De 2016 a esta parte la comunidad LGTB y, en particular, la tortillera hemos estado en alerta ante los diferentes ataques que han sufrido lesbianas de distintas partes del país. En 2016, Higui estuvo presa por defenderse ante un ataque lesboodiante. Durante octubre de 2017, Mariana Gómez fue detenida por la policía por besarse con su esposa y ahora enfrenta un procesamiento judicial. La semana pasada, por el mismo motivo discriminatorio, Florencia e Irupé fueron amenazadas en un supermercado de Morón.

A estos hechos se suman las agresiones contra Sofía Del Valle, ocurridas entre septiembre de 2017 y marzo de 2018. El cambio de gobierno a nivel nacional nos arroja a un momento de levantamiento del cepo a los múltiples fascismos. A la vez, nos encuentra a las lesbianas y mujeres (cis y trans) dispuestas a enfrentarlos, comenzando por la visibilización: no nos callamos más.

En su casa, rodeada de amigas, conversamos con Sofía acerca de los ataques que padeció en tres oportunidades. 

Sentada a su lado estaba Paula Lorenzo, radialista de La Tribu y compañera de trabajo, donde Sofía es cocinera desde hace un año.

Tras los episodios de violencia, la radio sacó dos comunicados. En el primero de ellos Sofía no quiso que apareciera su nombre, como en tantas otras ocasiones no quiso hacerlo público. “Me había pegado bastante mal y no quería hacerlo público. Y esta vez sí, ya van tres veces. Tenía que hacer algo. Esto me pasó durante muchas veces en mi vida, tuve varias situaciones así, en boliches, en la calle también. Me confundían con un chabón y me he peleado con chabones toda la vida. Pero nunca dije nada. Fueron situaciones similares pero no tan reiterativas y consecuentes en el tiempo. Nunca hice nada público pero ahora, estando de novia con Camila, ella me hizo ver muchas cosas y reflexionar al respecto”. Ahora piensa y visibiliza “la situación poniéndola en un marco de lesboodio y misoginia, consecuencia del sistema heterocispatriarcal”.

NO ES FOBIA, ES ODIO SOCIAL

Fue en su lugar de trabajo cuando tuvo el primer cruce con sus agresores. La noche del viernes 1° de septiembre, dos hombres habían acosado verbalmente, desde la puerta de la radio, a su pareja. Cuando ella les pidió que se fueran del lugar, lejos de cambiar de actitud, los dos varones se pusieron más violentos: la empujaron, insultaron y amenazaron con golpearla. “Yo salí y me planté ahí como un hombre y ahora es ‘bancatela como un hombre’. Pero, salvo esta (tercera) vez que los vi de frente, nunca los vi venir. Me pegaron de atrás. Yo caminando y me pegaban desde atrás”.

El 7 de septiembre le gritaron “Ya sabemos, lesbiana de mierda”. La abordaron por la espalda, a dos cuadras de la radio en el Pasaje Aníbal Troilo entre Sarmiento y Corrientes y le pegaron una piña en la cara. Cuando ella cayó al piso, volvieron a golpearla tanto en el rostro como en las piernas y salieron corriendo. La segunda agresión ocurrió el 4 de octubre. La última sucedió el jueves 22 de marzo en la Avenida Corrientes, en la salida del subte línea B, estación Ángel Gallardo, en un horario pico. La llevaron caminando por Corrientes, agarrada del cuello, hasta la vuelta de Estado de Israel, unos 10 metros. Una vez más, los mismos varones violentos, descargaron su furia contra Sofía sólo por el hecho de ser lesbiana. “No queremos raritos en el barrio, sabemos que fuiste con la yuta, lesbiana de mierda” fue lo que le dijeron mientras la llevaban contra su voluntad para pegarle.

Pero la violencia no queda allí, para Sofía “la violencia que ejercen sobre mí estos tipos es que me impiden que yo pueda asistir a mi lugar y en mi horario de trabajo a La Tribu. Más allá de seguir recibiendo el sueldo por mes como empleada y cocinera, estoy sin una actividad laboral y eso me genera bronca, más impotencia y depresión”. Pero sabemos que hacerlo público es rechazar la imposición del miedo como norma y volvernos más fuertes colectivamente.

