EL PAIS › UN ESTUDIO DEL PAMI REVELA LAS SECUELAS PSIQUICAS EN LOS EX COMBATIENTES DE MALVINAS: EL 40 POR CIENTO INTENTO SUICIDARSE

Las heridas que nunca cicatrizaron

Cuatro de cada diez intentó quitarse la vida alguna vez. Casi la mitad tiene problemas de alcoholismo. Más del 70 por ciento duerme mal. De sus parejas, la mitad teme ser víctima de sus reacciones violentas. Una encuesta elaborada en el PAMI muestra con crudeza el endeble estado psíquico de los veteranos de guerra.

 Por Eugenio Martínez Ruhl

Tiene el rostro duro Marcos Giménez. A simple vista se nota que es un hombre decidido y luchador. Y su cuerpo parece macizo. Pero sus flaquezas aparecen repentinamente cuando empieza a hablar de la guerra de Malvinas. Su voz se vuelve quebradiza al contar que, después del conflicto bélico, él siguió “de guardia” durante años. “No me podía dormir temprano. Estaba en la cama, pero haciendo guardia como en la guerra. Cualquier ruido me exaltaba, y tenía que salir de mi casa a vigilar. Los psiquiatras de las Fuerzas Armadas insistían en recetarme pastillas, pero yo no quería que me doparan. Tenía que haber otra solución. Después de mucho tiempo, encontré un psicólogo que supo cómo tratarme. Lo único que necesitaba era sacarlo, contárselo a él y a la gente. Recordar con alguien a los compañeros que dejamos allá, los que cayeron”, cuenta. El encontró el tratamiento. Fue después de mucho tiempo y de manera fortuita. Con el objetivo de evitar estas situaciones de incertidumbre, tres profesionales de Pami que trabajan en la atención a veteranos que brinda esa obra social se especializaron en sus problemas psíquicos y sociales y los de sus familias, y realizaron un estudio profundo sobre sus patologías. El trabajo revela que el 40 por ciento de los veteranos alguna vez intentó suicidarse, que casi la mitad tiene problemas de alcoholismo y que más de siete de cada diez presenta patologías del sueño.

El estudio es el primero que explora de manera específica los padecimientos de los ex combatientes y plantea las terapias psicológicas, sociales, médicas y comunitarias más acertadas para este grupo particular. Se realizó sobre 200 casos de un universo de 1800 veteranos que acuden a la Unidad de Gestión Local (UGL) 10 de Pami, ubicada en Lanús, para recibir asistencia a través del Programa Nacional de Atención al Veterano de Guerra. A través de encuestas con preguntas pautadas y semipautadas, el trabajo define que el 39,1 por ciento de los integrantes de este grupo social intentó quitarse la vida al menos en una oportunidad, que el 65,2 pensó alguna vez que sería mejor estar muerto y que el 69,5 recuerda con mucha intensidad los hechos que vivió en Malvinas. Entonces, la idea del suicidio aparece como una de las principales patologías por tratar, y las situaciones que lo favorecen, como los estados depresivos y las adicciones, son los objetivos a los que apuntan las terapias.

El informe, por otra parte, indica que el alcohol tiene una gran presencia como adicción entre los integrantes de este grupo social. Consultados sobre la cantidad que consumen, el 47,8 por ciento de los encuestados reconoció que cada vez que toma, ingiere más de un litro. Sin embargo, los autores reseñan que “el porcentaje es mayor cuando se analizan los datos obtenidos de la observación directa”.

“Muchos veteranos experimentaron por primera vez con alcohol en las islas, durante la guerra. Primero por el frío, luego por el miedo, la angustia y el hambre; como medio para olvidar”, señala el estudio, y luego remarca que “muchos de ellos, al volver y no lograr una reinserción social adecuada, sin ayuda terapéutica, sin contención, encontraron en el alcohol aquello que los hacía olvidar y ayudaba a mitigar su angustia existencial”, explican los profesionales en el trabajo.

Los autores del estudio son la psicóloga Margarita Morini, la doctora especializada en psiquiatría forense Araceli Iglesias y el doctor Guillermo Cuneo. Para su realización tuvieron la ayuda del propio Giménez, que asistió en el acercamiento a los ex combatientes desde su experiencia como uno de ellos. Además de lo referido al suicidio, las encuestas que confeccionaron preguntan si el ex combatiente estuvo internado alguna vez en una institución psiquiátrica, si padece o padeció dificultades emocionales que relacione con la guerra, si se considera más irritable que otras personas y si tiene problemas para dormir o mantener el sueño.

Las respuestas reflejaron que:

- El 65,2 por ciento consultó a un psicólogo o psiquiatra alguna vez.

- Que el 86,9 se siente por lo general más irritable que el resto de las personas de su entorno.

