turismo

Domingo, 5 de febrero de 2006

CAVIAHUE-COPAHUE NATURALEZA Y BAñOS TERMALES

Las tierras del volcán

Las villas de Caviahue y Copahue, en el norte de Neuquén, se extienden al pie del volcán Copahue, una poderosa fuente de energía geotérmica. Un paisaje de cascadas, ríos y valles donde florece el pehuén y brotan aguas termales. En la temporada veraniega, paseos, excursiones y todos los tratamientos imaginables para la salud y el bienestar en el Centro de Balneoterapia.

 Por Graciela Cutuli

Inmóviles y cercadas por playas de negra arena volcánica, las aguas planchadas del lago Caviahue reflejan, como en un espejo, la villa de Caviahue y el volcán Copahue que domina el horizonte. Es verano, no hay viento, y el lago muestra las casas alpinas de techos verdes y negros, levantadas en madera y piedra, que forman las contadas calles del pueblo. Sobre ellas se dibuja como un vigía la silueta del volcán Copahue, todavía activo, que hace sólo cinco años volcó por última vez su carga de ceniza sobre las pistas de esquí de Caviahue.

Apenas 18 kilómetros separan a Copahue y Caviahue, dos villas que forman un solo municipio dentro del Parque Provincial Copahue (de unas 18.000 hectáreas de superficie). Los dos lugares también desarrollaron una oferta turística complementaria según las temporadas. En pleno invierno, el paisaje está matizado de blanco, con los copos de nieve posados en las ramas generosas de las araucarias, y a lo lejos se ven los cerros nevados a cuyas espaldas se extiende Chile. En Caviahue el invierno es una postal, pero 400 metros más arriba, en Copahue, es una temporada impiadosa: una capa de varios metros de nieve apenas si permite que asomen la punta del techo de los hoteles, y sólo las piletas termales permanecen libres de nieve, por sus altas temperaturas. Cuando Caviahue vive del esquí, desde junio hasta octubre, Caviahue está sepultada por la nieve. Cuando Copahue vive de las termas, de diciembre a abril, en Caviahue el pueblo aprovecha para construir e invita a recorrer su imponente entorno natural. Recientemente, sin embargo, ambas villas empezaron a difundir la propuesta turística “nieve y termas”: el objetivo es lograr la apertura de las termas en Copahue durante el invierno, difícil si se tiene en cuenta que sólo se llega al pueblo, a 2000 metros de altura, en vehículos oruga preparados para desafiar la nieve. Entretanto, un complejo pequeño levantado en Caviahue (a 1600 metros) permite tomar baños termales durante la temporada de esquí: en el último invierno la demanda fue tan importante que se está pensando en una ampliación de las instalaciones. Pero por ahora es pleno verano, la época ideal para disfrutar de las termas, en la villa situada más arriba, y de los paisajes dignos de cuento que rodean a Caviahue, más abajo.

LA REINA DEL LAGO Caviahue tiene apenas veinte años de historia. Nació como un parque de nieve al pie del volcán Copahue y fue creciendo hasta convertirse en el centro de esquí y villa veraniega que es hoy, en plena explosión edilicia. Aquí y allá nacen entre las araucarias nuevas casas reguladas por un código de edificación que pretende preservar su carácter de villa alpina. Hay en construcción un nuevo centro comercial y un hotel cinco estrellas, pero sigue siendo un pueblito extendido a orillas de un lago que fue, en tiempos inmemoriales, la laguna de un antiguo volcán, cuyo cráter tenía unos 25 kilómetros de diámetro. Cuando el volcán hizo implosión, las cenizas fueron dar a unos 50 kilómetros de distancia, a las formaciones que hoy se conocen como Riscos Bayos, en las cercanías de Loncopué. Las aguas del lago Caviahue son termales frías, de modo que tienen propiedades medicinales –aún en estudio– pero su acidez impide el desarrollo ictícola y, en consecuencia, la pesca. Esta actividad queda reservada al conjunto de cinco lagunas encadenadas por el arroyo Trolope –Trolope, Achacosa, Rincón, Larga y Escondida– que están al norte de Caviahue y gozan de gran reputación entre los pescadores.

