Hablar sobre interculturalidad en estos tiempos es hablar de resistencias, de luchas y desafíos en todo el Abya Yala, el mundo de las Primeras Naciones.
Será esa ley de que los opuestos se atraen, que los brasileños quieren nieve y los argentinos palmeras, la cosa que ahí andan esos bonaerenses por las sierras puntanas.
La sensación de bronca, impotencia y amargura se fue transformando en una oleada callejera política, social y cultural, amalgamada por el componente de amor a la líder popular.
Cuatro futbolistas se pronunciaron en favor de la expresidenta de la Nación.
¿Cuántas personas hay en el mundo que estando encerradas en su casa por una condena amañada puedan provocar que un millón marche en su nombre pidiendo libertad y democracia?
Lo simbólico no es poca cosa. Se lo suele señalar como algo que viene posteriormente o en todo caso adherido subsidiariamente a lo concreto, generalmente menos importante que lo material.
Una multitud se volcó a las calles a protestar por la condena a la expresidenta y no lo hizo con odio, sino con la alegría. Semejante movilización constituye un feńomeno interesante, sobre todo para los que daban por fenecido al peronismo.
Lo negativo del empate 2 a 2 contra Benfica en el Mundial de Clubes y lo que se viene ante Bayern Múnich.