turismo

Domingo, 19 de febrero de 2006

MENDOZA > LA FIESTA DE LA VENDIMIA

La celebración del vino

El fin del verano señala el comienzo de la cosecha y de la gran Fiesta de la Vendimia, que se celebra primero en cada departamento de la provincia y luego en la capital mendocina –del 26 febrero al 5 de marzo–, inspirada en las
virtudes de las uvas y el vino. Desfiles de carrozas, la elección de la reina y degustaciones especiales en las bodegas más famosas le ponen color y sabor a la fiesta.

 Por Graciela Cutuli

Aunque la producción vitivinícola argentina va en aumento, tanto en cantidad como en calidad y los viñedos de distintos varietales ya se extienden desde Salta hasta Río Negro, la estrella nacional del vino sigue siendo Mendoza. Todos los años, junto con el mes de febrero empieza a palpitarse la gran fiesta de las uvas y la cosecha, que en el primer fin de semana de marzo llega a su apogeo con la Fiesta Nacional de la Vendimia, una auténtica celebración de los frutos de la tierra que tiene enorme repercusión turística, de la mano no sólo del vino y las visitas a las bodegas, sino también de un nutrido calendario de actividades.

En la ciudad se respira aire de fiesta: todo está listo para el desfile de carrozas temáticas por las calles mendocinas, que precede al acto central, este año previsto para el 4 de marzo. Mendoza se empapela con las caras de las reinas departamentales de la vendimia, mientras las conversaciones dominantes de casas y calles se inclinan por una u otra candidata. El interés es contagioso y hasta los turistas que al principio parecen algo ajenos al fervor mendocino terminan por familiarizarse con cada detalle de los preliminares, entusiasmados con una fiesta cuya popularidad sorprende a los cada vez más numerosos visitantes extranjeros.

COSECHA A LA VISTA Los orígenes de la fiesta actual se remontan a 1913, cuando un congreso de industria y comercio realizado en Mendoza terminó con un desfile de vendimiadores y carrozas alegóricas. Fue la primera vez que la celebración tomó estado público, fuera de los festejos habituales de los agricultores, que acostumbraban terminar la cosecha con cantos, bailes, vino y una niña a la que coronaban como reina. Siguió una pausa de años, hasta que en 1936 dos funcionarios provinciales oficializaron la primera Fiesta de la Vendimia: uno de ellos, Frank Romero Day, es recordado hoy en el nombre del anfiteatro donde se realiza cada año el acto central. Con el tiempo se fueron agregando la marcha de la vendimia, el desfile de carrozas alegóricas, la elección de la reina y la bendición de los frutos. Esta bendición es un acto artístico-religioso que se organizará el 26 de febrero en el Cristo de los Cerrillos, de Tupungato: se trata de un agradecimiento por los frutos recibidos frente a la Virgen de la Carrodilla, virtual protectora de la vendimia y Patrona Celestial de los Viñedos.

Este año hay motivos para agradecer: el clima benigno, con pocas lluvias y aisladas tormentas de granizo, parece favorecer la maduración de las uvas para que la cosecha del 2005-2006 sea digna de recordar. La noche anterior a la fiesta central, el viernes 3 de marzo, se realizará la Vía Blanca, un desfile de carrozas por las calles del centro mendocino. Los temas clásicos son el sol, el vino, los frutos de la tierra; sin embargo, no faltan las referencias al granizo y los otros problemas que complican la vida del agricultor. A la cabeza van la reina y la virreina salientes, seguidas por las reinas nacionales invitadas –elegidas en otras fiestas, como la Fiesta Nacional del Mar– y las reinas departamentales. Van entregando a su paso toda clase de regalos, desde botellas de vino hasta botellas de agua mineral mendocina, frascos de dulces y por supuesto uvas recién cosechadas, que arrojan por doquier. A la mañana siguiente, el mismo desfile se repite, con el nombre de Carrusel, y a plena luz del día. Pero el público no se cansa: una vez más reserva su mesa en los bares sobre la avenida San Martín y, mientras cada uno toma su desayuno, va anotando en los folletos “cuentavotos” sus preferencias para la elección de la reina. Todo acompañado por la locución de presentadores que tienen a veces más entusiasmo que acierto y por una omnipresencia del vino que invade incluso los aviones –en los vuelos que llegan durante la semana de la fiesta se sortean botellas de vino– y los menúes de los fast-food, que incorporan variantes como especialidades mendocinas y helados al malbec. Además, se instala junto a la peatonal un Museo del Vino transitorio y por todas partes las caras sonrientes de las reinas –las actuales pero también las del pasado, elegidas desde los años ‘30 a los ‘90– acompañan a los transeúntes.

