EL PAíS › ESCANDALO EN BAHIA BLANCA

¿Quién se robó el Quinquela?

El cuadro estaba en el despacho del intendente. Las autoridades locales dijeron que se había quemado durante un incendio. Pero las pericias policiales, a las que accedió Página/12, demostraron que el lienzo fue extraído antes. Denuncian la desaparición de otras treinta obras.

 Por Diego Schurman

Algunos trajeron a la memoria el caso Thomas Crown, aquel film donde un Monet se evapora por la astucia y elegancia de un profesional interpretado por Pierce Brosnan. Pero la desaparición de un Quinquela Martín de la intendencia de Bahía Blanca fue tan burda que las sospechas no se depositaron en un ladrón de guante blanco sino en la dirigencia política. Las propias autoridades locales colaboraron en esta hipótesis al asegurar que el cuadro se redujo a cenizas durante un incendio intencional, cuando las pericias policiales acaban de demostrar que el lienzo no se hallaba en el bastidor al momento de las llamas.

La obra de Benito Quinquela Martín es Proa al Sol y su cotización, según quién se consulte, oscila entre los 80 y los 200 mil dólares. El artista plástico argentino la donó al municipio bahiense en 1954 y desde 2003 adornaba una de las paredes del principal despacho de la intendencia, ahora ocupado por Cristian Breitenstein. El incendio del Palacio Municipal ocurrió en la madrugada del domingo 13 de mayo. “El cuadro se quemó. Eso quedó comprobado”, dijo el titular del Instituto Cultural, Guillermo David, a tono con el discurso del propio intendente. No fueron los únicos. También se sumó a esa conclusión el secretario legal y técnico de la comuna, Iván Budassi. “Había restos de lienzo quemados”, afirmó.

Según la pericia –a la que accedió Página/12– el lienzo fue extraído de su marco con un elemento cortante. El informe realizado por la Superintendencia de la Policía Científica dice textualmente: “La presencia de signos compatibles con huellas de instrumental sobre la madera y cortes negros en fibras, sumada a la ausencia de material textil en sitios albergados de la acción del fuego donde la madera se mantuvo a resguardo, sugieren que la porción mayor de lienzo (óleo) no se hallaba presente sobre su bastidor al momento de la acción de las llamas”. ¿Qué hicieron los cacos con la pintura? La pericia consigna que “fue separada de la estructura de madera que la sostenía a través de tachuelas metálicas, mediante la utilización de un elemento de sección delgada y filosa”. El informe desinfló la idea de un atentado político y apuntaló la hipótesis del encubrimiento de un robo. Hasta ahora, Breitenstein se había presentado como víctima de un mensaje mafioso, lo que le valió la solidaridad de un abanico de organizaciones sociales, sindicales y partidos políticos.

Hay un dato llamativo. En la misma madrugada del robo hubo una gresca en el club Olimpo entre hinchas de equipos locales –Comercial el Puerto de Ingeniero White y Bella Vista– con la policía. Sucedió frente a la plaza Rivadavia, muy cerca de la municipalidad. Algunos actores de la política provincial vieron allí “una gran operación distractiva”. Hasta ahora lo que se sabe es que tres encapuchados ingresaron a la municipalidad, maniataron al sereno y provocaron un incendio, que afectó al 80 por ciento del edificio, y que tuvo su epicentro en el despacho del intendente, donde colgaba el cuadro de Quinquela.

La emblemática obra de arte, que muestra a obreros descargando materiales de un buque, en esas clásicas imágenes que hacía el artista del puerto de La Boca, no estaba asegurada, al igual que el resto del patrimonio cultural de la ciudad. La explicación oficial es que los seguros son muy onerosos, ya que representan el 2 por ciento del valor del cuadro. Ignacio Gutiérrez Zaldívar, galerista y biógrafo del artista rioplatense, aseguró a la revista La Tecla que Proa al Sol –un óleo sobre tela de 1,62 metro de base por 1,92 de altura– vale 310 mil pesos y cotiza muy alto en el exterior, aunque nadie sabe exactamente cuánto podría pagarse por él en el mercado negro.

El robo del Quinquela tiene como telón de fondo una dura interna por la representación del kirchnerismo local. Breitenstein no tiene ni dos años de intendente. En 2006 dejó su banca de concejal para reemplazar a Rodolfo Lopes, así, con s final, en la jefatura comunal. Habían compartido la lista del Frente para la Victoria, aunque representaban a sectores opuestos de la aventura K. ¿Qué pasó con Lopes? Solicitó licencia para ser investigado por la Justicia por los delitos de estafa y peculado. Finalmente fue destituido en agosto por mayoría de votos del Concejo Deliberante. Lopes no logró que la Corte Suprema hiciera lugar a una medida cautelar para retomar el cargo. Nadie sabe exactamente el peso de esa interna en la desaparición del Quinquela. Breitenstein no deja de echar un manto de sospecha sobre hombres regenteados por su antecesor al recordar por estas horas episodios que signaron la ciudad, como la profanación de tumbas, o las amenazas a funcionarios municipales. Aunque públicamente se ataja: “Tampoco puedo responsabilizar al ex intendente por eso”.

Breitenstein acuña un discurso duro. Casi como un émulo de Juan Carlos Blumberg, alienta bajar la edad de imputabilidad. “Un menor con armas y drogas no es una persona a ser formada, es un delincuente”, lanzó por radio la última semana (ver recuadro). Tiene como referente político a Dámaso Larraburu, el director del Banco Provincia que supo ser varias veces candidato a jefe comunal y ostentó una banca de diputado nacional del PJ. La relación entre el intendente y Larraburu es tan estrecha que éste dio a conocer el gabinete municipal antes que el propio Breitenstein.

Probablemente muchos asocien el apellido del actual director del Banco Provincia con el ex juez Carlos Liporaci, quien fuera procesado por enriquecimiento ilícito. La esposa del magistrado, Lidia Inés Calb, fue secretaria de Larraburu, y la hija, María Florencia Liporaci, recibió de éste, cuando era diputado, una pensión graciable de 500 pesos mensuales a partir de octubre de 1994, con vigencia a octubre de 2004.

A pesar de ser un distrito históricamente radical, la batalla que se viene será por el sello del Frente para la Victoria, en crisis desde la destitución de Lopes. Breitenstein, afín al duhaldismo, quiere revalidar sus pergaminos en las urnas. Pero Federico Susbielles, un hombre proveniente del ARI que ahora reivindica su impronta K, se lanzó a la búsqueda del mismo cargo. Y para ello cuenta con el respaldo de sectores kirchneristas que responden a la directora del PAMI, Graciela Ocaña, y al director del Banco Nación, Santiago Nardelli. Tendría, además, el guiño del ministro de Gobierno bonaerense, Florencio Randazzo. El Chubi Susbielles es el director de la Unidad de Gestión Local (UGL) de la obra social de los jubilados de Bahía Blanca. Aunque muchos lo recuerdan por su paso como basquetbolista en varios equipos de la ciudad y su buena relación con la estrella de la NBA, el coterráneo Emanuel Ginóbili.

Al enterarse del robo del Quinquela, Susbielles solicitó al intendente un inventario patrimonial. Y aunque no lo dice en voz alta, integra la nómina de bahienses que descreen de que el caso Thomas Crown tenga algún punto de similitud con lo sucedido en el Palacio Comunal.

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