El cortejo inicial con el Fondo Monetario Internacional concluyó ayer pero las negociaciones para solicitar el préstamo recién comienzan. “El FMI nos ayudará a preservar lo que hemos logrado”, afirmó el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en medio del tembladeral financiero que llevó al Gobierno a pedir de urgencia el auxilio del organismo multilateral. La directora gerente del Fondo, Christine Lagarde, recibió a la delegación argentina durante 40 minutos. Al término del encuentro, los funcionarios encararon el regreso a Buenos Aires, pero la semana próxima volverán a Washington. “El ministro Dujovne y yo nos reunimos para analizar cómo el FMI puede ayudar a las autoridades en el fortalecimiento de la economía argentina a la luz de la renovada y significativa volatilidad de los mercados financieros”, expresó la mandamás del Fondo al elogiar la política económica del gobierno de Mauricio Macri. La única queja de la abogada francesa fue al comenzar la conversación al advertir que la reunión estaba “corta de mujeres”. El proceso de negociaciones para los tradicionales créditos stand-by puede extenderse durante seis semanas en las que las partes acuerdan las condicionalidades y reformas que implementará el país para acceder a los desembolsos.

“Este acuerdo nos ayudará a preservar todo lo que hemos logrado en los primeros años de gobierno, avances que hemos obtenido con mucho esfuerzo de todos los argentinos”, consideró Dujovne. Desde el Palacio de Hacienda evitaron precisar el monto del préstamo que solicita el país. Los parámetros establecidos por el FMI habilitan a la Argentina a acceder a créditos stand-by por hasta 27.000 millones de dólares en tres años. El organismo prevé alternativas para eludir sus propios límites aunque las condiciones económicas argentinas, a priori, no alcanzan para habilitar esa excepción. Por eso, mientras avanzan las negociaciones con el Fondo, el gobierno explora alternativas para habilitar líneas de provisión de liquidez complementarias.

“Recalqué mi firme apoyo a las reformas de Argentina hasta la fecha y expresé la disposición del Fondo para seguir ayudando al gobierno”, expresó Lagarde al finalizar la reunión. Durante el encuentro con los representantes del Ministerio de Hacienda y el Banco Central, la abogada francesa estuvo acompañaba por una nutrida comitiva del FMI. Entre ellos estaba David Lipton, que ocupa el segundo lugar en el organigrama del Fondo, pero tiene un rol todavía más relevante: representa a Estados Unidos. El respaldo del gobierno de Donald Trump junto con el visto bueno de las autoridades chinas es necesario para inclinar la votación en el Fondo. Con ese objetivo Dujovne visitó por la mañana al Departamento del Tesoro para reunirse con el subsecretario de Asuntos Internacionales, David Malpass. Durante ese encuentro las autoridades estadounidense informaron que el funcionario “reiteró su sólido apoyo hacia el programa de reformas orientadas al comercio implementadas por el gobierno de Macri con el fin de promover el crecimiento impulsado por el sector privado” y “vio con beneplácito el diálogo entre Argentina y el FMI en relación al programa propuesto por Argentina”. El Gobierno celebró el respaldo contundente.

Stand-by

“Nos hemos comprometido a no hablar de cifras o modalidades”, sostuvo Dujovne. El monto máximo previsto para un acuerdo stand-by asciende a 4,35 veces la cuota del país en el FMI durante un plazo de tres años. En el caso argentino la cifra asciende hasta los 19.700 millones de dólares. Pero los funcionarios del Palacio de Hacienda pretenden evitar un acuerdo tradicional. “Hemos pedido que se considere para Argentina un acuerdo stand-by de alto acceso. Este instrumento tiene la flexibilidad necesaria para cumplir el objetivo que estamos buscando”, consideró el titular del Palacio de Hacienda. Esa línea fue lanzada en medio de la crisis financiera internacional en un intento del FMI por lavar su imagen y mostrarse menos estricto con los países en problemas. De acuerdo al organismo, esos créditos son precautorios y se otorgan a países que “no tienen intención de utilizar los montos aprobados, pero conservan la opción si llegaran a necesitarlo”.

El esquema de “alto acceso” fue creado para habilitar créditos por un monto global equivalente a 6 veces la cuota de los miembros (cerca de 27.000 millones de dólares en el caso argentino). Como yapa ofrece mayores desembolsos iniciales y menor frecuencia en las supervisiones pero la “flexibilidad” se agota ahí. Las condicionalidades fiscales, monetarias, cambiarias, previsionales y laborales son las habituales. Costa Rica, El Salvador y Guatemala fueron los únicos países que accedieron a pequeños “stand-by de alto acceso” durante el estallido de la crisis financiera internacional. Un equipo del FMI evaluó en 2010 que la escasa demanda para esos créditos respondía a la persistencia de un “estigma” asociado a los préstamos stand-by. “Un elemento central parece ser el estigma. Pueden existir un grupo de países con buenas políticas que no son lo suficientemente sólidas para acceder a una Línea de Crédito Flexible, para quienes el estigma de acceder a un acuerdo stand-by puede ser demasiado alto como para recurrir al Fondo”, expresa el documento firmado por el staff del organismo.

Todos los créditos stand-by solicitados por Argentina desde 1958 contemplaron combinaciones de las habituales condicionalidades previstas por el FMI: recorte del gasto público, ajuste monetario, desregulación financiera y cambiaria, apertura comercial, flexibilización laboral y reformas de los sistemas de la seguridad social. Desde el organismo multilateral respaldan los cambios impulsados por Macri aunque en cada documento sobre el país elaborado a lo largo de los últimos dos años señalaron la necesidad de profundizar el ajuste fiscal, avanzar en la reforma laboral y modificar el sistema de la seguridad social. Existen matices pero por primera vez en quince años, la Casa Rosada y el Fondo comparten la visión sobre los objetivos y herramientas que debe asumir la política económica.