- El 65,2 por ciento alguna vez pensó que sería mejor estar muerto.

- El 78,2 presenta patologías del sueño y descanso.

- Casi siete de cada diez recuerda o reexperimenta con mucha intensidad los episodios que vivió en Malvinas.

En cuanto a los síntomas que presentan más comúnmente, el trabajo enumera “angustia, temor, culpa por estar vivos, bronca, patologías del sueño, ataques de pánico, sensación de ahogo, llanto inmotivado, nerviosismo e impulsividad”.

En diálogo con Página/12, la psicóloga Morini explicó que la de los veteranos “es una comunidad muy cerrada, tanto en lo que respecta a ellos mismos como a sus mujeres y sus hijos. No aceptan la intervención de gente de afuera, por eso a nosotros como profesionales nos costó mucho entrar”. Y comentó que estos resultados son tan novedosos porque “cuando volvieron de la isla, a los soldados conscriptos los militares les lavaron la cabeza para que se oculten, para que tengan vergüenza. Entonces, nunca exteriorizaron sus secuelas, sobre todo las psicológicas”.

El trabajo no se limitó a verificar las patologías que sufren los ex combatientes, sino que también investigó sobre las consecuencias que sus problemas tienen sobre el ámbito familiar. Para eso, a cada encuesta a un ex combatiente se agregó una entrevista a su esposa o compañera. De estas últimas surgen datos como que:

- El 53,3 por ciento de las consultadas tiene temor a las reacciones violentas de su marido.

- El 60 por ciento se siente lastimada emocionalmente por las conductas de su pareja.

- El 51,6 sintió durante el último año distintos síntomas de ansiedad.

- El 66,5 afirma que se sintió deprimida durante el último año.

De esas cifras emerge una realidad que los ex combatientes niegan en las palabras. “La agresión física en los hogares suele ser moneda corriente. Ellos la niegan. Algunas esposas refieren que la agresión verbal es tan desmedida que preferirían la física. El veterano asegura compulsivamente que no existe, pero en general sus personalidades fueron adoptando características histriónicas y muchas veces psicopáticas, con las cuales se muestran como corderos cuando pueden ser leones furiosos”, concluye al respecto el estudio.

Los efectos y las patologías de los hijos de ex combatientes también fueron investigados en el trabajo, que remarca que dos de cada cinco de estos niños presentan dificultades de conducta, problemas de aprendizaje o síntomas compatibles con Síndrome Post Traumático (SPT). Además, remarca que hubo casos de malformaciones congénitas como ausencia de órganos y malformaciones óseas.

En ese sentido, Iglesias tiene una hipótesis sorprendente: “Hay indicios que nos hacen pensar que durante la guerra, y en determinados lugares de Malvinas, se utilizaron armas químicas. Por ejemplo, en autopsias y operaciones a ex combatientes se encontraron en el organismo elementos como el fósforo. Eso no puede estar en el cuerpo si no se estuvo expuesto. Un ejemplo de eso se da en muchos de los que estuvieron en Monte Langdon”. Ese sería el origen de las patologías congénitas en los hijos.

Además de la contundencia de los números, el estudio presenta datos que hablan más por lo que permiten deducir. Un ejemplo de eso es la información sobre los momentos de mayor requerimiento de tratamiento en esta población en particular. “La mayor afluencia de urgencias psiquiátricas y psicológicas se produce los lunes, martes y miércoles en forma descendente, y luego recrudecen los viernes. Además, son numerosas las consultas antes y después de un fin de semana largo”, reza el trabajo. El dato parece evidenciar que a menor actividad laboral o cotidiana, mayor cantidad de brotes psíquicos.

Las encuestas sobre las que se basa este análisis se realizaron sobre pacientes de la Unidad de Gestión Local (UGL) 10 de PAMI, cuya jurisdicción incluye a la mayoría (9) de los municipios del sur del Gran Buenos Aires, como Avellaneda, Lomas de Zamora y Quilmes. En esa zona viven unos 1800 veteranos, lo que representa el 10 por ciento del total y la transforma en el lugar del país donde habita más cantidad de ex combatientes. Como el trabajo se realizó sobre los ex combatientes y sus familias, el universo crece hasta 5 mil personas. Los pacientes entrevistados llegan a esa oficina a través del Programa Nacional de Atención al Veterano de Guerra que la obra social de los jubilados lleva adelante desde fines de 2005, a partir de una resolución gubernamental.

Morini, Iglesias y Cuneo remarcan en el cierre del estudio que a partir de estos datos “se podrán determinar las estadísticas necesarias respecto de la prevalencia de enfermedades y su incidencia en esta población, a fin de poder trazar parámetros preventivos y/o de tratamientos específicos”.

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De izquierda a derecha, Marcos Giménez, Araceli Iglesias, Margarita Morini y Ricardo Rojas.
 
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