turismo

Domingo, 23 de julio de 2006

RUTA 3 > POR EL NORTE DE LA PATAGONIA COSTERA

Recuerdos de la frontera

Al sur de Bahía Blanca se borran las diferencias y los límites entre la Patagonia y la Pampa. La Ruta 3, que cruza grandes extensiones despobladas, pasa de sorpresa en sorpresa hasta llegar a Carmen de Patagones, donde cada esquina conserva huellas de la historia.

 Por Graciela Cutuli

Cuando se mira un mapa, la Ruta 3 traza un corte recto en medio de ese apéndice o “pata” que tiene la provincia de Buenos Aires hacia el sur, y que se adentra en la Patagonia. Caprichos de los mapas, pero también algo más que eso. Una zona de frontera, en el sur del centro del país, y el norte del sur. A primera vista, ese tramo de ruta entre Bahía Blanca y la provincia de Río Negro parece un solo brazo de estepa con pocas paradas dignas de atención, en medio del viento patagónico que ya empieza a barrer el paisaje. Sin embargo, en poco menos de 300 kilómetros de la Ruta 3, hay muchas sorpresas para los viajeros y turistas entre Bahía Blanca y Viedma. Este recorrido, emprendido por quienes van a los balnearios de Río Negro, o bien a visitar la costa patagónica en verano, vuelve a ser actual ahora que las ballenas llegaron a las costas de Chubut y de Río Negro (son cada vez más numerosas, y hace varios años que ya desbordaron las aguas del golfo Nuevo para invernar a lo largo de las costas del golfo San Matías). En consecuencia, es una buena opción para las vacaciones de invierno. Además la ruta es la mejor de las aulas, para grandes y chicos, para ver en la realidad cómo se da la transición entre la Pampa y la Patagonia, tanto en cuanto al clima cuanto al paisaje. Kilómetro tras kilómetro, los pastizales se transforman en una estepa de arbustos espinosos, y los verdes se vuelven un amarillo tenue en el horizonte. El viento cobra cada vez más fuerza y cada río que se pasa marca un descenso de temperatura, como si se bajara también en la graduación de un termómetro virtual marcado sobre el mapa de esta porción de la Argentina.

Kilómetro tras kilómetro, la Ruta 3 es el cordón umbilical de la civilización para toda una región donde cada pueblo forma un oasis de vida en medio de la inmensidad patagónica. La costa nunca está lejos, pero no se la ve. A diferencia de otras regiones costeras, las pocas poblaciones le dan la espalda y viven tierras adentro. Saliendo del norte, el primero de estos puntitos sobre el mapa es Mayor Buratovich. Un puesto estratégico porque provee combustible para los automovilistas desprevenidos y engañados por las enormes distancias que se abren de repente al sur de Bahía Blanca.

El triángulo de Pedro Luro

A orillas del río Colorado, que es la frontera natural de la Patagonia y fue durante mucho tiempo una especie de límite entre el mundo indígena y el de los colonos, Pedro Luro es el único centro poblacional de relevancia en este tramo de la ruta. Luego de la Conquista del Desierto, las tolderías dejaron lugar a una colonia agrícola próspera, que vive de cultivos de regadío con las aguas del río. El desierto resalta su importancia. En medio de la nada, sus casas bajas y sus calles tranquilas rebosan de actividad y de vida, y los campos fértiles que lo rodean forman manchas de todos los matices de verde en el paisaje. Pedro Luro, que entonces no se llamaba así, fue uno de los confines de la civilización agrícola de la joven Argentina.

Es hoy el punto de parada obligado en la Ruta 3, por su famoso triángulo turístico, el principal centro de la punta sur de la provincia de Buenos Aires. En pocos kilómetros se mezclan historias de fe y de luchas, de indios y de soldados, pintando aguafuertes de cómo se vivía en esta frontera en tiempos de la Conquista del Desierto.