LA GRAN NOCHE El centro de la fiesta es un sábado por la noche, este año el 4 de marzo, en el anfiteatro griego Frank Romero Day, sobre una de las laderas del Cerro de la Gloria. Quienes visiten el cerro durante el día para conocer el monumento al Ejército de los Andes tendrán la oportunidad de ver cómo se realizan los últimos preparativos para la celebración nocturna, ajustando todos los detalles para una organización perfecta. El tema de este año será “Tierra Mágica”, con un libreto de Walter Neira basado en la relación entre la tierra y el sol, que busca destacar la idea de universalidad y preservación del medio ambiente. La medida de tamaño despliegue la dan los números de este año: 650 personas en escena, unas 4200 piezas de vestuario, entre 1000 y 2000 elementos de utilería y 25.000 fuentes de luz. El anfiteatro está siempre repleto y la demanda es tan grande que a la noche siguiente el espectáculo se repite, exactamente igual que en la inauguración, para que otros miles de personas puedan disfrutarlo. A dos semanas de la fiesta, ya hay varios sectores del recinto –oportunamente bautizados como Tempranillo, Bonarda, Malbec, Chardonnay, Torrontés y Cabernet Sauvignon– totalmente agotados. Pero cuando sus últimos ecos se hayan apagado, la Fiesta de la Vendimia todavía no habrá terminado: el calendario sigue hasta mediados de marzo, con el Rally de las Bodegas 2006 (del 16 al 18) y en abril con el festival Música Clásica por los Caminos del Vino (del 13 al 16).

MENDOZA CIUDAD Además de la vendimia, el clima temperado de fines de verano es ideal para disfrutar de la Mendoza urbana, una ciudad que después del destructor terremoto de 1861 quedó dividida en las partes “vieja” (lo que quedó del casco colonial) y “nueva” (el sector nuevo diseñado por el francés Ballofet). La parte nueva está articulada en torno de la céntrica Plaza Independencia, complementada por otras cuatro plazas –Chile, Italia, España y San Martín–, que conforman un amplio cuadrilátero verde. Las veredas sombreadas, los edificios de principios de siglo que le dan un nostálgico aire señorial y los monumentos discretos revelan la imagen de una Mendoza amable y cortésmente urbana, surcada de acequias que permiten regar el arbolado y son la marca distintiva de una ciudad nacida a la vera de un paisaje montañoso y desértico.

El terremoto barrió con algunos símbolos del pasado, como la casa de San Martín, pero parte de la historia mendocina se puede rescatar en la Basílica de San Francisco (copia de la parisiense Eglise de la Trinité), la Casa de Gobierno, que conserva la bandera original del Ejército de los Andes, el Museo del Pasado Cuyano y el encantador Pasaje San Martín, que fue durante muchos años el edificio más alto de la ciudad. Sobre la avenida Las Heras, un Museo Popular Callejero relata la vida cotidiana de esta calle en una serie de módulos vidriados que evocan imágenes de la inmigración, el tranvía y la llegada del ferrocarril.

La Mendoza vieja, por su parte, gira en torno de la llamada Area Fundacional, donde funcionaba la urbe colonial. En verdad sólo quedan en pie las ruinas de San Francisco, hoy en proceso de restauración, junto a otros elementos que se pueden ver en el Museo del Area Fundacional. La ciudad antigua abarca la Iglesia de la Merced, patrona del Ejército de los Andes, un acuario y un serpentario, y la Catedral Nuestra Señora de Loreto. Luego, para terminar el recorrido por Mendoza capital, hay que visitar el Parque General San Martín, realizado a fines del siglo XIX sobre un proyecto de Carlos Thays: allí se encuentra el anfiteatro Frank Romero Day y el famoso Cerro de la Gloria, con su monumento al Ejército de los Andes.

Visitar Mendoza es dejarse llevar por el vaivén continuo entre pasado y presente, asistiendo en directo a la evolución de una ciudad que supo hacer mella duradera en la historia argentina y que se proyecta también hacia el presente mediante una actividad económica creciente en cantidad y calidad. Y más que nunca, durante la fiesta de la vendimia se hace patente su enorme riqueza y el potencial que le prometen sus tierras, sus paisajes y el intenso trabajo de su gente.

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Apenas en las afueras de la ciudad de Mendoza ya comienzan los viñedos.
 
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