turismo

Domingo, 12 de octubre de 2003

TIERRA DEL FUEGO DESPUéS DEL INVIERNO

El color del Fin del Mundo

La primavera empieza a descubrir todos los colores que el blanco ocultó durante el riguroso invierno de Tierra del Fuego. Una temporada ideal para descubrir la historia de la isla, sus ciudades y sus maneras de remontar el tiempo, en antiguos trenes o increíbles museos.

Por Graciela Cutuli

La nieve sube poco a poco las laderas de las montañas, y los días se alargan: la primavera está llegando hasta el punto más austral del país. La Tierra de Fuego cambia de colores, verdes luego del blanco predominante del invierno. Para descubrir cómo vivían los aborígenes más desprotegidos del mundo, para disfrutar de un paseo en trineo con perros, para una salida de pesca de truchas, o simplemente para ver y admirar los inolvidables paisajes de la provincia, Tierra del Fuego es una excelente opción de primavera.
Si bien Ushuaia es el polo de atracción de todos los turistas, Río Grande es también un lugar interesante, y no sólo por sus atractivos pesqueros, sino también porque tiene una gigantesca estancia, recuerdo de épocas en las cuales la lana era el “oro blanco” que hizo la prosperidad de estas desoladas regiones. A mitad de camino entre las dos ciudades de la isla, el pequeño pueblo de Tolhuin es una opción para disfrutar de la naturaleza a pleno y vivir la Tierra de Fuego de manera más auténtica. Para descubrir mejor estos tres lugares, las visitas se pueden organizar de manera temática: estadías en las estancias, recorridos de agua para pesca y paseos, itinerarios armados según el medio de locomoción, y finalmente turismo cultural y museos.

Esquiladores y misioneros Hay dos estancias abiertas al turismo en Tierra del Fuego, una al sur y otra al norte, y cada una es un símbolo de dos facetas de la historia breve pero épica de la isla. María Behety, en las afueras de Río Grande, es el prototipo de los grandes latifundios paternalistas que no sobrevivieron a los cambios económicos. Harberton, al este de Ushuaia, recuerda, por el contrario, al misionero inglés Thomas Bridge, que defendió a los indígenas y su cultura. Por supuesto, cada una de estas visitas se complementan y son dos maneras totalmente diferentes de abordar la isla y su historia.
María Behety es un imponente conjunto de galpones, que se construyeron a principios del siglo XX gracias a la cría de ovinos y la venta de lanas. El galpón de esquila es uno de los más grandes del mundo, y da por sí solo una idea del tamaño de la estancia. Su importancia es tal que fue sin duda un factor decisivo en el desarrollo de Río Grande: como las casas de un pueblo, los galpones están ordenados alrededor de una plaza. Hay una biblioteca, talleres, dormitorios, casas de peones y de capataces. José Menéndez reinaba sobre este mundo en miniatura desde Punta Arenas, donde controlaba buena parte de la economía del sur de Patagonia a principios del siglo XX.
La figura de Thomas Bridge era diametralmente opuesta. Mientras los estancieros ofrecían premios a quienes mataban indios para adueñarse de sus tierras, el reverendo inglés que fundó la estancia Harberton fue uno de los pocos pioneros en la Tierra del Fuego que defendió la causa de los indígenas y se interesó en su cultura. Bridge convivió con los yámanas, que vivían en las costas del Beagle, y redactó un diccionario inglés yámana, el único medio por el cual se puede conocer ahora la lengua de este pueblo que no supo resistir los cambios impuestos por los colonos y los pioneros en su isla. Harberton fue fundada en 1886, y hoy sus descendientes son los que manejan todavía la estancia. Está abierta al turismo desde hace muchos años, y recientemente se inauguró un museo dedicado a la fauna marina de las aguas del Atlántico Sur y de la Antártida: Acatushún. Frente a la estancia, está la isla Gable, la más importante isla argentina del Canal de Beagle, desde donde se puede ver la base militar chilena Puerto Williams sobre la isla Navarino.