Tanto el lago como la villa se ven como en una postal desde el circuito que sale de Caviahue hacia el este, donde se encuentra el salto del Agrio. Este río, que nace algo más abajo del cráter del volcán Copahue, a 2750 metros de altura (el volcán alcanza los 2953 metros) se va enfriando a lo largo de su recorrido y serpentea formando algunos de los más hermosos paisajes de la región.

La primera parada es en el puente del Agrio, que tiene una pequeña pero vistosa cascada. Apenas un anticipo del espectacular salto que se descubre un poco más adelante. Cerca del puente se encuentra el Refugio del Agrio(ver recuadro) y a unos siete kilómetros, en una suerte de hoya formada por una colada de lava, se encuentra el espectacular salto del Agrio. Donde corre el río actual corría antiguamente un río de lava, que tras una explosión de gases estalló y formó una suerte de anfiteatro natural cuyas rocas están talladas en semicírculo. La roca es puro basalto, y sus distintos colores revelan la cambiante presencia de minerales: rojo donde hay más hierro, amarillo donde hay más azufre. Este verano, después de un invierno de nieve abundante, el deshielo enriqueció el curso del río y el caudal del salto. El salto del Agrio tiene unos 35 metros de altura y se observa desde el mirador del cañadón que forma el río. Cuando el sol incide sobre su larga cabellera espumosa, forma infinitos arco iris que le dan un toque feérico, hasta que el agua se estrella nuevamente contra el río y corre por las rocas rojas y amarillas del cañadón perdiéndose en el horizonte.

A LAS SIETE CASCADAS Para visitar las Siete Cascadas del Agrio hay que volver a Caviahue y tomar la RP 26 en dirección opuesta, hacia el sudoeste: es decir, acercándose hacia la naciente del río, en dirección al volcán Copahue. Las cascadas son casi 25 hasta llegar al pie del volcán, pero hay miradores construidos sólo sobre cuatro: la cascada del Basalto, la Cabellera de la Virgen o Manto de la Novia, la cascada de la Culebra y la cascada del Gigante.

En un denso bosque de araucarias, que yerguen sus firmes copas hacia el cielo de un azul casi translúcido, una pequeña caminata sin más dificultad que algún pequeño vado permite acercarse a las cuatro cascadas. Si se siguiera hacia el oeste por este camino pedregoso sombreado de pehuenes, se podría llegar hasta el paso fronterizo de Pucón Mahuida, que –lo mismo que el paso Copahue, más al norte– está cerrado, aunque se trabaja para lograr su reapertura. Por el momento, sólo se puede avanzar hasta el hito limítrofe, pero no más allá. Durante el recorrido de las cascadas, niños mapuches a caballo y a pie ofrecen a los visitantes sus tejidos de lana. Es el tiempo de la veranada y por eso los mapuches están cerca de Caviahue: durante el invierno se trasladan a las zonas de invernada, más al norte. El paso de sus manadas de chivos durante el mes de diciembre, cuando los pastores trashumantes movilizan al ganado para el verano, ya es uno de los atractivos turísticos de la región, además de una tradición ancestral en plena vigencia.

En la cascada del Basalto –la más baja de las que se visitan, de unos 12 metros– vale la pena detenerse a observar una curiosidad: son las formaciones de basalto columnar que se elevan como columnas perfectamente verticales, aparentemente talladas por una mano maestra, junto al curso del río. Este basalto fue originalmente lava, que al enfriarse súbitamente por el contacto con los glaciares generó estas formaciones. Otras formaciones volcánicas son las de los Riscos Bayos, cerca de Loncopué, que tomaron distinta forma por su enfriamiento lento, ya que no tuvieron contacto directo con los glaciares. En Caviahue y Copahue la naturaleza nunca permite olvidar que estamos parados sobre una zona de intensa actividad volcánica, y que bajo nuestros pies la tierra bulle y suelta calor en forma de lava, cenizas y fumarolas de distinta intensidad.

