La Selección ganó la final ante Francia y levantó su tercera Copa del Mundo, después de 36 años.
Tras la obtención de la esperadísima y ansiada tercera estrella, la emoción de los protagonistas de 1978 y 1986.
Hoy vuelve a ser primavera. Intensa, olorosa, desafiante. La alegría funda su patria y su bandera: celeste y blanca como una flor de cerezo iluminada a cielo abierto.
El nombre propio de este domingo (que ojalá nunca termine) es Lionel Messi, pero el triunfo pertenece a muchos más que a uno solo.
Argentina padeció el final de manera inmerecida. La definición por penales le puso suspenso a un partido que debió definirse en los 90 minutos.
Una revancha personal para volver a la esencia del fútbol argentino.
El título mundial consagró a un plantel y cuerpo técnico de lujo, pero también al trabajo y apuesta de la AFA, encabezada por Chiqui Tapia.
De esa llegada inesperada como interino a un título en el que mostró capacidad para armar un grupo, potenciar jugadores y exhibirse como un auténtico estratega.
El rosarino no solo alzó y besó la Copa del Mundo en un domingo inolvidable. También derribó marcas en una final épica en Qatar.
Tras la euforia y la emoción, el plantel del seleccionado de Lionel Scaloni tomaron la Copa del Mundo y celebraron el triunfo.