turismo

Domingo, 30 de enero de 2005

SAN ANTONIO DE ARECO > ARTESANíAS DE PLATA Y CUERO

Joyas gauchas

En San Antonio de Areco viven algunos de los artesanos plateros más talentosos del país, cuyos facones y mates de plata han servido de obsequio para reyes, papas y presidentes de todo el mundo. Un recorrido por sus museos, negocios y talleres, visitando también a un maestro soguero y una tejedora que rescata las técnicas de los indios pampa.

 Por Julián Varsavsky

José Draghi es un heredero de la centenaria tradición platera del Río de la Plata, y al mismo tiempo un hacedor de caminos novedosos que han elevado el oficio de manufacturar puñales y mates hasta niveles artísticos insospechados. La belleza cruel de sus dagas y facones es un sello de autor en piezas únicas, cada cual con su propia terminación y diseño. Ya no son armas de uso práctico para matar ni para carnear una vaca en medio del campo, ni tampoco un simple adorno que se coloca entre los souvenires de un viaje. Quien compra un cuchillo artesanal –se los suele preparar por encargo–, lo primero que hace cuando se lo entregan es disfrutar del placer de tomarlo por la empuñadura y quitarle la vaina para observar los destellos de su filo mortal. Una vez instalado en un lugar central de la casa, junto a los cuadros o alguna escultura, cada visitante que llega de paso lo ve y se apresura a tomarlo y juegar con él como si lo buscara desde hace tiempo. Este es el encanto de las piezas que elabora José Draghi, quizás uno de los mayores maestros artesanos de lo criollo que hay en nuestro país.

Platería gauchesca El origen de la emblemática platería criolla de la Argentina se remonta a los artesanos del continente europeo. Todo comenzó cuando a fines del siglo XVII llegaron al país los primeros plateros españoles y lusitanos, quienes fueron traídos para producir elementos litúrgicos y decorar los altares de las iglesias. Muchos de ellos terminaron dedicándose a fabricar bandejas, platos, cubiertos, mates y otros utensilios hogareños para las familias de la alta sociedad colonial. Además hacían fustas, espuelas, facones y diversos accesorios de plata cincelada para las cabalgaduras. Las riendas de campo también se hacían con mallas de finísimos hilos de plata que imitaban los trenzados de tiento de potrillo. Todo esto, más cabezadas, bozalejos y fiadores, es lo que hace hoy en día José Draghi en su taller junto con sus dos hijos, la esposa, su yerno Alejandro Alvarez –un hábil soguero–, y varios aprendices. Las piezas que manufactura el equipo de Draghi ya son una parte emblemática de la estética de lo criollo tradicional.

Su taller está en una casona centenaria de estilo neoclásico italiano ubicada frente a la Plaza Ruiz de Arellano. Allí está además el Museo Nacional de Platería Gauchesca y Taller Abierto de Platería Criolla, que guarda testimonios históricos del origen de la platería en el país y trabajos en oro y plata de la familia Draghi.

En el museo se recorren dos salas con exposiciones temporales de cuadros con temática gaucha. En la sala principal hay un techo con un gran vitreaux formando una cúpula muy colorida por donde entra la luz necesaria para observar las 180 piezas instaladas en vitrinas. Durante la visita, un guía explica el origen de la platería gauchesca y su desarrollo a partir de dos estilos: el porteño, de influencia española con líneas planas despojadas de mucha decoración, y el mesopotámico, cuyo estilo tenía el sello de los artistas portugueses, inclinados hacia cierta sobrecarga de barroquismos rococó. En una de las vitrinas, dos pares de espuelas muestran estas diferencias. Entre las rarezas expuestas están unos mates de porcelana que las familias tradicionales de Buenos Aires se hacían confeccionar en Europa para reemplazar los suntuosos mates de plata porque el metal, aunque fuera precioso, les quemaba las manos.

La entrada al museo cuesta $ 5 e incluye la visita a los talleres. Pero además hay un negocio donde se ofrecen hebillas para cinturón, llaveros, yuntas de oro macizo, cuchillos de colección confeccionados en oro, y emprendados para el caballo.

Lo de Stagnaro Si bien José Draghi fue el impulsor de una revalorización de la platería criolla en Areco, en paralelo a él fue surgiendo una verdadera escuela arequera de artesanos. Uno de sus mayores exponentes es Gustavo Stagnaro, quien se instaló en el pueblo en 1977. Es un artesano autodidacta que aprendió su oficio –que muchos definen como arte–,observando y experimentando. Su taller y negocio está ubicado en Matheu y Arellano, en una típica casa colonial de 1830 –sin ochava– donde el maestro artesano trabaja con cuatro aprendices más. Aquí, la especialidad es la llamada platería tradicional civil, es decir, piezas relativamente sencillas y prácticas como, por ejemplo, cubiertos, candelabros, marcos de madera y plata, y por sobre todo cuchillos, que se preparan a pedido para regalo.

