turismo

Domingo, 13 de julio de 2014

CHILE. TEMPORADA DE INVIERNO

Subibaja de nieve

Valle Nevado, el centro de esquí que se visita en el día desde Santiago de Chile, abrió la temporada con todas sus pistas a pleno. Sus hoteles reciben huéspedes dispuestos a deslizarse sobre la nieve con una tabla de snowboard o esquís, rodeados del imponente paisaje de la cordillera.

 Por Graciela Cutuli

Fotos de Graciela Cutuli

El amanecer en Valle Nevado llega tardío, pero impresionante. Desde la ventana de nuestra habitación en uno de los tres hoteles del complejo, oportunamente llamado Puerta del Sol, los rayos asoman detrás de las montañas y en pocos minutos hacen reverberar de un blanco radiante el manto de nieve que cubre los Andes. Es el comienzo del día: el hotel se despierta, las luces artificiales se apagan humildes ante el brillo del astro y las pistas empiezan a perder su lisa virginidad atravesadas por las huellas de uno, dos, diez, cientos de pares de esquís. Es un día más, pero no cualquiera, porque el centro de esquí más cercano a Santiago de Chile está abriendo oficialmente la temporada, desbordado de nieve y con todas las pistas abiertas para esquiar y snowbordear hasta que nuevamente el sol imponga su ritmo y marque, al atardecer, la hora del descanso.

El centro y sus hoteles fueron instalados sobre las laderas del cerro El Plomo.

EL COMPLEJO En los últimos años –desde que los fundadores franceses dieron paso a sus actuales dueños chilenos– Valle Nevado se está consolidando como un “pueblo de montaña”, el entorno ideal para disfrutar de la nieve aprovechando distintas opciones de estadía. Por un lado, la cercanía con Santiago facilita la llegada de visitantes por el día: “Los santiaguinos –bromea Ricardo Almeida, gerente de Desarrollo del complejo– son vagos para ir a esquiar, porque miran si está nublado y no van”. El dato sorprende, tal vez porque acabamos de comprobar que la niebla semifantasmal que nos recibió al aterrizar en la capital chilena es un recuerdo lejano apenas dos horas después: basta trepar el camino montañoso y en zigzag que lleva a Valle Nevado para dejar atrás el cielo gris y encontrarse con un día luminoso, lleno de sol. Exactamente como, dicen, el 85 por ciento de los días al pie del cerro El Plomo, que alberga las pistas e instalaciones del complejo.

Para evitar engaños de la niebla, conviene entonces alojarse en el propio valle, que tiene tres hoteles: de mayor a menor categoría, son el Valle Nevado, el Puerta del Sol y el Tres Puntas, los más elegidos respectivamente por el público “top”, por familias y por jóvenes. Pero todos disfrutan del mismo entorno soñado entre los picos cordilleranos, y de las cuidadas instalaciones de un complejo que todos los años busca ponerse a la vanguardia: para este año, las novedades incluyen la renovación de los equipos del Rental, con mayor oferta de esquís y snowboards de última generación, incluyendo equipos especiales para esquiadores avanzados, para freeride y heliski; una nueva zona de principiantes junto a la telesilla Los Andes para los que se inician en los deslizamientos; un nuevo sistema Learning to Ride (LTR) para el aprendizaje de snowboard; un nuevo Riglet Park diseñado para la enseñanza de snowboard a los niños de tres a nueve años.

La temporada 2014 también aumentó la infraestructura del área de servicios, con más lockers equipados con tarjetas electrónicas, y presenta personal especializado en reparación y mantenimiento de equipos de esquí y snowboard, que abarca, entre otros trabajos profesionales de encerado, afilado de cantos y montaje de fijaciones.

“Cuando llegamos, el Puerta de Sol llegaba hasta ahí”, dicen Marco y su esposa, los encargados del kiosco junto a la piscina descubierta del hotel, que con un gesto de la mano indican la hilera de luces del primer piso y dan fe del crecimiento de Valle Nevado, que desde entonces no ha conocido pausa. Hoy como ayer, todos los días ambos suben desde Santiago por el vertiginoso camino de 40 curvas, orgullosos de no haber tenido “nunca un accidente”. “Bueno, alguna vez nos ha rodeado una avalancha, pero con buen abrigo se puede estar varias horas sin problemas en el auto hasta que a uno lo vienen a buscar”, aseguran con confianza, mientras venden sin pausa los alfajores argentinos que son un hit entre los chicos del hotel.

