La cuestión Malvinas y los negocios del gobierno de Macri con el Reino Unido
El regreso a las relaciones carnales
Imagen: Télam

Opinión 

Donde caen los sueños

Por Edgardo Esteban * 

Si hay una canción que me transporta a aquellos días vividos con tanta intensidad en el otoño de 1982 es “Donde caen los sueños”, de León Gieco. En su letra encuentro un buen refugio. La canción no tiene nada que ver con Malvinas, pero me acerca a los sentimientos y recuerdos más profundos de ese momento de mi vida y lo que significó conocer la palabra muerte cuando tan solo tenía 19 años. A esa edad la palabra muerte no debería existir. Pero los recuerdos de esa sensación de esperar la muerte, de que llegue de un momento a otro, ese segundo final, aún está marcada como una cicatriz en mi cuerpo, me acompaña permanentemente, y así será hasta el último instante de mi vida.

En su canción, León dice: “Inmensidad de un amor que va encendido. Eternidad que se hace canción, para quedar en los caminos, como un bálsamo de los días vividos”. Malvinas se hizo eterna en el interior de cada uno de los estuvimos allá. No sólo por lo vivido durante del conflicto bélico, sino lo que vino después, tras el regreso, dando lugar al nacimiento de una nueva lucha en el interior de cada uno.

En estos días y después de 36 años el Estado argentino, la Cruz Roja Internacional (CRI) con la participación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) lograron la identificación de los cuerpos de los noventa queridos compañeros caídos durante el conflicto bélico que estaban enterrados sin nombres propios en medio de la soledad del Cementerio de Darwin. Ver las imágenes de los familiares junto a las cruces de sus seres queridos tiñe de gran emoción estos días de conmemoración y reflexión sobre aquella guerra.

El proyecto de identificación de las tumbas comenzó hace diez años, impulsado por organizaciones de veteranos como el Centro de Ex combatientes Islas Malvinas de La Plata (Cecim), el ex combatiente Julio Aro, presidente de la fundación “No me olvides” y el cantante inglés Roger Waters. El músico británico, en marzo de 2012, cuando visitó el país, le acercó esa petición a la entonces presidenta Cristina Fernández Kirchner. Incomprensiblemente, el Cecim hoy no fue parte de ningún reconocimiento.

Luego, el 2 de abril de ese mismo año, desde el monumento de Malvinas en Ushuaia, la entonces jefa de Estado anunció que había solicitado a la CRI su colaboración para que los NN fueran identificados. Un año después, 91 familiares ya habían dado su conformidad para los estudios de ADN  correspondientes. Casualmente, el gobierno británico dilató los tiempos para dar una respuesta de ayuda humanitaria. Con el cambio de gobierno, Gran Bretaña accedió a este reclamo y finalmente ambos países acordaron el inicio de las tareas en 20 de diciembre de 2016.

Entre tanto, recuerdo las agresiones recibidas por Adolfo Pérez Esquivel; Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo; ex combatientes y otros referentes de derechos humanos a su regreso de un viaje a las Islas, como parte de la campaña para darles nombre y apellido a esos compañeros. En el Aeroparque, entre gritos e insultos se los atacó acusándolos de vendepatria, traidores y cipayos, sin justificación. En esta iniciativa de visitar Malvinas, entre otras de la Comisión Provincial de la Memoria, tampoco recibieron ninguna mención en estos días.

De todas formas, el reciente viaje de los 214 familiares es un sueño cumplido y una caricia a la vida porque cerró una asignatura pendiente y es un reencuentro necesario con nuestra historia. Pero la lucha por la soberanía es continua y esto nos fortalece para seguir adelante con la cuestión Malvinas. ¿Pero qué hace por esta el gobierno de Mauricio Macri en su política exterior?

El acuerdo firmado el 13 de setiembre de 2016 entre Susana Malcorra, ex canciller argentina, y Alan Duncan, vicecanciller británico, con explicaciones poco claras brindadas después por la canciller en el Congreso, solo buscó satisfacer los pedidos de la Corona Británica en temas como explotación de recursos, pesca, hidrocarburos o vuelos aéreos, sin ningún beneficio para el pueblo argentino. Se colocó, una vez más “bajo un paraguas” la discusión de la soberanía de las Islas, desoyendo la resolución 2065 de las Naciones Unidas establecida hace mas de 50 años.

La política exterior de nuestro país vuelve a buscar relaciones carnales con Gran Bretaña, escondiendo el justo reclamo y olvidando el respaldo internacional que tuvo hasta hace poco tiempo atrás.

En nuestro territorio permanece la base de Mount Pleasant con casi 2 mil efectivos que custodian y controlan con su armamento, aviones, barcos y un submarino nuclear nuestro mar austral y los pasajes bioceánicos. Con total premeditación miran hacia el sur, pretendiendo el control de todas las riquezas de nuestras aguas y el territorio antártico.

¿Por qué no insistir una y otra vez en el justo reclamo de soberanía que tiene nuestro país desde 1833 y que es avasallada por la posesión colonial de Gran Bretaña? El actual gobierno de Mauricio Macri pareciera que solo defiende la posibilidad de hacer negocios con el Reino Unido, cede este monopolio a los intereses británicos y se olvida de mantener el reclamo en los foros internacionales. Pero, por historia y por derecho, defender la soberanía es una cuestión de Estado que supera el tiempo y el perfil político de los gobiernos que atraviesa el país.