El Triángulo de Pedro Luro está compuesto por termas, un fortín histórico y un balneario sobre una laguna. El núcleo poblacional fue el Fortín Mercedes, ubicado a unos tres kilómetros de la localidad, del otro lado de la Ruta 3. Se encontraba sobre la frontera y la línea de defensa al sur de las tierras colonizadas hasta la Conquista del Desierto. Fue durante muchos años un punto de defensa, pero también de intercambios y de encuentros culturales entre los colonos, los soldados y los indígenas. El fortín entró en la historia del país cuando recibió a las tropas del general Roca en su campaña de 1879. En 1966 fue reconstituido fielmente y muestra cómo eran los puestos militares fronterizos, rodeados de una empalizada, con mangrullos, cañones y algunas barracas, hoy transformadas en salas de museo que recrean escenas de la vida de los gauchos y soldados.

Al lado del fortín, un moderno museo muy bien instalado completa la visita con interesantes muestras sobre la fauna y la flora de la región, sobre la época de la Conquista del Desierto, la vida cotidiana de los tehuelches y una colección de objetos y recuerdos de Ceferino Namuncurá, cuya historia está vinculada con este lugar apartado de la Patagonia.

Junto al fortín se levanta todo un complejo espiritual, que reúne un colegio salesiano, un hotel para peregrinos y la iglesia (de 1920, construida con aportes financieros de estancieros de la región), donde está el Mausoleo de Ceferino. El nieto e hijo de caciques que dejaron su huella en la historia nacional había nacido en Chimpay, a orillas del río Colorado, y mostró mucho fervor religioso a lo largo de su corta vida. Hace tiempo el Vaticano lo declaró venerable, y está ahora en proceso de beatificación. Sus restos, traídos luego de su muerte en Roma, están en el Mausoleo. La multitud de placas que cubren paredes enteras del complejo religioso demuestra la importancia de las peregrinaciones que tienen este lugar como destino.

Menos espiritual, pero igualmente convocante –sobre todo en verano–, la laguna La Salada es el mayor lugar de distracción de la región. Esta laguna cubre unas 450 hectáreas, con instalaciones para comer y practicar deportes acuáticos y pesca. Hay lindas playas y buena vegetación para optimizar el día. Y por si fuera poco, se pueden avistar aves, como flamencos, cisnes y patos.

El triángulo se cierra en las aguas cálidas de varios centros termales situados alrededor de Pedro Luro. El Hotel Termas, a cinco kilómetros del centro del pueblo, tiene aguas que brotan a 70ºC, de una perforación que se hizo en los años ’40 a casi 1000 metros de profundidad. Se puede tomar baños o alojarse para tratamientos prolongados en el hotel. Las aguas tienen virtudes curativas para la anemia, raquitismo, reumatismo, artritis y enfermedades de la piel. Hay otro centro termal, a más de 50 kilómetros de Pedro Luro hacia el sur, en dirección a Carmen de Patagones. En la pequeña localidad de Villalonga, al borde de la Ruta 3, el Hotel Termal Los Gauchos cuenta con un lago artificial de dos hectáreas que recibe aguas con mucho yodo, hierro y bromo, a temperaturas de 80º C. Estas aguas llegan desde una profundidad de 1114 metros, y curan afecciones de la piel y reumáticas.

La Ruta 3, ya lejos de Pedro Luro, depara una última sorpresa antes de llegar a Carmen de Patagones. En Stroeder, además de recargar combustible por si hace falta, se puede descubrir este pueblito rural, formado casi en exclusividad por descendientes de alemanes del Volga, que mantienen vivas las tradiciones de su comunidad y de Europa Oriental.

Ciudades hermanas

Carmen de Patagones y Viedma son dos ciudades hermanas, pero no gemelas, dos puntos en el mapa que parecen uno solo aunque en realidad son muy distintas. Fueron fundadas el mismo año, en 1779, y están unidas por vínculos poblacionales, culturales y laborales. Parecen una sola, pero su fisonomía y sus condiciones son distintas. Carmen de Patagones, en la margen norte del río Negro, es más chica, y es la ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires. Viedma, sobre la orilla sur, es capital provincial y cuenta con el doble de habitantes.

