turismo

Domingo, 2 de julio de 2006

ITALIA > LA CIUDAD DE MILáN

Elegancia a la milanesa

Es la capital italiana del norte y una competencia seria para París en su propio terreno, la moda. Milán tiene detrás de sí siglos de historia en los que privilegió el arte y la música, gracias a una prosperidad económica que no la abandonó nunca.

 Por Graciela Cutuli (texto y fotos)

Todos los días, no importa la hora, es habitual ver que la gente que pasa por la parte central de la Galleria Vittorio Emanuele II, verdadero corazón de esa Milán elegante que parece siempre lista para desfilar por las pasarelas o salir en las páginas satinadas de las revistas, se detiene sobre uno de los emblemas de cuatro ciudades italianas, dibujados en el suelo, para cumplir un extraño rito. Las ciudades son Roma, Milán, Florencia y Turín, en este caso representada por un toro. El rito consiste en pararse exactamente sobre el lugar más estratégico de la anatomía del toro (no hace falta adivinar cuál, ya que están borradas de tanto que se posan allí milaneses y turistas), para dar una vuelta completa sobre los pies: según la leyenda, quien lo logre verá cumplido su deseo de volver a Milán. Un poco como la versión lombarda de la romana Fontana di Trevi. Sin duda, sentarse a tomar un café en algunos de los exclusivos locales de esta Galleria a la que se llama il salotto di Milano (“el salón de Milán”) es como ver pasar el mundo frente a los ojos, sin prisa y sin pausa, en un salón mundano de dimensiones gigantescas: Milán, verdadera capital económica de Italia, atrae turismo de ocio y negocios de todo el mundo, y contagia su gusto natural por la elegancia –aquí nada se siente forzado, por ostentoso que sea– a todo el que la visita. Si esa elegancia la convirtió en una de las capitales mundiales de la moda, disputándole el cetro a la mismísima París, no se puede decir que se trate de un fenómeno nuevo: en el pasado tomó la forma de la veneración hacia el arte y la música, dos tradiciones que Milán sigue cultivando en los albores del siglo XXI, y que tienen sus mejores representaciones en dos de los más emblemáticos sitios de la ciudad, dos que no se pueden dejar de conocer por corta o larga que sea la visita: el Teatro Alla Scala, y la Pinacoteca di Brera.

La Scala de Milán. El teatro lírico más importante del mundo se inauguró en 1778 con una ópera de Antonio Salieri.

MUSICA, MAESTRO

Aunque haya corrido mucha agua bajo el puente, las cosas no cambiaron tanto desde que cantaba el popular Quartetto Cetra: “In un vecchio palco della Scala, / nel gennaio del novantatre / spettacolo di gala, / signore in decolletee, / discese da un romantico coupee. / Quanta e quanta gente nella sala, / c’e tutta Milano in gran soirée...”. Hoy como ayer, en la Scala se encuentra “toda Milán, de gran soirée”, y este teatro lírico –el más importante del mundo– tiene todo el esplendor con que quiso dotarlo María Teresa de Austria cuando ordenó su fundación, después del incendio que el 26 de febrero de 1776 destruyó el Teatro Regio Ducale, antigua sede de los espectáculos líricos en Milán. Se inauguró dos años después, con una ópera de Antonio Salieri, que pasó a la historia como el gran rival de Mozart. Luego vendrían Rossini, Donizetti, Bellini, y finalmente Verdi, que a pesar de algunas interrupciones ligó para siempre el destino de sus grandes óperas al de este teatro milanés, del mismo modo que años más tarde lo haría el director Arturo Toscanini. Lo mejor que puede hacerse es tratar de conseguir una entrada y asistir a una representación: todas las palabras se quedan cortas para describir la profundidad y riqueza de la experiencia de una ópera en la Scala. Sin embargo, hay que ser previsor o valerse de los servicios de Internet: las localidades se venden con muchas semanas de anticipación, y no es fácil encontrar lugar para el turista recién llegado. Más fácil y accesible es el Museo Teatral situado junto al teatro, que se creó cuando la Scala compró la colección de un importante anticuario parisiense. Allí se puede realizar un recorrido por la historia del teatro, sus decorados, vestuarios y accesorios, sin olvidar las muchas anécdotas que fueron naciendo en años de representaciones, en parte también gracias a los caracteres muchas veces fuertes o excéntricos de los directores de orquesta y de las estrellas del bel canto.

ARTE A LA MILANESA

Si del arte acústico se pasa al visual, Milán no se queda atrás. Y esto no es fácil en un país donde las “competencias” artísticas incluyen la Galleria degli Uffizi florentina, o la VillaBorghese romana. Saliendo de la Scala, a pocos minutos de caminata, la Pinacoteca di Brera abre sus puertas para admirar una magnífica colección de arte que va desde el Renacimiento hasta el siglo XX: el célebre Cristo muerto pintado por Mantegna, la Cena en Emaús de Caravaggio, la Boda de la Virgen de Rafael, el retrato de Moisé Kisling de Modigliani, o las innovaciones de Carlo Carrá que abrieron paso al futurismo italiano. Sin olvidar un cuadro muy famoso, El beso, de Francesco Hayez, cuya imagen de una pareja besándose inspiró la fotografía más tradicional que ilustra desde hace años las cajas de bombones Perugina, el más italiano de los chocolates italianos. Además, el propio edificio de la Pinacoteca merece visitarse por su valor arquitectónico: este imponente palazzo del siglo XVII sirve de sede también a la Biblioteca Nacional Braidense, el Observatorio de Brera, el Jardín Botánico y la Academia de Bellas Artes. Aunque hoy sea difícil imaginarlo, cuando se construyó estaba situado en la terra braida (es decir, el campo de las afueras), de donde surgió el nombre actual de Brera.

