EL PAíS › LA JUEZA APUNTA A QUE FEBRES FUE ASESINADO

Con el objetivo de callarlo

La jueza Sandra Arroyo definirá hoy la situación de los involucrados en el caso Febres. Todo indica que procesará a dos prefectos como cómplices del asesinato y a los familiares por encubrimiento.

 Por Raúl Kollmann

La lógica de la investigación sobre la muerte del represor Héctor Febres indica que, muy probablemente, la jueza Sandra Arroyo procesará hoy, con prisión preventiva, a los oficiales de la Prefectura Angel Volpi y Rubén Iglesias como partícipes necesarios –o sea, cómplices– del homicidio del represor. Volpi e Iglesias estaban encargados de la custodia de Febres, de manera que –según el razonamiento que seguiría la magistrada– no se lo podía envenenar sin la ayuda de ambos prefectos. Volpi compartió con Febres la última cena, en la que casi seguro le suministraron el cianuro, e Iglesias era el responsable de todo el Destacamento y, por lo tanto, de las increíbles irregularidades que se cometían en la custodia. Respecto de la esposa y las dos hijas, es probable que Arroyo les impute encubrimiento o un delito similar, pero sería sin prisión preventiva, es decir que saldrán en libertad. El móvil del crimen, creen los investigadores, habría sido silenciar a Febres, ya que en su computadora personal hay textos en los que esbozaría la idea de hablar, en especial sobre la cuestión de la apropiación de bebés.

Arroyo basaría su resolución de hoy en los siguientes elementos:

- Febres no se suicidó: lo mataron. Ello surge, en primer lugar, del informe forense que indica que ingirió cantidades record de cianuro, al punto de que el instrumento usado por el Cuerpo Médico no pudo registrar la totalidad porque el cianuro detectado excedió el máximo.

- No hay rastros de una carta, un mensaje o algún otro elemento que pudiera dejar consignado que Febres se quitó la vida. Por los testimonios de familiares, sacerdotes y amigos la jueza concluiría que Febres no se hubiera suicidado sin dejarlo asentado, sin intentar limpiar su pasado, explicar sus acciones e incluso echar culpas.

- En ese cuadro de situación, alguien entró el cianuro y se lo dio al represor. Ello no se habría podido hacer sin la complicidad de Volpi, quien estaba todo el tiempo a su lado y tenía llaves del camarote, como se le decía a la habitación del departamento que ocupaba Febres. De acuerdo con la lógica de la pesquisa, también Iglesias, jefe máximo del Destacamento Delta, tendría responsabilidad en el ingreso del cianuro. Le imputarían ser cómplice imprescindible en el homicidio.

- Las insólitas irregularidades del cautiverio de Febres –tenía chofer, mozo, dos líneas telefónicas, celular, su esposa se quedaba a dormir, sus amigos permanecían jugando a las cartas hasta la madrugada, nadie aparece en el registro de visitas– hacen muy difícil determinar la forma en que entró el cianuro. Por ello es casi seguro que la jueza no podrá acusar a una persona directamente por el homicidio, pero es probable que la magistrada diga que la complicidad de los dos prefectos resultó esencial.

- Una prueba de importancia contra los prefectos y también de los familiares es la forma en que se alteró la escena del crimen. Como anticipó Página/12 el domingo, hay una evidencia categórica. En una filmación hecha por la Prefectura antes de la llegada de la jueza se observa una mesa en la que sólo hay papeles. Sin embargo, en las fotos sacadas por los fotógrafos policiales que llegaron con la magistrada, aparece un vaso con agua, en el que –por supuesto– no se encontraron huellas digitales. El mensaje sería que si Febres tenía algo encima, lo tomó él mismo. De todas maneras, las declaraciones iniciales de todos los prefectos y allegados estuvieron orientadas a convencer a Arroyo de que la muerte fue natural. Le insistían hablándole de las enfermedades del represor. Fue un intento de despistarla. Esa sería una de las razones por las que la familia podría ser procesada por encubrimiento.

- Debido a que el encubrimiento u otro delito similar es de menor gravedad, todo indica que Arroyo dictará los procesamientos contra la familia, pero sin prisión preventiva.

- Los primeros resultados del análisis de ADN del semen encontrado en el recto indican que en el líquido seminal hay dos grupos sanguíneos distintos. Si esto se confirma, entra en juego una persona con la que Febres mantuvo una relación sexual (ver aparte).

- Aunque este diario no pudo confirmar la información, en fuentes judiciales sostienen que se encontraron dos o tres escritos de Febres en los que señala que se disponía a revelar datos, en especial sobre la sustracción de bebés. El represor tuvo un papel decisivo en el robo de niños dentro de la ESMA. Abogados de las organizaciones de derechos humanos ya tenían, en forma informal, la versión de que Febres hablaría. Es posible que en su resolución de hoy Arroyo cite elementos de esa naturaleza para explicar el móvil del crimen: silenciar a Febres.

El procesamiento requiere de semiplena prueba, o sea de la convicción de la jueza respecto de las acusaciones que hace, pero teniendo en cuenta que la investigación está en marcha. Lo cierto es que el caso es complejo y todavía hay muchas pruebas por realizar. Esto significa, por ejemplo, que Arroyo puede procesar a Volpi como cómplice del homicidio, pero si luego aparecen nuevas evidencias, puede terminar imputándole el homicidio mismo. Y lo mismo para cualquiera de los que hoy están presos. Algunos de los trabajos pendientes son la conclusión de los análisis de ADN del semen, el peritaje completo de la computadora personal de Febres, una investigación profunda del origen del cianuro y quién pudo haberlo refinado, el estudio de las comunicaciones telefónicas y numerosas declaraciones y peritajes que aún faltan incorporar al expediente.

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La hija del represor Héctor Febres al ser llevada al juzgado para declarar.
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