Desde la calle y desde los medios, nadie está tranquilo en un reino cada vez más desunido. La discusión por un segundo referendo, la anomia del gobierno y la constante devaluación de la libra ante el euro.
La parálisis política británica posterior a las elecciones de junio entorpece las primeras conversaciones con los europeos. Los expertos se preguntan a qué está jugando el Reino Unido con respecto a su separación del bloque.
La pérdida de la mayoría parlamentaria y el vertiginoso ocaso de la estrella política de May abrieron una caja de Pandora de la que está saliendo una impredecible galería de alianzas y divisiones. De fondo, la negociación del Brexit.
La primera ministra presentó la ley de salida de la Unión Europea: la oposición en su conjunto la rechazó. Y se habla de contactos paralelos del Brexit entre el líder laborista Corbyn y el negociador europeo Barnier.
Se trata de la primera votación luego de las elecciones generales de principio de junio, en las que May perdió la mayoría absoluta y quedó en una posición de debilidad que la obliga de ahora en más a gobernar en minoría.
La jefa del gobierno regional escocés, Nicola Sturgeon, anunció ayer que suspendía hasta después del Brexit su plan para un nuevo referéndum de independencia, menos de tres semanas después de los m
El apoyo de los unionistas le da a la primera ministra una mayoría teórica de 13 diputados en el Parlamento, siempre que no se le dispare la creciente masa de diputados conservadores disconformes con su gobierno.
No hay caleidoscopio que permita plasmar en formato periodístico este momento de extremada agitación que vive este país donde todo parece estar cambiando a gran velocidad, pero nadie sabe muy claramente en qué dirección.
“Mi impresión es que la oferta británica está por debajo de nuestras expectativas y podría agravar la situación de nuestros ciudadanos en el Reino Unido”, dijo en rueda de prensa el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.
Se reveló que fue la única integrante del gabinete de David Cameron que se opuso a que los ciudadanos de la Unión Europea pudiesen seguir viviendo en el Reino Unido una vez que se produjera la separación del bloque, un statuts que ahora ofrece a quienes tengan cinco años de residencia.