Agua sobre fuego Naturalmente en la isla de Tierra del Fuego muchas actividades o atractivos están relacionados con el agua, ya sean salidas de pesca, excursiones al borde de lagos o paseos en catamarán.
La pesca se practica sobre todo en los ríos del norte de la isla, alrededor de Río Grande. La calidad de sus aguas y el tamaños de sus pecesdieron renombre a los pesqueros de esta zona a nivel mundial. A pesar de los costos elevados, muchos pescadores vienen a vivir la pesca de su vida, en la antesala del fin del mundo. Una fiesta de la trucha se organiza cada año en diciembre, en plena temporada. Y una trucha enorme de material y cemento recibe a los automovilistas sobre el borde de la ruta, en la entrada de la ciudad.
La pesca se practica en varios otros lugares, y en los lagos del interior de la isla, aunque de manera menos desarrollada. El lago Fagnano es el principal lago de Tierra del Fuego, y sus cien kilómetros de extensión –compartidos entre la Argentina y Chile– parecen marcar una cicatriz sobre su silueta. Los demás lagos de la isla son el Chepelmut, el Yehuin y el Escondido.
En la punta del lago Fagnano se encuentra el pueblo de Tolhuin (“corazón”, en lengua ona), un joven municipio fundado en 1972. A mitad de camino entre Ushuaia y Río Grande, es la tercera aglomeración de la isla, pero no tiene más que un millar de habitantes permanentes. Sus casas, como las de la estancia Behety, son de madera pintadas de rojo, lo que le da cierto aire escandinavo.
El tercer encuentro con el agua en Tierra del Fuego se hace sobre el canal del Beagle, gracias a caminatas en el Parque Nacional Tierra del Fuego a orillas de la costa, o por navegaciones en catamarán desde el puerto de Ushuaia. En el Parque Nacional, los diferentes circuitos de trekking y caminatas permiten recorrer algunos montes y porciones de la costa habilitadas al público (la mayor parte del parque es de acceso prohibido). Bahía Ensenada, la Isla Redonda y la desembocadura del Lago Roca forman en el canal unos excepcionales paisajes. La luz, muy cambiante en estas latitudes, hace cambiar las tonalidades de grises, verdes y azules que dominan la paleta de los colores fueguinos. En Bahía Ensenada hay incluso un muelle con una pequeña oficina que sirve a la vez de oficina de correos y Embajada (¡del País de la Isla Redonda!).
Luego de haber conocido esta porción occidental del canal de Beagle, se puede conocer también la porción oriental a bordo de los numerosos catamaranes que zarpan del muelle turístico de Ushuaia. Se ofrecen dos navegaciones: una breve, de un par de horas, hasta el Faro Les Eclaireurs, o una larga de un día, que se detiene en la estancia Harberton. En ambos casos se pasa delante del faro Les Eclaireurs, un fotogénico faro rojo que se destaca sobre las aguas azul metalizadas del canal. En los islotes cercanos al faro viven colonias de lobos de uno y dos pelos, cormoranes reales y elefantes marinos.

Vagones y trineos Además de navegar, en Tierra del Fuego se pueden tomar otros medios de locomoción (autos, aviones y autobuses exclusivos). El más conocido es el tren. Pero también se pueden hacer paseos en trineo con perros, una actividad que se desarrolla con éxito desde los años ‘90.
Desde Ushuaia, luego de atravesar el paso Garibaldi, que permite cruzar la Cordillera de los Andes, se transita hacia el Valle de Tierra Mayor. En esta llanura que se abre entre las montañas se concentra la mayoría de los criadores de perros de trineo que ofrecen paseos en la nieve durante el invierno. Frente al éxito obtenido por estos servicios, algunos están desarrollando trineos con ruedas para realizar paseos el resto del año, cuando el valle no tiene más nieve.
El tren conoce justamente los problemas inversos, ya que cuando hay mucha nieve se dificulta su recorrido. El Ferrocarril Austral Fueguino es –ni hay que decirlo– el más austral del mundo. Por esta sencilla pero deliciosamente exótica razón ninguno de los turistas que llega a Ushuaia se lo perdería, aunque su recorrido sea de apenas siete kilómetros.

