turismo

Domingo, 18 de noviembre de 2012

SANTA CRUZ LA PATAGONIA PETROLERA

Una caleta llamada Olivia

El puerto patagónico cobra protagonismo como escala a lo largo de la Ruta Azul, que sigue el trazado de una parte de la RN3. Aquí se reviven los primeros años del siglo XX, cuando recién se colonizaba el sur de la Patagonia y se descubría el “oro negro” que llevó riquezas y desarrollo a este rincón de desierto.

 Por Graciela Cutuli

En 1520 las naves de la expedición de Hernando de Magallanes llegaron al golfo San Jorge, donde el Atlántico parece haber dado un mordisco enorme a las costas de la Patagonia. El cronista de aquel primer viaje alrededor del globo, el italiano Pigafetta, quedó tan impresionado por la altura de los nativos que los describió como gigantes y lanzó por mucho tiempo el mito de los “patagones”. Quinientos años después, frente a las aguas del golfo queda un solo gigante en pie. El más alto de todos: se lo conoce como “el Gorosito” y está en medio del bulevar que forma la RN3 al cruzar de punta a punta la ciudad de Caleta Olivia.

El Gorosito, un gigante de 13 metros levantado en 1969, símbolo de Caleta Olivia.

TRECE METROS Llegar a Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia (ambas ciudades distan menos de cien kilómetros) es como llegar a una isla luego de cruzar el mar. Hay que manejar durante horas por la estepa hasta divisar finalmente la animación de sus centros comerciales, una variación sin duda bienvenida entre tanta soledad. Caleta es una de las dos “hermanas mayores” de la familia del petróleo junto con Comodoro. El oro negro brota de sus suelos áridos de la misma manera que lo hace el agua en otros lugares. Y el dinero fluye con la misma facilidad.

Bajo la mirada del Gorosito, la ciudad vive a velozmente y brilla iluminada por la noche. Este gigantón de 13 metros que abre la válvula de un pozo de petróleo es el símbolo de Caleta Olivia desde el año 1969, cuando el cuerpo fue colocado sobre sus botas gracias a las precisas maniobras de una grúa. Nadie sabe explicar con certeza de dónde le viene el nombre: algunos dicen que se debe a una expresión popularizada por la radio, otros lo atribuyen a una marca de zapatos muy popular en la época. Pero son varios los que recuerdan aún aquel día, cuando el Gorosito fue literalmente “calzado”. Las dos partes del monumental obrero, en efecto, se fabricaron por separado: por un lado las piernas fueron armadas en su emplazamiento definitivo, mientas el resto del cuerpo se hizo en otro lugar.

En 1969 Caleta Olivia tenía mucho menos habitantes que ahora; pero ayer igual que hoy se podían contar con los dedos de la mano los nativos genuinos. Para muchos, entonces, el Gorosito simbolizó la nueva vida que les ofrecía este paraje costero de la Patagonia, luego de haber dejado sus lugares y familias en otras provincias argentinas. ¿Tal vez por eso el monumento mira, como ellos, hacia el norte? La explicación oficial se inclina por decir que mira hacia Buenos Aires para simbolizar lo que la Patagonia entrega al resto del país. ¿O mira acaso, en su monumental silencio, también a quienes llegan a Caleta por la RN3? Son nada menos que unos 1800 kilómetros desde el Congreso en Buenos Aires, una longitud que supera la de la mayoría de los países de este mundo e implica días de viaje a lo largo de la ruta que sigue el borde del Atlántico Sur, pero sólo lo roza en una porción muy breve, entre Comodoro y Caleta. Desde hace unos años se la llama Ruta Azul, porque une los tres Parques Nacionales marinos y costeros que tiene el país. Sin embargo, es justamente en los kilómetros previos a la llegada a Caleta donde merece plenamente esta denominación. Como en el resto de las costas de la Patagonia, el color intenso del mar bajo el sol es incomparable e invita a hacer un alto, salir del auto y sacar fotos. Aunque se puede aprovechar el mismo color azul desde el muelle o las playas de la ciudad: la temperatura del mar, hay que decirlo, lo convierte en una aventura sólo para temerarios. Igual que en el balneario de Rada Tilly, que está en las afueras de Comodoro, más al norte y justo del otro lado del límite entre las provincias de Santa Cruz y Chubut.

El tramo de la RN3 donde el camino bordea el mar y se gana el nombre de Ruta Azul.

ANTES Y DESPUES DEL PETROLEO La costa forma parte del circuito para conocer Caleta. Con el crecimiento de la Ruta Azul, la ciudad se convierte en una buena escala, aunque todavía tenga que competir con Comodoro, que tiene su Museo Nacional del Petróleo en el emplazamiento del histórico Pozo N° 2 donde empezó la extracción en la Patagonia.

