turismo

Domingo, 18 de febrero de 2007

PERU CULTURA AFRO

Los reyes vienen bajando

La región de Ica es el centro de una tradición poco conocida del Perú, la de la música afro creada por los esclavos negros y sus descendientes. Una historia de fiestas locales, desfiles y un estilo de canto y zapateo literalmente únicos.

 Por Mariana Lafont

Perú es famoso por las célebres ruinas de Machu Picchu y toda la riqueza del legado incaico. Pero allí vive también la rica y maravillosa cultura afroperuana asentada desde hace siglos en el departamento de Ica (a poco más de 200 kilómetros al sur de Lima) en localidades como Chincha y El Carmen. Allí el repiqueteo es incesante y mientras los hombres zapatean, las mujeres menean sus caderas al ritmo de tambores y cajones peruanos.

Los chicos de Ica preparados para salir en la fiesta de la Santa Melchorita, pieza única en el folklore peruano.

Es el caso de los Ballumbrosio, una prolífica familia de artistas (catorce hermanos, en su mayoría músicos) de gran trayectoria que se han convertido en símbolo de la música afroperuana. Para Amador Ballumbrosio (cabeza de este clan) todos son amigos, todos son familia y su frase “Vamo’ pa’ Chincha familia” terminó convertida en un slogan de la zona. Las puertas de su casa en El Carmen siempre están abiertas, en particular para la fiesta de los Reyes Magos.

Esclavo pasado

En esta región del Perú la raza negra impera con todas sus manifestaciones culturales. Su población es mayormente agrícola y vive, principalmente, de la venta del algodón. Sus primeros pobladores fueron negros traídos de Angola, mandingas (un grupo étnico de Africa Occidental) que comenzaron a arribar durante la colonización de América y lo hicieron hasta 1854 (año en que fue abolida la esclavitud) para trabajar en las haciendas algodoneras. Fiel reflejo de este pasado esclavista es la hacienda San José, ubicada en El Carmen. Esta hacienda es una de las más importantes de la zona, no sólo por su gran producción azucarera, sino también por la gran cantidad de esclavos (más de mil) que llegaron a trabajar en sus tierras. Este lugar también guarda, lamentablemente, terribles historias y vestigios de lo que fue la esclavitud en Perú. Sin embargo, a pesar de que este duro pasado permanece vivo en la mente de los habitantes afroperuanos (a través de las letras de las canciones, la música y el baile que inmortalizan lo que sus ancestros, al término de cada faena, solían hacer para alegrarse un poco la vida) también es cierto que generación tras generación trata de superarlo con devoción y alegría, intentando alejar el rencor.

Mix de fiestas

El 6 de enero es una fecha de gran importancia en un país tan católico y creyente como Perú y lo que se conmemora es la bajada de los Tres Reyes Magos con obsequios para el niño Dios. Sin embargo, en Ica se da una llamativa combinación de festividades. Por un lado, la Fiesta de la Melchorita (que en realidad es la más importante) y por el otro, la Bajada de Reyes.

Don Amador Ballumbrosio, patriarca de un clan musical de catorce hermanos.

La beatita (así llamada por los lugareños) Melchora Saravia Tasayco (1897-1951) fue una terciaria franciscana de gran amor por los desvalidos, de severa vida ascética y gran defensora de los descendientes de esclavos. Por esa razón los negros la consideran su santa y cada 6 de enero honran su nacimiento con todo tipo de obsequios. Al mismo tiempo, y con respecto a la Bajada de Reyes, lo que los chinchanos celebran no es exactamente la bajada en sí sino el protagonismo de un negro (Melchor, el único rey mago negro) en un hecho tan importante de la religión católica.