Milán tiene además la no menos importante Pinacoteca Ambrosiana, construida por el cardenal Borromeo, dueño de una impresionante biblioteca y colección de manuscritos que se conserva intacta en el lugar. De los manuscritos de Leonardo Da Vinci, el paso de Napoleón por Milán dejó sólo el Codice Atlantico, pero la Pinacoteca es sorprendentemente rica en otras obras infaltables en las antologías de la historia del arte: la Canasta de Frutas de Caravaggio, el Retrato de un Músico de Leonardo (y otro retrato de una dama que también se le atribuye), o la Virgen del Baldaquino de Botticelli, entre una extensa lista. Estas obras figuran siempre en la colección que se visita, tan extensa que una parte va siempre rotando por los depósitos y las salas de exhibición del museo.

Finalmente, el triángulo de arte milanés no puede completarse sin la tercera punta: en esta ciudad se conserva la Ultima Cena de Leonardo Da Vinci, famosa por los avatares de sus sucesivas restauraciones, que han provocado a veces a lo largo del tiempo más daños que beneficios. Para las legiones de admiradores del Código Da Vinci, la obra reavivó el interés por Leonardo y el lugar donde se encuentra el impresionante fresco, el convento Santa Maria delle Grazie. Coronado por la elegante cúpula de Bramante, esta iglesia concentra las visitas del mundo gracias al refectorio, donde Leonardo pintó la famosa escena de la última cena de Cristo y sus discípulos, rica en detalles que sólo pueden apreciarse desde muy cerca. Esta obra es la mayor del artista florentino, y también la única de sus pinturas murales que se conserva hasta hoy. El gran deterioro sufrido por el tiempo se debe a que Leonardo desdeñó utilizar la técnica tradicional del fresco, pero sus modificaciones resultaron desafortunadas.

EN EL FINAL, EL PRINCIPIO

Esta visita por los lugares imperdibles de Milán, esos que se visitan tanto la primera vez como las siguientes, porque representan el alma verdadera de la ciudad, no puede sino concluir o empezar en el más famoso de sus edificios: el Duomo, una de las catedrales góticas más grandes del mundo, que indica el centro geográfico de la ciudad y revela el inmenso poderío económico que tuvo desde hace siglos. El proceso de edificación comenzó por orden de un Visconti –la familia que junto a los Sforza ligó su destino al de Milán– y concluyó recién cinco siglos más tarde, por impulso de Napoleón. No hacía falta menos para levantar las 135 flechas del techo y las más de 2 mil estatuas que coronan el conjunto, rico en variedad de estilos gracias al tiempo que llevó terminarlo. Desde la terraza de la catedral la vista es impresionante, tanto sobre las flechas como sobre la plaza, un verdadero hormiguero de transeúntes, turistas... y palomas.

Arte, sofisticación y elegancia en las vidrieras milanesas.

Cuando se construyó el Duomo, sin duda Milán estaba lejos de ser la capital de la moda que es hoy: pero para el visitante actual, la tentación de recorrer los negocios céntricos para admirar las vidrieras (sólo los bolsillos muy bien provistos en euros pueden hacer algo más queadmirarlas) es inevitable. Ferré, Ferragamo, Armani, Versace, Prada, todas las grandes firmas de la moda italiana tienen sus sedes en Milán, a las que en algunos casos sólo se puede acceder por invitación. Y si no, basta pasear un poco por las calles para descubrir que son los propios habitantes los primeros en buscar distinguirse por la vestimenta, y en invierno por unas pieles útiles para combatir el frío intenso, aunque sean muy poco políticamente correctas.

La espléndida cúpula vidriada de la Galleria Vittorio Emanuele II.

Quienes visiten Milán este verano europeo, hasta el 30 de julio podrán disfrutar de la muestra Milano Ottagono, que se realiza en la Galleria Vittorio Emanuele II, con un extenso abanico de debates, reuniones, presentaciones y actividades culturales, en las áreas de arte, literatura, poesía, cine, deporte, política, ambiente, moda, salud y turismo. La programación incluye música en vivo con artistas italianos, una muestra internacional de jazz, una semana de eventos dedicados a los países mediterráneos y numerosos espectáculos para los más chicos. Todo, con acceso libre, bajo la espléndida cúpula vidriada de la Galleria.

DATOS UTILES

El aeropuerto de Milán, Malpensa, concentra gran parte de los vuelos internacionales que llegan a Italia, y es un importante nodo de comunicación con el resto de Europa. Una vez en la ciudad, conviene alojarse en la zona céntrica y dejar la tentación de alquilar un vehículo para los conocedores del tránsito local.

  • Teatro Alla Scala: Piazza della Scala, tel. 02-861831. Se puede consultar la programación en su sitio oficial.
  • Pinacoteca Ambrosiana. Piazza Pio XI, 2 20123 Milano, Italia. Tel.: 02-80692.1 - Fax: 02-80692.210 - E-mail: [email protected]
  • Pinacoteca di Brera. Via Brera 28, tel. 02-722631 - www.brera.beniculturali.it
  • Santa Maria delle Grazie. Piazza Santa Maria delle Grazie 2, tel. 02-4987588.
  • Duomo de Milán. Piazza del Duomo, tel. 02-86463456. Ingreso libre a la catedral, ingreso pago a la terraza.
  • Información sobre turismo en Milán: www.turismo.comune.milano.it

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La Ultima Cena de Leonardo Da Vinci está en el Convento Santa María delle Grazie.
 
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