Después de las caminatas, el regreso a Caviahue promete un atardecer tranquilo: esta villa cordillerana apostó al turismo de descanso, complementario del turismo de salud que es la marca registrada de Copahue, y su escasa vida nocturna se cambia por un descanso sumergido en el silencio infinito, bajo el manto protector de la noche estrellada.

COPAHUE TERMAL La existencia misma de Copahue, a unos 2000 metros de altura y al pie del volcán, sobre una hoya glaciaria, prueba la voluntad humana de desafiar a la naturaleza. Esa naturaleza que –recuerdan los guías de la región– da y a la vez quita: da increíbles afloramientos volcánicos, lagunas de agua termal, barros ricos en minerales; y lo quitadurante el invierno sepultándolo bajo un manto de nieve de varios metros de espesor. Entre los años ‘99 y 2000 funcionó en Copahue un proyecto, pionero en América del Sur, gracias al cual las calles del poblado fueron calefaccionadas con vaporductos que llevaban el vapor bajo la superficie mediante un sistema de serpentinas, y permitían derretir la nieve. Las calles quedaban despejadas, y a los costados las bardas blancas formaban paredones de varios metros. Sin embargo, por una elección inadecuada de los materiales –el vapor es altamente corrosivo– las tuberías se dañaron y hoy funcionan apenas en el 20 o 30 por ciento de su capacidad. Queda como promesa la posibilidad de que Copahue vuelva a ser la única ciudad con calles calefaccionadas en la región, una iniciativa que sin duda permitiría aprovechar las propiedades de las aguas termales también durante el invierno. Por ahora no es posible: a principios de mayo, cuando concluye la temporada, en Copahue parece que se aproxima la guerra: las pocas casas y hoteles se cierran, las puertas y ventanas se protegen con listones de madera, las cabañas forman con postigones una barricada contra la nieve. Y en diciembre, cuando por fin el manto blanco se derrite y empiezan a llegar los turistas, hay que reparar los daños de la nieve. Copahue no tiene población permanente: la mayoría de sus habitantes provienen de Loncopué, y se instalan en la villa sólo durante la temporada. Durante el invierno queda un destacamento de gendarmes, ya que está cerca de la zona fronteriza. Y sin embargo Copahue vive y recibe en temporada unos 15.000 turistas, que aquí se llaman “curistas”, ya que se hacen curas termales. El lugar lo merece: aunque el centro de balneoterapia recuerda más a un centro de salud que a un spa (Copahue tiene un fin terapéutico y todos sus tratamientos están controlados por médicos), geográfica y geológicamente es un lugar extraordinario. Además, en los últimos años está potenciando su oferta para tratamientos antiestrés y de belleza, con circuitos especiales que aprovechan los variados recursos del lugar.

Se llega a Copahue después de recorrer 18 kilómetros desde Caviahue por un camino consolidado que va en ascenso hasta que en una curva del camino aparecen, en la hoya, los techos de Copahue. También el olor del ambiente va anunciando la llegada a las termas: flota un aroma a sulfuro y azufre que se siente más los días de calor, y recuerda la importante actividad geológica que trabaja sin pausa bajo los pies de los visitantes. Lo mismo sucede en dos afloraciones cercanas, Las Máquinas y Las Maquinitas, no explotadas comercialmente. Las termas de Copahue son de aguas profundas de origen volcánico: surgen de la tierra y a medida que van pasando por sus distintas capas se enriquecen con minerales. La temperatura a la que llegan a la superficie la da la tierra, ya que no hay artificio de calefacción alguno.

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A orillas del lago se extiende el pequeño poblado de Caviahue, al pie del volcán Copahue.
Imagen: Graciela Cutuli
 
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