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Jueves, 11 de abril de 2002

El hombre autodestructivo:

El hombre autodestructivo se siente completamente alienado. Está afuera de la comunidad humana. “Debo estar loco”, piensa de sí mismo. Lo que no alcanza a darse cuenta es de que, al igual que él, la sociedad tiene un vasto interés en las catástrofes. Todas esas guerras, hambrunas, inundaciones y terremotos responden a necesidades bien definidas. El hombre quiere el caos. De hecho, lo tendrá: depresión, revueltas y asesinatos. Nos vemos irresistiblemente arrastrados por ese estado cuasi-orgiástico generado por la muerte y la destrucción. Lo llevamos dentro de nosotros, nos revelamos en él. De acuerdo, los medios tratan de poner una mala cara antes estos acontecimientos, presentándolos como grandes tragedias. Pero todos sabemos que la función de los medios nunca ha sido eliminar los males del mundo. Su trabajo es convencernos de que aceptemos esos males y nos acostumbremos a convivir con ellos. Los poderes quieren que seamos observadores pasivos. Y no nos han dado otras opciones aparte del ocasional, y puramente simbólico, acto participativo del voto. Pero creo que ha llegado el momento de hacer escuchar mi propia falta de voz. ¿No tenés un fósforo?

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