallecido Edward IV, que estaban en el castillo bajo la protección de su tío Ricardo, el Duque de Gloucester. Se cree que el responsable del asesinato de los niños fue justamente su “protector”, quien en 1483 se hizo coronar como Ricardo III (el de la obra de Shakespeare). Como es “lógico”, el fantasma de los niños mora en el castillo, cohabitando con varios otros decapitados por orden del famoso Henry VIII, entre ellos, el obispo Fisher y las dos esposas del rey, Ana Bolena y Catalina Howard, juzgadas y asesinadas dentro del castillo, acusadas de adulterio por su propio marido.

El epitafio de la sencilla tumba de Shakespeare en la Iglesia de la Santísima Trinidad.

EVERYTHING AND NO-THING El escritor murió el día de San Jorge de 1616. Fue sepultado en el piso del presbiterio de iglesia de la Sagrada Trinidad –cerca del altar mayor–, un privilegio que no fue resultado de su prestigio literario sino de la compra de un diezmo por 440 libras, una suma considerable para la época. Acaso como una ironía post mortem, se cree que Shakespeare sería el autor del curioso epitafio cincelado en su tumba, en el cual muchos han interpretado el temor del artista de que sus restos fuesen exhumados para llevarlos a un osario cuando escaseara el espacio en la iglesia, una costumbre usual en aquellos tiempos. El epitafio reza: Buen amigo, por Jesús, abstente / de cavar el polvo aquí encerrado./ Bendito sea el hombre que respete estas piedras,/ y maldito el que remueva mis huesos.

Con semejante advertencia, nunca nadie se atrevió a meter mano en la tumba. Y resultado de los misterios del arte –¿existe un artista más popular que Shakespeare en toda la historia?–, este modesto y frío sepulcro irradia un magnetismo sagrado que atrae a miles y miles de personas de todo el mundo en un pagano peregrinaje literario.

En El hacedor, Jorge Luis Borges escribió un texto sobre Shakespeare, cuyo último párrafo dice: La historia agrega que, antes o después de morir, se puso frente a Dios y le dijo: Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: Yo tampoco soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estabas tú, que como yo eres muchos y nadiez

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