Esquiadores y snowboarders listos para empezar el día, al pie de las pistas.

A CLASE Paradójicamente, Valle Nevado es el lugar ideal para dos tipos de esquiadores: los que andan sobre las tablas como sobre sus pies, ya que más de la mitad de las pistas son para expertos y avanzados, y los que recién se inician, porque tienen áreas de aprendizaje prácticamente a la puerta de los hoteles, sin necesidad de tomar aerosillas ni realizar largos trayectos. Sin distracciones a la vista, y con un equipo excelente de instructores, basta una miniweek de tres o cuatro días para que cualquier principiante que tome una o dos clases por día pueda lanzarse por una pista verde, rebosante de nieve en polvo, como todas las pistas del centro. “Este año –cuenta Ricardo Margulis, gerente general del complejo– abrimos con más de dos metros de nieve. Y el pronóstico es más que favorable, porque es el año del Niño, que promete las mejores precipitaciones y una apertura aproximada hasta mediados de octubre.”

Esquiador de los expertos, Margulis revela que El Sol y La Diablada son sus pistas favoritas, mientras relata lo que cualquiera puede constatar en unas horas de estadía: los brasileños son legión entre los visitantes extranjeros, seguidos por los estadounidenses y los argentinos (que prefieren Valle Nevado como destino de escapadas, por su cercanía con Santiago de Chile y su fácil acceso en una hora y media de vuelo desde Buenos Aires). Para todos ellos, el complejo organiza numerosas actividades de animación, según lo que mande el calendario: como el día del histórico y reñido partido entre Chile y Brasil por los octavos de final del Mundial, cuando el bar Lounge se llenó se pantallas para seguir los épicos dos tiempos, alargue y penales frente a un público dividido por partes iguales entre banderas verdeamerelas y rojas-blancas-azules.

Tal vez porque alguna revancha hacía falta, Pablo Urriola –un simpático instructor oriundo del sur de Chile– asegura que los brasileños pierden su tradicional sentido del ritmo cuando se calzan los esquís. O tal vez la frase consuela los esfuerzos principiantes de un grupo de argentinos, que ajenos a las disputas futbolísticas tratan de moverse con algo de gracia sobre las tablas, entre los pomas y la góndola que lleva hasta Bajo Zero, una de las confiterías de altura, donde hay contiguo un sector de principiantes. Entre ellos van comentando la ventaja de tomar clases con diferentes profesores: “De cada uno aprendí algo, cada uno me dio un tip distinto, para frenar, para doblar y controlar la velocidad”, cuenta Rosario, que después de un par de días se animó a la primera pista verde y, sacudiéndose de la nieve de las caídas, aspira a pisar pronto las curvas de una azul.

Por allí andan también los chicos de varias escuelas de Santiago, que tienen acuerdo con Valle Nevado y llevan a sus alumnos a aprender a esquiar a lo largo de la temporada de invierno. Mientras discute las vicisitudes futbolísticas con cualquiera que se le cruce, Pedro –que tiene nueve años y vino con sus compañeros como parte del programa voluntario de su colegio– se lanza confiado cuesta abajo pero antes emite, con tempranas dotes diplomáticas, un deseo de suerte para sus efímeros y albicelestes compañeros de pista.

A las cinco de la tarde, los medios de elevación cierran. Es la hora de dejar los esquís en la guardería para recuperar el mismo equipo al día siguiente; la hora del après-ski con sopas calientes y café en el bar de hotel; la hora de abrigarse porque ya bajó el sol y, en un rato, Valle Nevado brindará uno de los más lindos espectáculos del comienzo de la temporada: la feérica bajada de antorchas con que da la bienvenida a sus visitantes. Mientras el cielo se oscurece detrás de las montañas, ya convertidas en una tenue silueta negra donde brilla el arco de la luna, un manto de fuego se desliza sobre la nieve y la enciende de rojo y naranja, hasta que se impone la noche sobre todo el valle.

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Vista de las pistas y los medios de elevación desde el hotel Puerta del Sol.
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