Para mí, Malvinas es un lugar de pertenencia y en cada rincón de mi país siento la compañía de jóvenes, mujeres y de todos en un gran abrazo colectivo. Eso veo cuando las Islas aparecen en remeras, tatuajes, muros, banderas, hinchadas de fútbol, monumentos, sindicatos y escuelas. Y vuelvo a pensar en las contradicciones de nuestra historia. En una guerra impulsada por una dictadura cívico-militar en decadencia que utilizó un legítimo reclamo y cómo una y otra vez se intenta esfumar la verdad por quienes prefieren ignorar o callar lo que nos pasó y nos pasa para llevarlo a un plano individual o a un modelo colonialista. Pero una sociedad jamás será justa si no ejercita la memoria, si no se piensa y reformula su pertenencia y esto exige una tarea cotidiana.

En definitiva, Malvinas es un inmensa historia de amor escrita con el corazón que conlleva a nuestra propia historia como Nación y que permanecerá por siempre encendida.

* Periodista y ex combatiente.


Opinión

A la pesca de viejas recetas

Por Uriel Erlich *

El 15 de marzo de 2018 la Cancillería argentina emitió un comunicado de prensa (nº 101/18) informando que el canciller Jorge Faurie y el embajador del Reino Unido, Mark Kent, se reunieron “para tratar diversos temas de la relación bilateral y cuestiones de actualidad internacional”.

Junto al diálogo sobre el viaje a las islas de los familiares de los caídos en Malvinas y las gestiones sobre posibles nuevos vuelos, la novedad fue el tema pesca: “Se consideró la reanudación de las actividades de cooperación científica para la conservación de los recursos pesqueros en el área comprendida entre la latitud de 45° Sur y 60° Sur del Atlántico sudoccidental y la convocatoria de la próxima reunión del Subcomité Científico de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur (CPAS)”.

El comunicado es continuidad de la política asumida en la cuestión Malvinas desde el inicio del gobierno de Mauricio Macri y tiene su marco en los acuerdos firmados entre Argentina y Reino Unido en la década de 1990.

Tras el restablecimiento de las relaciones bilaterales en 1989/1990, se firmaron entre ambos países numerosos entendimientos sobre asuntos prácticos bajo la “fórmula del paraguas de soberanía”, es decir, lo que se acordase no implicaba una modificación en las respectivas posiciones de soberanía. Los acuerdos fueron problemáticos desde el inicio, en particular, aquellos vinculados con asuntos económicos: pesca e hidrocarburos.

En noviembre de 1990 ambos países firmaron la Declaración Conjunta sobre Conservación de Recursos Pesqueros, para evitar la sobreexplotación de los recursos y se estableció la Comisión de Pesca del Atlántico Sur (CPAS), así como la prohibición total temporaria de pesca comercial por buques de cualquier bandera en el área descripta en su anexo, ubicada entre los paralelos 45° y 60° de latitud sur al este de Malvinas, y que cubría una extensión de 205.000 km. cuadrados.

No obstante, antes y tras la Declaración, el Reino Unido continuó promoviendo actos unilaterales: mediante la venta de licencias de pesca desde 1987, el establecimiento de pretendidas jurisdicciones marítimas alrededor de las Islas Malvinas en 1986 y 1990, y alrededor de las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur en 1993, el levantamiento unilateral en 1994 de la prohibición total temporaria de pesca estipulada en el área descripta en el Anexo y en el área al oeste de aquella, entre otros.

A partir del 2003, el gobierno de Néstor Kirchner entendió que el Reino Unido utilizaba el entendimiento para legitimar su posición en el Atlántico Sur. En el año 2005, Argentina le envió quince notas de protesta al Reino Unido para denunciar “actos unilaterales ilegítimos”, objetando la prospección petrolera y la explotación de la pesca, por lo que se frenaron las reuniones de la CPAS. Argentina había solicitado discutir la relación de la cooperación con una discusión de fondo, que no estaba saldada y que era de soberanía. Ante la negativa británica, se paralizó la comisión.

La vuelta a las negociaciones sobre la Conservación de Recursos Pesqueros requiere para la Argentina considerar el histórico accionar británico: por un lado, las medidas unilaterales, contrarias a la resolución 31/49 de Naciones Unidas, que insta a las partes a que se abstengan de adoptar decisiones unilaterales que modifiquen la situación; por otro, en relación con la renuencia británica a retomar las negociaciones para resolver pacífica y definitivamente la disputa de soberanía, tal como lo indica la resolución 2065.

Cabe destacar que los recursos pesqueros son la principal fuente que mantiene la economía de las islas, por lo que el Reino Unido tiene un especial interés en este asunto.

El recurrente accionar unilateral del Reino Unido, y su falta de vocación por retomar las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, deja abierta la pregunta acerca de si es este el camino que fortalece la posición argentina en la cuestión Malvinas o si se trata de viejas recetas ya perimidas. Se intentó en la década de 1990 y el Reino Unido no obró en consecuencia. ¿Por qué habría de hacerlo ahora?

* El autor es investigador del Citra-UMET; magIster en Políticas Públicas (Unsam-Georgetown University) y doctorando en Ciencias Sociales (UBA).

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