Ascenso, caída y recomposición de Toti Iglesias, el tótem rockero de Jóvenes Pordioseros
El stone que aprendió a cuidarse
Cercano a los 40, Toti montó un plan de supervivencia con shows a la carta, abrazos dignos y un imponente “no a la gilada”.
“Es una banda que vengo rearmando desde los 15 años”, dice sobre Jóvenes Pordioseros, entre risas y verdades.“Es una banda que vengo rearmando desde los 15 años”, dice sobre Jóvenes Pordioseros, entre risas y verdades.“Es una banda que vengo rearmando desde los 15 años”, dice sobre Jóvenes Pordioseros, entre risas y verdades.“Es una banda que vengo rearmando desde los 15 años”, dice sobre Jóvenes Pordioseros, entre risas y verdades.“Es una banda que vengo rearmando desde los 15 años”, dice sobre Jóvenes Pordioseros, entre risas y verdades.
“Es una banda que vengo rearmando desde los 15 años”, dice sobre Jóvenes Pordioseros, entre risas y verdades. 
Imagen: Cecilia Salas

En una época Toti Iglesias tuvo un comportamiento recurrente en los shows al que nadie prestó atención. Fue después de Cromañón, cuando Jóvenes Pordioseros pegó el estirón de popularidad --el disco clave Vicio y su primer Obras fueron en 2005-- aunque al mismo tiempo la cultura rock permanecía en estado de emergencia, dinamitada e intervenida. Entre medio de la masividad y la convulsión, cuando la banda movía gente pero las grandes convocatorias eran vistas como un peligro, Toti agarraba el micrófono antes de una canción determinada y decía más o menos lo mismo: “Estamos en un momento complicado, se dicen muchas giladas del rock, así que ahora, para demostrar que eso es mentira, voy a caminar entre medio de ustedes cantando hasta la otra punta del lugar. Y no tiene que pasar nada”.

En cada caso, Toti hubiese podido tribunear o hacerse el distraído. Vicio dejó cuatro hits radiables, Jóvenes Pordioseros tenía un apoyo fuerte del sello Sony y la banda caminaba sobre cierta zona de confort. Sin embargo, el cantante abandonó el lugar común con un pequeño gesto, que para algunos puede parecer una boludez pero que incluso sirvió una vez para frenar las hostilidades entre la policía y el público en un concurrido show de Jujuy. Eran tiempos de asedio, clausura de lugares y mucho temor: lo menos recomendable para asumir riesgo de esa naturaleza.

“Sinceramente hacía eso sin pensarlo demasiado. Pudo haber fallado pero por suerte siempre salió bien”, cree Toti Iglesias, con humildad. Aunque siempre le gustaron esos pequeños grandes gestos por fuera del libreto. En plena pugna entre stones y punks (dos tribus que en su tiempo se agarraban a piñas y ahora miran las mismas series en Netflix), su banda compartió fechas y altísima onda con Expulsados, que eran al punk ramonero lo que Jóvenes Pordioseros al rock rolinga. Y ahora arremete con Potrostone, un outtake de Late, el reciente disco de JP, donde dialogan Paint it Black de los Stones con Por lo que yo te quiero, compuesto por la Mona y popularizado por Rodrigo, dinamitando la pista a caballo de una base bien cruda. “Siempre me gustó derribar esos muros”, dice Toti.

La publicación de la canción tuvo sus demoras: “Quisimos incluirlo en nuestro último disco, aunque necesitábamos varios permisos, entre ellos uno de la oficina de los Rolling. Además el tema está en juicio, porque lo firmó la Mona Jiménez hace como cuarenta años pero después apareció un español reclamando la autoría. Cuando lo testeamos en vivo gustó muchísimo y en Córdoba explotó, así que decidimos sacarlo por fuera de Late, con un video que incluye imágenes de una gira por el norte”.

Pata Toti Iglesias, Jóvenes Pordioseros significa la marca de agua con la que estampilló cada una de sus decisiones musicales. Desde cuando animaba fiestas familiares a los 8 años, junto a un primo, hasta los accesos a la convocatoria masiva a partir de los 2000. En nombre de Jóvenes Pordioseros, Iglesias se inició, creció, subió, bajó y volvió. Y hoy, sin más, es la excusa para que siga haciendo música, para que lleve sus canciones adonde se presente y para que siga grabando nuevas. “Es una banda que vengo rearmando desde los 15 años”, justifica entre la risa y la verdad quien antes pasaba días sin dormir y ahora usa las horas para practicar canto o aprender decenas de fraseos de guitarra frente a YouTube.

Si se leen de corrido los títulos de los discos de Jóvenes Pordioseros, parece descubrirse una especie de subtexto que podría explicar mucho: Probame (el primero), Vicio y Sangre (la era del éxito), Abstinencia (la vuelta después del hiato con Hijos del Oeste), Pánico (como reinicio de esta etapa actual) y, por último, Late: aquello, sobre todo y a pesar de todos, sigue vivo. “La secuencia de títulos no fue buscada. Fueron saliendo, porque tampoco soy el Indio Solari”, sincera Toti y se ríe.

“Que los nombres sean de una sola palabra tiene que ver con una flasheada mía de pibe, cuando miraba videos en MuchMusic o MTV y entendía que, al tener un nombre de banda largo, necesitaba acortar los de discos y canciones para que entraran en la pantalla. Donde no le mezquino es con los temas de ahora: ahí me puedo bancar que se llame Donde estarás cuando llueva esta mañana, jaja.”

Después de presentar Late este marzo en La Trastienda, ahora la nueva versión de Toti ft. Jóvenes Pordioseros está haciendo el ciclo “A la carta” en el bar Rockin’ Music. Lo comenzaron ayer, cierra hoy por mayo y continuará en junio. Se trata de conciertos íntimos para no más de cien personas, donde los asistentes eligen las canciones en una lista que indica cuáles son las más usuales, las infrecuentes y las que jamás tocaron en vivo.

“En este momento me siento cómodo, estoy con gente con la que la paso bien”, opina Toti sobre el sexto disco de Jóvenes Pordioseros y su actualidad. “Aunque creo que también tiene que ver la edad. De más chico eran comunes ciertos berretines o caprichos que conspiran contra la banda. Son cosas por las que tiene que pasar cualquier grupo, aunque vi separarse a muchos porque a un músico lo empezaban a saludar pibas y se creía Arnaldo André. No es joda eso. Ahora estamos rondando las cuatro décadas, cada uno tiene su familia y queremos tocar. Con el bajista, por ejemplo, el día del show nos mensajemos: ‘Qué bueno que hoy rockeamos’, nos decimos. Volvés a sentirte adolescente por un rato, es un fuego hermoso que vale más que cualquier otra cosa.”

En una canción de Late decís: “Más que aplausos, preciso abrazos”. ¿Es una confesión personal?

--Es que es la verdad. Cuando llego a casa después de un show siento mucha soledad. Venís muy arriba y, de golpe, entrás a tu casa, cerrás la puerta… y te invade un ruido blanco que se proyecta en vos y te deja vacío. En ese momento te hace sentir digno un abrazo, que puede ser de tu mujer, de tu vieja o de un hijo. Imagino que debe ser la bajada de la adrenalina lo que me provoca eso. Porque no hay lugar más mágico para mí que cuando agarro la guitarra para empezar la primera canción. Es un momento de libertad suprema en el que no importa si el mundo se está viniendo abajo. A muchos les debe pasar, no me creo un distinto por eso, pero al menos tengo la suerte de notarlo… y de poder hacerlo, que no es poco.

* Viernes 4 a las 21 en Rockin' Music Bar, Arévalo 1488.

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