La más linda y entrañable de las dos es Carmen de Patagones, tanto por su paisaje como por la historia que brota de su centro histórico. Viedma, por su parte, se extiende sobre la planicie de la margen sur del río, y conservó pocos testimonios de su pasado. Aquí la visita se completa con un paso por la plaza San Martín, flanqueada por edificios oficiales y un museo histórico, y la plaza Alsina, con la Catedral y otro museo (sobre las técnicas de riego y el uso del agua, temas vitales en esta parte del país). Se va de una a otra ciudad por el puente Villarino (en el oeste) o el Ferrocarretero (en el este), o bien embarcándose en las lanchas de pasajeros que van y vienen de los dos muelles. Se trata de uno de los últimos servicios de transporte fluvial de pasajeros que sigue existiendo en la Argentina, con la red de transporte del Delta del Tigre. Sobre la margen norte del río, frente al puente Ferrocarretero, el Cerro la Caballada ofrece el mejor panorama sobre las dos ciudades, sobre el río, y sobre la planicie patagónica, hacia el oeste. Al anochecer, es el lugar ideal para ver hermosas puestas de sol. Sobre este cerro un monolito recuerda un episodio olvidado de las glorias militares de la joven Argentina. En 1827, enfrentada con el Imperio de Brasil, algunos buques militares brasileños llegaron para destruir el fuerte de Carmen, pero los marinos patagones y los gauchos los derrotaron. Desde entonces Carmen festeja cada 7 de marzo esta victoria como un Día de la Tradición y la Soberanía.

En las margenes del rio

Aires de otros tiempos. Una antigua esquina en Carmen de Patagones.

Carmen de Patagones, con sus imperdibles vistas al río, desde la barranca sobre la cual está edificada, ha sabido preservar en buena parte su patrimonio histórico, que mira hacia el sur y hacia las infinidades de la Patagonia. Para conocer la historia de la ciudad, es imprescindible visitar el Museo Histórico Regional. En sus salas se muestra con objetos y documentos cómo se vivía en lo que fue, durante mucho tiempo, el más alejado poblado del país. Este museo forma un complejo con otros edificios históricos, donde se muestra la historia de la ciudad y la región (los guías acompañan a los visitantes de un edificio a otro, en una visita a ciudad abierta): la Carlota, la Tahona y la Torre del Fuerte.

Esta torre fue construida en 1780 y sirvió de punto de observación y de defensa contra malones indígenas y ataques provenientes del mar. La Casa de la Tahona, un antiguo molino, funciona ahora como Casa de Cultura. La Carlota mantiene hoy todavía el aspecto de rancho colonial de adobe con techo de paja, el mismo que ya tenía cuando se lo construyó a fines del siglo XVIII. Los primeros colonos españoles llegaron en 1779, y antes de poder instalarse en tales ranchos tuvieron que vivir en cuevas en las barrancas sobre el río. Son las llamadas “cuevas maragatas”. Hay algunas en el centro de Carmen de Patagones que se pueden visitar, a poca distancia del Museo. También quedan otras en las afueras de la ciudad, en dirección a la costa y el balneario La Baliza.

Otros edificios históricos de Carmen de Patagones son la Casa de Rial, de 1821, y la iglesia Nuestra Señora del Carmen, cuya santa patrona dio el nombre al poblado. En esta iglesia, construida en 1880, se conserva una imagen de la virgen de 1780, enviada por el virrey Vértiz y que goza del privilegio de ser la más antigua del sur argentino. También se pueden ver algunas de las banderas brasileñas capturadas durante la batalla naval de 1827. Finalmente, en esta iglesia están los restos de Luis Piedrabuena, el hijo más famoso de la ciudad, que había nacido en una casa al borde del río, cerca del actual muelle de lanchas.

El Fortín Mercedes muestra cómo eran los puestos militares fronterizos en el siglo XIX.

Una visita a Carmen de Patagones no puede estar completa sin un regreso a Viedma, para verla de nuevo, luego de haberla recorrido, bajando y subiendo por sus calles. Entonces, su silueta blanca, que se dibuja sobre la barranca del río, deja de ser una sucesión de edificios para cobrar vida. Los campanarios y las fachadas son como las líneas de una historia llena de colonos, de pioneros, de batallas, de indios y de exploradores, que se leen en un solo panorama. Esta historia es la de la Patagonia, la del último confín por explorar del siglo XIX, ayer nomás. El Fortín Mercedes cuidaba la frontera de aquellos tiempos. Carmen de Patagones sigue cuidando la frontera hacia el mundo de aventuras y de sueños que es la Patagonia.

Datos Utiles

En Pedro Luro:

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Carmen de Patagones, en la margen norte del río Negro, es la ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires.
 
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