Los festejos comienzan bien temprano. Desde el alba los negros de El Carmen van en procesión hacia la plaza mayor de Ica, capital del departamento. Mientras los hombres zapatean, las mujeres rezan a la Melchorita y los niños encabezan el peregrinaje. El zapateo, de gran riqueza rítmica, representa una importante ofrenda para la “santa de los negros” ya que los hombres van de una localidad a la otra (son varias horas andando) brindándole sus mejores pasos.

El zapateo fue incorporado a la danza por la población de ascendencia africana y, en general, se zapatea de dos maneras: colectivamente (luego de cantar cada estrofa de la canción) o individualmente (en contrapunto o competencia). Dada su complejidad, algunos sostienen que en este característico elemento cultural de procedencia africana se encuentran patrones rítmicos derivados de la música que solía hacerse con tambores. Ya que, debido a las condiciones sociales que la esclavitud imponía (los amos prohibían el uso de tambores) y a la aridez de la costa peruana, se perdieron muchos instrumentos musicales como tambores y marimbas. De ese modo, es probable que la rítmica que se ejecutaba en esos instrumentos se trasladase a una ejecución de tipo más corporal. De hecho, en la actualidad se puede considerar el zapateo más como un instrumento musical que como una parte del baile.

Dos chicos sentados sobre sendos “cajones”, el literal nombre del principal instrumento percusivo afroperuano. Fue un invento debido a la prohibición de los tambores en la colonia.

Algo similar ocurrió con el cajón, todo un símbolo de Perú. Este instrumento de percusión es un paralelepípedo de madera con un orificio de salida en la parte posterior que los originarios de Africa y venidos a América comenzaron a utilizar reemplazando a uno de sus principales elementos de expresión: el tambor. Al ser traídos al nuevo continente con escasas pertenencias y al ser despojados de todo, se las ingeniaron para conseguir nuevos instrumentos de percusión. De ese modo, aparecieron las cajas, que según los amos no eran tambores y por esa razón no les prestaron demasiada atención y jamás pensaron que “esas cajas” evolucionarían de la manera que lo hicieron.

Durante la celebración hay muchísimos niños ya que se los hace participar desde pequeños y tanto éstos como los adultos usan unas bandas de tela de distintos tonos con adornos adheridos que simbolizan más obsequios y ofrendas para la Melchorita. Incluso los violines, que son tocados mientras se camina en procesión, están decorados con cintas de colores y adornos simbolizando más presentes. Una vez en la plaza mayor el baile continúa y los violines siguen sonando hasta el anochecer, cuando llega el momento de regresar a El Carmen.

Volviendo pa’l Carmen

Aquí comienza lo que los locales llaman el “saludo familia por familia”, es decir, casa por casa. Mientras la música y el zapateo continúan las calles de tierra del pueblo son invadidas por gente que va siguiendo a los músicos y zapateadores. Así se van visitando las casas que permanecen con sus puertas abiertas. El pueblo entero se convierte en una gigantesca fiesta en la que todas las viviendas se encuentran preparadas para recibir gente y ofrecer a los músicos la tradicional tutuma (una bebida alcohólica elaborada a partir de un fruto llamado tutumo, que crece en la zona).

Entre tanto, las mujeres del pueblo preparan y decoran los pesebres. Estos no son pesebres tradicionales sino que se trata de estructuras recubiertas por papel, cintas y guirnaldas multicolores. Si bien no es oficial, existe cierto tipo de concurso informal en el que las mujeres se esmeran lo más posible para que su pesebre sea el mejor. Un poco antes de las doce de la noche (antes de que el 6 de enero haya culminado) hombres y mujeres se reúnen y todos desfilan detrás del pesebre. Caminan un trayecto, se cruzan con otros y finalmente llegan al lugar donde el pesebre será quemado. Una vez hecha la fogata todos siguen cantando y bailando sin parar alrededor de ésta. La quema es una de las maneras de celebración más básicas e importantes en la cultura negra y simboliza, en este caso, el fin de la larga jornada. El 6 de enero ha culminado y todos pueden retornar a sus hogares.

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