turismo

Domingo, 17 de junio de 2012

SANTIAGO DEL ESTERO. EN EL SUR PROVINCIAL

Mañanitas loretanas

Primera ciudad de importancia en Santiago si se llega desde Córdoba, y a mitad de camino en la ruta para llegar a la capital provincial, Loreto invita a recorrer sus paisajes de monte y río, una exquisita gastronomía tradicional y la vigencia inclaudicable del folklore.

 Por Pablo Donadio

Amanecer en Loreto tiene un aire reconfortante y sabroso: su paisaje está siempre impregnado de folklore y recetas regionales. “Cada vez que paso por aquí freno a comprar rosquetes. Nunca he seguido de largo”, cuenta Raly Barrionuevo, el santiagueño que desde que sale de gira con su música por el país ha negociado algunos gustos cotidianos de su pago, pero éste jamás. Y es que si Tandil es chacinados, o Villa General Belgrano cerveza, Loreto es rosquetes. “Son algo así como nuestras donas, bien blanquitas como nosotros los santiagueños, has visto...”, dice con picardía Valeria Navarro, una loretana para quien el secreto del producto está en la dureza del merengue, bajo una engañosa capa superior de azúcar impalpable que lo muestra esponjoso y tentador. Asoma el sol en Loreto, el agua ya está caliente y el mate esperando; nada como disfrutarlos con unos buenos rosquetes.

Recodo del río Dulce en Loreto, sede en octubre del primer concurso de pesca de dorado.

PASANDO LA SAL Ubicada a 55 kilómetros de Santiago del Estero, Loreto es la primera ciudad grande de la provincia si se ingresa desde el sur por el acceso principal, la RN9. Ese camino desde Córdoba muestra de forma didáctica y práctica cómo se termina un cordón montañoso, cuando el fin de las Sierras Chicas –que llegan desde el famoso cerro Colorado de Yupanqui con sus últimas elevaciones– decretan que termina Córdoba y comienza Santiago. La hilera de picos que acompaña el trazado vial a la izquierda se hace meseta, y de a poco la pendiente se va acabando, hasta que el monte la devora. También los colores vivaces van dejando atrás la tonalidad intensa y construyendo el paisaje típico santiagueño, donde empiezan a dibujarse algarrobos, mistoles, chañares y tunas.

Después de la Villa Ojo de Agua y San Francisco, primeras y discretas urbanizaciones santiagueñas, sobrevienen unos 80 kilómetros de la nada misma, mientras los manchones blancos anuncian el paso de las Salinas de Ambargasta, el espejo blanco que a diferencia de otros salitrales está sembrado de matas y pequeños cardones en largo trecho. Visitable turísticamente y exhibiendo su curioso cementerio en plena sal, es recordado en infinidad de chacareras, como “Corazón de las salinas”, de Horacio Banegas, y otras tantas que hablan de las ciudades, pueblos y parajes cercanos que salpica, como Hoyón, Frías y Villa Atamisqui.

Tras la sal, la RN9 sigue siendo un páramo por largo trecho, y apenas unas cuatro casas en dos kilómetros invitan a detenerse ofreciendo mantas al telar sobre la propia ruta. “Esta cuesta 70 pesos, está hecha con lana de oveja y teñida con batata y cebolla. ¿Es bonita, que no?”, dice Mario, hincha de Sarmiento y más santiagueño que la tuna. Mientras muestra más creaciones, otro auto se detiene. Así se cumple –salvando las distancias– la máxima rutera que indica que si hay camioneros en un parador, es porque allí se come bien y barato. Mario nos saluda y agradece doblemente, a la par que nos indica algunas cosas interesantes para hacer en Loreto. El horizonte desolado de Ambargasta, salinas que junto a las de San José y San Bernardo marcan el límite entre las regiones geográficas del Chaco austral y las sierras pampeanas, al fin concluye. Poco después llegan los árboles y algunos campos productivos de maíz y tuna, el cactus criollo cuyo fruto sirve al famoso arrope. El bulevar, los primeros semáforos en 200 kilómetros, la plaza y las casitas anuncian la llegada a Loreto.

Mistol, fruto que también es parte de las recetas regionales en Loreto.

