Toda ciencia es política. Es más, a lo largo de la historia muchas disciplinas han sido utilizadas por los gobernantes de turno para legitimar su dominio, opresión y tiranía. Así, por ejemplo, fue cómo nació la pseudoarqueología, una pseudociencia organizada en defensa de un interés extracientífico, desde la búsqueda de la fama, el rédito comercial o para construir una pseudohistoria que justificara la megalomanía: fundamentalistas bíblicos, nacionalistas británicos y nazis “místicos” fraguaron evidencias para reconstruir un pasado glorioso acorde a sus fantasías y probar, pala en mano, que ellos y no otros tenían la razón.