El capitán Ezequiel Guttero bautizó a la ciudad cuando amarró en 1901 en su pequeña caleta, para desembarcar material telegráfico. La historia cuenta que le dio nombre en honor a la única mujer que estaba a bordo del barco. Durante sus primeros años, Caleta Olivia no tuvo más que unas pocas decenas de pobladores: no se había encontrado petróleo en la región y estos primeros vecinos vivían de la ganadería. Algunas de sus casas se pueden ver sobre la Avenida Costanera, que sería algo así como el “centro histórico”. Algunas de ellas, como El Progreso, la Casa Romberg (conocida también como “primera casa”, construida por un inmigrante alemán) o la Casa Vieja tienen ahora más de un siglo y se remontan hasta aquellas épocas.

El petróleo llegó en realidad recién en 1944, a unos 15 kilómetros de la costa, en Cañadón Seco. Fue el primer pozo explotado en el norte de Santa Cruz y le permitió a Caleta Olivia encontrar su identidad a la sombra de su gran vecina Comodoro Rivadavia. Con la llegada de YPF, el crecimiento de Caleta Olivia fue exponencial: de esa nueva etapa quedan los barrios Parque y 26 de Junio, que construyó la empresa y tenían toda la infraestructura de los grandes centros: negocios, clubes deportivos, salas de cine, hospital. En el barrio Parque se pueden ver estos edificios junto a las casas de estilo finlandés construidas por YPF.

Desde el Mirador hay una buena vista sobre el barrio. Los días de sol, que son mayoría a lo largo de todo el año, los colores relucen en las viviendas y en el azul intenso del océano. Es toda una postal, que invita a quedarse el tiempo de unos mates o de una charla con los vecinos que se acercan para dar un paseo. Al pie del mirador hay un parque con una torre histórica de perforación: es del año 1919 y se convirtió en otro símbolo de la ciudad, aunque menos imponente que el Gorosito. No muy lejos está también la capilla Cristo Obrero, levantada por YPF como otros tantos edificios.

El 20 de noviembre todos estos lugares tendrán una relevancia particular, y sobre todo el centro comercial en torno del Gorosito, cuando se festeje un aniversario más de la ciudad. Para la conmemoración se eligió el día del envío del primer telegrama desde Caleta Olivia a Buenos Aires. Fue en 1901, meses después de la llegada del capitán Guttero. El resto del año hay muchos otros festejos: el Festival Nacional del Trabajador Patagónico en mayo, la Fiesta de las Colectividades Extranjeras en julio o el Carnaval en febrero. Tal vez esta sea la fiesta más exótica de todas, dado que se la suele asociar con los colores y el calor del Litoral, y no con las estepas patagónicas.

PATAGONIA REBELDELa caleta donde desembarcó Guttero es hoy día una Reserva Natural Municipal. Se pueden avistar gaviotas, ostreros, cormoranes y otras aves marinas. El mismo circuito del litoral incluye las playas y la lobería de Punta Sur. Siguiendo la costa siempre hacia abajo se llega hasta el puerto Caleta Paula.

Los vecinos de Caleta Olivia, que por cierto se llaman caletenses, aseguran que sus playas tienen las aguas más cálidas de toda la región. Aunque hay que tener coraje para comprobarlo y, eventualmente, desmentirlos. Lo cierto es que el azul intenso del agua es más que una invitación, una incitación. A quien no se anime le queda la opción de la pesca: como en toda la costa del golfo, se puede intentar la captura de pejerreyes patagónicos, róbalos, cazones, meros y salmones de mar.

Caleta Olivia también es un buen punto de partida para excursiones a la meseta. Se sigue sencillamente la RN3, que se desvía de la costa y se adentra hacia los desiertos del interior del norte de Santa Cruz, para llegar hasta Fitz Roy y Jaramillo. Los habitantes de estos pueblos participaron en las huelgas de 1920 y 1921, aquellas de la Patagonia rebelde. En los dos se conservan casas vinculadas con aquellos hechos de casi un siglo atrás. Y en Fitz Roy además se pueden ver algunas de las locaciones de la película Historias mínimas, de Carlos Sorín. La estación de servicio recibe desde la proyección de esta película su lote de cinéfilos que vienen para cargar nafta... pero sobre todo para sacarse fotos.

Desde Caleta, con un poco más de tiempo se puede ir hasta los bosques petrificados del interior de la meseta. Son más de 200 kilómetros, vale decir “ahicito nomás” para los patagónicos, habituados a recorrer grandes distancias para ir a cualquier lugar.

Y está también la Ruta Azul. Hacia el norte lleva al Parque Marítimo Patagonia Austral sobre las costas del cabo Dos Bahías, un paraíso natural con una de las mayores pingüineras del país. Hacia el sur la ruta lleva al Parque Isla Pingüino, con una colonia de pingüinos de penacho amarillo y la maravillosa ría Deseado, y más al sur aún al Parque Monte León. En el medio de esta Ruta Azul está el Gorosito, el último de los gigantes de la región.

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