FIESTA Y DEVOCION “El coyuyo con su diana, va despertando toda la selva / y el cacuy por la mañana, huye hasta que la noche vuelva. / También las lechiguanas han despertado en el verde tunal/ y el canto de las hachas hace estremecer el quebrachal. / Mañanitas loretanas, llenas de vida y llenas de sol / llenitas de colores, dulce y sabrosas como el mistol...” La zamba “Mañanitas loretanas”, interpretada por Barrionuevo en su disco Radio AM, resuena en la pancita que el río Dulce tiene por allí, a apenas tres kilómetros de la ciudad. Ese color amarronado del Mishki Mayu está en el paisaje mismo de Santiago, y su historia lo encuentra en los relatos de las poblaciones preexistentes que le dieron ese nombre; en los momentos en que estos suelos fueron escenario del viejo Camino Real; y también en la actualidad, cuando el río cobra importancia para los pescadores y los changuitos que se divierten en la orilla apostando al “patito” más largo.

El 6 y 7 de octubre está previsto el Primer Concurso de Pesca Nacional del Dorado en el río Dulce, apostando al trabajo que recuperó la castigada fauna ictícola de la región, tras el mal uso de las represas y algunos desvíos de productores sojeros que causaron un verdadero desastre. Santiagueños ante todo, los loretanos saben honrar aquello que se tiene, sea mucho o poco. Por eso cada febrero, y en honor a su incomparable sabor, el pago se viste de fiesta para celebrar el Festival del Rosquete, en la cancha de Sportivo Loreto, excusa aprovechada para convocar a grandes intérpretes del folklore de aquí como Jorge Véliz, Néstor Garnica o el dúo Orellana-Lucca. Es la hora en que nadie deja de bailar chacareras, ni de probar la renombrada receta local.

La otra gran celebración tiene que ver con el sincretismo que es moneda corriente en muchas poblaciones del norte argentino. Dicen aquí que Loreto nació prácticamente sin nombre. Antiguamente fue una villa organizada en devoción a la Virgen de Loreto, llamada también Nuestra Señora Morena, y conocida siglos atrás como Madre Milagrosa Mamay Nokaf, cuando las creencias que llegaron de afuera se mestizaron con las de los entonces residentes. Algunos relatos hablan de una india llamada Lula Paya, quien sería una de las primeras en dar popularidad a la imagen traída por los jesuitas que se afincaron allí haciendo un alto en el camino.

Los famosos rosquetes loretanos tienen su propio festival cada febrero.

De fachada recta y color crema, con una gran imagen de la Virgen en el centro, la iglesia cuenta hoy con reliquias de imponderable valor histórico-religioso, y gracias al mandato pontificio de León XIII el templo santiagueño fue agregado al rango de espacios religiosos que gozan de gracias e indulgencias idénticas a los santuarios de San Juan de Letrán o San Pedro y San Pablo en Roma. Asimismo, en 1920 se declaró a la Virgen de Loreto patrona principal de la Aviación Universal, por lo que algunas aeronaves insignias del país descansan en suelo loretano.

Cada diciembre, la ciudad se torna una auténtica fiesta en conmemoración de su patrona, considerada por muchos militares con el grado de “brigadiera generala” y honrada de múltiples formas en los diez días de celebración. Como urbanización, Loreto tuvo un gran crecimiento en los últimos tiempos, ampliando a norte y sur barrios nuevos, lo que ha permitido que numerosas familias tengan su propia casa, solventada con el trabajo agricologanadero y de forestación, los fuertes económicos de la región. Como puntos turísticos en sí no hay uno en especial, sino la ciudad misma, que si bien es pintoresca en sus callecitas y bulevar central, no se destaca por tener miradores o grandes actividades ecoturísticas. Aquí todo es más bien un recorrido histórico-religioso, pero con dos puntos que sí merecen la atención: uno de ellos es el solar ancestral de la familia materna del general Belgrano, motivo por el cual se han hecho también procesiones (desde Rosario a Tucumán, la última) con Loreto como enclave del estudio sobre el creador de la bandera. El otro es Plaza del Centenario, un espacio genial para matear con calma santiagueña, con grandes superficies para pasear mientras se escuchan leyendas folklóricas de antología.

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Chacareras santiagueñas, una marca registrada también en Loreto.
Imagen: Pablo Donadio
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