En el negocio hay piezas antiguas en exposición y otras de producción propia que están a la venta. Muy llamativos resultan los cuchillos caroneros, que el gaucho los llevaba en la carona del recado de la montura –y no en su cuerpo–, y servía para combatir gracias a sus 50 a 70 centímetros de largo. Entre los caroneros en exhibición hay muestras del legendario facón, reconocido por su lomo ancho y filo inferior y sus 20 a 35 centímetros de hoja. Este era el cuchillo más común y servía para toda clase de usos. Se lleva entre la faja y la rastra.

Stagnaro fabrica también dagas que tienen uno o dos filos –eran para defensa personal– y cuchillos verijeros que son los que el gaucho utiliza en la cintura (en la verija) y miden entre 13 y 17 centímetros. Este cuchillo es el que más se vende al público porque sirve para el asado y se los confecciona con plata y madera o con cuero crudo y plata. Cuestan desde $ 150 en adelante. Otras de sus piezas son mucho más valiosas: algunos de sus mates de plata y calabaza cuestan entre $ 200 y $ 3000 cada uno.

Oficio de soguero Uno de los oficios de campo que lentamente se van perdiendo con el avance de la industrialización es el de soguero. En verdad este trabajo era sólo una de las muchas habilidades del domador, que entre otras cosas trabajaba la soga. Pero hay que tener en cuenta que las sogas de las que se habla en este oficio son de cuero de vaca.

En San Antonio de Areco quedan todavía varios sogueros y el más famoso de ellos es Raúl Draghi –primo del platero–, quien tiene su negocio y taller en la calle Guido 391. Este meticuloso trabajo de trenzar tientos de cuero sirve básicamente para fabricar juegos de cabezadas para caballos (que se colocan en la cabeza del animal). Esto significa que Raúl Draghi hace fiadores, meneas y riendas, además de juegos de bozal y cabiestos. Cuando la producción de estos elementos de campo se hace de manera industrial en vez de artesanal, el fabricante va a una curtiembre y compra el cuerno procesado. Draghi, en cambio, va personalmente a elegir sus cueros y hasta él mismo cuerea la vaca o el caballo para asegurarse de que nadie lo raye. Después lleva el cuero a su taller y lo estaquea en la terraza en un marco de madera para que se seque al sol. El paso siguiente es cortar el cuero en lonjas y esparcirle cenizas encima para luego rasparlo con una caña y arrancar el pelo. Por último lo ablanda con una máquina que “soba” el cuero. Con el cuero listo son muchas las alternativas. Una de ellas es cortarlo con un pequeño cuchillo muy filoso en finos tientos que suelen trenzarse para adornar el cabo de un cuchillo de colección.

El telar pampa En 1936 el intendente local, José Antonio Güiraldes, invitó a una tejedora catamarqueña llamada doña Ramona Risso Patrón a instalarse en el pueblo para enseñar sus habilidades. Así nació la Escuela de Telar Criollo donde se formaron numerosas mujeres que a su vez siguieron enseñando a lo largo de los años. Cristina Giordano es la tejedora más reconocida de Areco en este momento. Fue alumna de una alumna de doña Ramona y su especialidad es el tejido de fajas confeccionadas con las mismas técnicas y modelos que utilizaban los indios “pampas”. La ancestral técnica indígena consistía en clavar dos estacas en la tierra, entre las que se tejía una urdimbre en doble faz, originalmente con lana y más tarde con la seda que introdujeron los españoles. De esa forma hacían fajas para la cintura y para las botas de potro con dibujos escalonados ycruciformes. Tradicionalmente las fajas pampa fueron incorporadas a la indumentaria del gaucho envolviendo la cintura con dos vueltas y media (una faja de éstas mide dos metros y medio y requiere un mes de trabajo). También adornan las botas de potro y se usan como vincha. Y entre los usos modernos están las pulseras y el cinturón con diseño pampa y hebilla. Cristina Giordano utiliza el telar pampa para hacer sus fajas, aunque en lugar de estar en el suelo lo tiene empotrado en una estructura de madera por una mera cuestión de comodidad. En su taller, ubicado en la calle Sarmiento 112, se teje también con telar criollo, una estructura más sofisticada que el telar pampa, hecha con palo rústico y dos juegos de parantes y dos travesaños. El telar criollo sirve, principalmente, para hacer ponchos.

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Algunas de las artesanías criollas son verdaderas obras de arte cinceladas en plata.
 
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