VIOLENCIAS QUE SE MULTIPLICAN

Por cada ataque, Sofía hizo una denuncia. El 8 de septiembre la realizó ante la UFEM (Unidad Fiscal especializada en violencia contra las mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgénero, transexuales e intersexuales del Ministerio Público Fiscal). Allí fue revisada por un médico del Cuerpo Médico Forense, que constató las lesiones en su cuerpo. Luego del segundo ataque, la denuncia fue asentada directamente en la Comisaría 11, donde no la atendió ningún/a médicx a pesar de que Sofía había llegado a la comisaría con heridas graves. Aunque las evidencias conectaban este segundo ataque con el primer episodio, la policía decidió caratularla como “robo”: no tuvieron en consideración la denuncia antecedente.

Tras el último ataque, lastimada, Sofía dio con un patrullero que la llevó a la Comisaria 27. Allí la hicieron esperar tanto que se fue sin hacer la denuncia. Un día después, acudió al Hospital Durand para dejar asentadas las lesiones sufridas. Y el martes 27, fue a la UFEM y dejó por tercera vez la denuncia correspondiente.

Las denuncias aún no se encuentran unificadas bajo el mismo expediente. A esto hay que sumarle que el Gobierno de la Ciudad no entregó las imágenes de las cámaras que se encuentran en las zonas donde fueron los ataques, más allá de los reiterados pedidos. Acceder a las imágenes grabadas posibilitaría identificar a los agresores y evitar que estos ataques vuelvan a suceder. Sin la identificación, el proceso legal no puede avanzar.

En palabras de Paula Lorenzo, “se está pidiendo la unificación porque hay un ataque, otro ataque, en el mismo lugar, a la misma persona. Y no los relacionan, a una le ponen robo, a otra le ponen hostigamiento. Estamos yendo a disputar en un espacio que es otra violencia más. Es una violencia institucional que no se avance en la investigación, que la policía no haga nada. Como medio comunitario sabemos que la policía no responde. Que hay casos de gatillo fácil. Estamos todo el tiempo denunciando eso. Tenemos que ir a las fiscalías. Existe una fiscalía en cuestiones de género y fuimos desde el primer momento”. Camila, su compañera, añade que “la carátula de la situación es ‘hostigamiento’ pero no es un hostigamiento porque sí, es porque saben que ella es torta. Queremos cambiarle la carátula de hostigamiento a ‘lesbo-odio’”.

TORTAS A LA VISTA

“Siendo una radio comunitaria, parte de las organizaciones sociales, la justicia no puede ser la única respuesta -señala Paula. Estando en el barrio de Almagro donde hay mucha movida cultural le queremos dar una respuesta colectiva a esta situación. En La Tribu tortas hubo siempre. En esta etapa hay muchas más tortas visibles. ¿Cómo puede ser que haya una bandita de pibes en el barrio que nos ataque? Tenemos que dar una respuesta colectiva. Estamos en un momento donde hay muchos más avances de nuestras luchas, estamos discutiendo la autonomía sobre nuestros cuerpos. Al haber avances nuestros también se incrementan este tipo de reacciones”.

Por eso una de las intervenciones que van a llevar adelante es una campaña gráfica de concientización. “Hay unos carteles que hicimos para pegar en el barrio: ‘Googléa lesbo-odio’ y ‘Acá hay lesbo-odiantes. En este lugar una compañera de La Tribu fue agredida por el solo hecho de ser lesbiana’”, cuenta Sofía.

Además, el 17 de mayo, que es el día internacional contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, están organizando una acción en la Av. Corrientes y Ángel Gallardo. Ese día, en 1990, la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud eliminó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales en el Manual diagnóstico de los trastornos mentales, mejor conocido como DSM.

Las agresiones que han vivido Sofía y muchas otras lesbianas demuestran que la despatologización de nuestras existencias no es suficiente y que aún seguimos incomodando, y mucho.