turismo

Domingo, 19 de diciembre de 2004

MENDOZA: TREKKING POR LOS TECHOS DE AMéRICA

Verano en el Aconcagua

Una caminata de cuatro días hasta la base de la pared sur del Aconcagua, un farallón vertical –considerado la cara más difícil– para encarar la escalada hasta la cima. Aunque llegar a los 6962 metros de altura del gigante es un desafío para expertos, se pueden hacer escaladas más sencillas hasta el mirador de Plaza Francia, ubicado a 4200 metros. Desde allí, la estremecedora sensación de haber tocado los pies del coloso, inmerso en el insondable silencio de las nieves eternas.

Por Guillermo Lanfranco

Si pisar la cima del gigante es privilegio –y riesgo– de unos pocos, llegar a sus pies, es una alternativa posible y segura para cualquiera que esté dispuesto a caminar unos kilómetros, en medio de un paisaje cautivante. El gigante no es otro que el cerro Aconcagua, techo de América con 6962 metros de altura. Meca de escaladores de todo el mundo y también centro de una reserva natural de 71 mil hectáreas ubicada 180 kilómetros al oeste de la ciudad de Mendoza, casi en el límite con Chile.
Una caminata veraniega permite llegar a la base de la pared sur del Aconcagua, hasta una altitud de 4200 metros. Se trata de una excursión de trekking de cuatro días, apta para cualquier edad y sin necesidad de contar con mucha preparación física. Previo paso por la ciudad de Mendoza para tramitar el permiso de ingreso al Parque Provincial Aconcagua (ver aparte), la excursión tiene su primera escala en un refugio de montaña del complejo de esquí de Penitentes (2700 metros de altura) sobre la ruta internacional Nº 7 que lleva al paso Cristo Redentor. Esta primera parada permite ir aclimatando el organismo a las exigencias de la altura y recorrer por la tarde el cercano Puente del Inca, donde quedan vestigios del hotel termal arrasado por un alud en 1965. La gran carga de minerales –especialmente azufre– de las vertientes, da un color amarillento a todo el entorno, incluso a cualquier objeto que quede un tiempo bajo esas aguas.
La segunda jornada arranca con el ingreso de los visitantes al Parque Provincial Aconcagua, una de las doce áreas protegidas (5% de su territorio) con que cuenta Mendoza, una provincia que le ha dado particular importancia al tema medio ambiental. A tal punto que cada excursionista recibe una bolsa numerada para depositar residuos, la que debe devolver al terminar el paseo.
De allí en más, comenzará el ascenso, que en este tramo se extenderá durante cinco horas por senderos de montaña. Las recomendaciones para el caminante pasan por evitar los esfuerzos irregulares, mantener un ritmo de marcha constante y de pasos cortos, beber agua para mantener la hidratación y realizar paradas que permitan retomar el aliento, pero sin extenderlas mucho. La primera escala es en la laguna de Los Horcones (2900 metros de altura), un ojo de agua de color verde intenso y poco menos de 100 metros de diámetro, que resulta singular ante la aridez del entorno. La laguna sufrió un importante retroceso, cuando sirvió de fuente para la construcción del nuevo edificio del paso fronterizo a Chile, pero ahora está recuperando terreno poco a poco.
En el camino, aparecerá el puente colgante de la Quebrada del Durazno, que ahorra el vadeo del río Horcones Inferior. Los guías adjudican el puente a las obras que se realizaron para acceder a la zona de filmación de la película Siete años en el Tibet (protagonizada por Brad Pitt) en 1997. La caminata prosigue por la margen izquierda del río, con la postal del “centinela de los Andes” siempre a la vista. En las laderas, la vegetación achaparrada se vuelve cada vez más raleada, dada las escasas posibilidades de desarrollo en un clima seco, muy frío y de nevadas frecuentes. En esta zona suelen verse zorros o guanacos, aunque la fauna se torna cada vez más esporádica, ahuyentada por la constante presencia humana.
El arribo al campamento Confluencia (3200 metros de altura) después de cinco horas y 8 kilómetros de marcha, permite tomar contacto con andinistas provenientes del todo el mundo, convocados por el desafío de hacer cima en el pico más alto de América. Confluencia es una especie de “nudo” de donde se sigue hacia los distintos campamentos base, lugares previos a la escalada final a la cumbre del Aconcagua o a otros picos vecinos no menos temibles. El campamento cuenta con comodidades “5 estrellas” para la montaña, como carpa-comedor, luz eléctrica generada con energía solar, baños químicos y carpas para dos o tres personas donde se pasa la noche. El panorama de infinidad de pequeñas carpas tipo iglúes en medio de las catedrales de piedra, es una de las visiones más insólitasdel viaje. En Confluencia pueden llegar a congregarse hasta 200 personas, en un fluir constante entre quienes ascienden y descienden.
A la mañana siguiente, llega el momento del tirón final hasta Plaza Francia (4200 metros de altura). A un ritmo algo más lento para evitar las consecuencias del “mal agudo de montaña” (MAM), serán necesarias unas tres o cuatro horas para llegar a la pared sur del Aconcagua, un farallón casi vertical de casi 3000 metros. Esta cara del cerro es la más difícil para los escaladores, al punto que recién en 1954, un grupo de franceses logró vencerla para llegar a la cima (La primera ascensión absoluta del cerro fue en 1897). La ascensión es una escalada mixta (roca y hielo), privilegio de unos pocos. Con otros ángulos de acometida, la ruta de dificultad menor es la Noroeste, mientras la del Glaciar de los Polacos es de dificultad intermedia.
La visión del entorno desde el mirador de Plaza Francia es estremecedora, rodeado por las cumbres de nieves eternas y la sensación de haber tocado los pies del gigante.
Otra excursión dura siete días y tiene como destino Plaza de Mulas (4370 metros de altitud), en el lado norte del Aconcagua. En este caso el nivel de exigencia es mayor, ya que hay que repechar la larga Cuesta Brava, y se necesita un entrenamiento previo más exigente.

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Paso a paso, por el puente colgante de la Quebrada del Durazno, que ahorra el vadeo del río Horcones Inferior.
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