Se lo aborda tanto por los paisajes que permite descubrir (una turbera, el valle del río Pipo, bosques de lengas, una cascada, la reconstitución de chozas yámanas, etc.) como por la historia que hace revivir. El tren fue construido por los presos del penal de Ushuaia, y era utilizado paraabastecer los edificios penitenciarios y las pocas casas civiles de la colonia en madera. El ramal y los vagones fueron construidos y mantenidos por los presos, y los rieles originarios eran de madera. Por suerte, las condiciones de confort fueron notablemente mejoradas, y el trencito de vapor hoy es impecablemente mantenido por la empresa concesionaria. Las románticas nubes de humo que envuelven la locomotora sin duda no eran tan idílicas cuando los presos viajaban sobre plataformas de madera, sin asientos y a la intemperie.

Pasado al paso Este mismo pasado crudo se revive en Ushuaia en las salas del ex presidio convertido hoy en el Museo Marítimo y Museo del Presidio. Guardados por las aguas frías del Beagle, las alturas de la Cordillera y un sistema penitenciario de otras épocas, los presos vivían totalmente aislados del mundo, como los de Port Arthur en Tasmania o la Isla del Diablo en la Guyana Francesa, las dos colonias penitenciarias que sirvieron de modelo a la de Ushuaia. El enorme edificio se conservó en buen estado y hoy se puede deambular por los pasillos, entrar en las celdas, y comer en el mismísimo comedor. Hay varias colecciones distintas en este museo: una de réplicas de barcos que hicieron la historia marítima de Tierra del Fuego, una sobre la vida en el presidio (con muñecos de presos famosos, de guardias y objetos de la vida cotidiana) y una última sobre la exploración de la Antártida. En un patio, hay también una réplica del Faro del Fin del Mundo, originalmente construido sobre la Isla de los Estados, y que hizo soñar a millones de aventureros en el mundo, ya que fue el protagonista de la famosa novela de Julio Verne.
Hay otros dos museos interesantes en Ushuaia para remontar el tiempo hasta sus primeros pobladores, los yámanas. El Museo que les está dedicado retrata su vida cotidiana con objetos, planchas didácticas, y sobre todo con varias maquetas tridimensionales, muy bien hechas, que merecen por sí solas la visita.
A pocas cuadras de allí, el Museo del Fin del Mundo es el más antiguo de Ushuaia. En las piezas de una casona se muestran colecciones sobre la historia de la región (con la reconstitución de un almacén de principios de siglo XX), el presidio y una muy completa colección de aves embalsamadas que viven en el Atlántico Sur. En el patio del museo hay canoas y reproducciones de chozas yámanas, cercos funerarios y carruajes de los primeros tiempos de la ciudad.
El pasado del norte de la isla se puede recordar en la Misión Salesiana de Río Grande. Fue fundada por el religioso Fagnano, un explorador y defensor de los onas, en 1893. Se visita su capilla y un pequeño museo que recuerda la vida de los primeros misioneros y la de los onas y selk’nams, dos de los cuatro pueblos nativos de la isla. Como los yámanas, su existencia se tiene que recordar en salas de museos, ya que fueron exterminados, por enfermedades, pero sobre todo por matanzas organizadas por los estancieros y algunos aventureros como Julio Popper, un rumano que trató de organizar sus colonias de buscadores de oro como una pequeña nación independiente, emitiendo monedas y sellos postales. Hoy día, Popper se convirtió en un argumento turístico más, como el presidio, como los desaparecidos indios. La Tierra del Fuego puso sus paisajes de una belleza salvaje, los hombres protagonizaron la obra. Hoy todavía en la isla se respira este olor a aventura y a épica. En sus estancias, en sus costas y hasta en las salas de sus museos.

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Sin la nieve del invierno, Ushuaia se refleja en la bellísima bahía.
 
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