Muestras
El nido lleno
Una casa soñada por diferentes e inquietantes artistas se despliega en la planta arquitectónica del Museo de la Universidad de Tres de Febrero para invitar a una recorrida de ambientes cálidos, hostiles o fantasmales, donde los usos domésticos estallan en completa subversión. Florencia Battiti y Fernando Farina, artistas y curadores de Hogar dulce hogar, lograron deconstruir un territorio de amor, pero también de violencias extremas.
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XYZ, Jorge Macchi 

 

Hogar, dulce hogar es una casa de artistas que propone experiencias para construir otras historias, donde lo doméstico y la cotidianeidad de un hogar queda trastocado por obras de arte que rebelan otros usos de los objetos que nos rodean. Una muestra en la que el hogar fue pensado por veinte artistas y dos curadorxs de arte contemporáneo –Florencia Battiti y Fernando Farina– como un territorio de fantasía. Ellxs fueron quienes diseñaron esta casa de artistas en la que invitan a vivenciar un hábitat-otro, y donde la funcionalidad de lo cotidiano se transfigura porque emerge otra cotidianeidad. Así, el hogar adquiere nuevos rasgos, inquietantes, sugestivos, extraños. Hogar, dulce hogar, en un sentido utópico y romántico, donde las obras configuran espacios arrebatados de su propia funcionalidad. Cada espacio de la casa potencia otras manifestaciones que mezclan climas diversos. Entonces, la casa puede ser escenario de amor y desamor, territorio de tensiones y violencias, espacio de sorpresas y celebraciones. Puede ser también un refugio de intimidad o un lugar de hostigamiento, con paredes que guardan secretos y mandatos. 

Tocador, Nicola Costantino

Para pensar esta muestra, lxs curadorxs trabajaron sobre la planta arquitectónica del Muntref (Museo de la Universidad Tres de Febrero) como si fuese una casa. Por eso, se recorre transitando por los diferentes ambientes reconocibles en cualquier hogar pero transformados en otras formas de representación, donde los usos domésticos están alterados. Se pueden ver cuadros de espejos astillados, floreros con flores que jamás se marchitan, una biblioteca con forma vertical, una cortina de la que cuelgan naranjas, una cama cubierta de cartas de amor, o un juego de sillas prisionero en su propio comedor. Lxs curadorxs cuentan que el hogar como tema para la muestra surgió a partir de una charla que tuvieron cuando Fernando estaba a punto de mudarse de casa. “El día que Florencia vino a conocer mi casa, hablamos de trabajo y de la nueva casa y ahí terminamos armando esta muestra”, cuenta Fernando. Florencia agrega: “Dijimos, diseñemos nuestra casa, una casa con obras de arte. Y a los dos se nos ocurrió exactamente el mismo título.”

Rascacielos, Marcela Sinclair

La casa trastocada

Al empezar el recorrido, se entra a una especie de palier donde habitan Los cuadros robados, del santafesino Román Vitali, trabajados con cuentas de acrílico facetado, tejidas. Con esa misma técnica, el artista creó En esta casa hay fantasmas, una obra en la cual los floreros de cerámica están dispuestos sobre una mesa elegante y las flores están tejidas a un hilo, todo calculado matemáticamente para que se sostengan. Son los floreros decorativos del hogar, con flores brillantes y multicolores que duran para siempre. A unos pasos de esa mesa está la biblioteca, una columna de libros de Marcela Sinclair. “Esta obra combina formas y títulos”, cuenta la artista. “Se llama Rascacielos. Para esta obra hice un reordenamiento de mi propia biblioteca, pero además tiene mucha historia porque cuando mi abuela viajó a España me trajo esa colección llamada ‘Mi primera biblioteca básica’. Entonces esto es como el ascenso social por medio de la cultura y la acumulación de capital simbólico. Esos libros sagrados con los que se construye el saber tienen un agujero en el medio, están perforados para sostenerse”. Luego se llega al comedor, donde habita la obra Powerful Lessons, de Eugenia Calvo. Un juego de sillas totalmente aprisionadas bajo una barra gruesa de hierro negro. Son sillas para no sentarse. “El interior burgués puesto en cuestión”, grafica Florencia. “En su obra, Eugenia arma estructuras de defensa dentro de la misma casa, reflexiones y cuestionamientos acerca de la vida burguesa”, suma Fernando. “En esta parte de la casa aparecen las tensiones y la violencia contenidas en un hogar. El disciplinamiento y la norma como parte del orden social. Son sillas que no se pueden mover”, continúa Florencia. Un prohibido sentares al interior de la casa. Hogar dulce hogar tiene también la obra del misionero Mauro Koliva, un cuadro que se abre como una ventana hacia un imaginario cinematográfico de ciencia ficción en negro sobre blanco, con múltiples capas de bolígrafo con tinta gel. Para el patio, los curadorxs optaron por la obra de Marcela Cabutti, un bosquecito de columnas transparentes. Otra vez en el interior, se llega al vestidor con la instalación Convicciones a punto de salir del placard, y al lado, el baño –Privado–, ambas obras de Tamara Stuby. La cocina de la casa tiene obras de Irina Kirchuk, que arma una cocina con campana y estufa, a la que le puso Amuleto y más obras de Sinclair. Bichos es una alacena que pierde su funcionalidad y cambia de forma, una obra con estructura geométrica: “Me gusta buscar un orden que se pueda mover, lo que está hecho para que sea de una cierta manera, puede tener otras formas”, sugiere la artista. El reloj de la casa es una obra de Jorge Macchi y no se mueve. Detiene el tiempo en una proyección contra la pared. En este hogar que se recorre del mismo modo que las habitaciones de una casa, hay repasadores bordados con los días de la semana y con los autorretratos de sus creadores. La obra se llama Nuestra semana y los autores son Leo Chiachio y Daniel Giannone. Otra de las habitaciones de la casa, quizás la habitación principal, tiene la obra de Diana Schufer, una cama cubierta con cartas de amor, desamor y despedidas: Copias de donde las cartas se unen, es una redición de la obra de Schufer, que tiene a los costados de la cama un ventilador de cada lado para provocar un leve movimiento de las cartas. Este es un segmento participativo de la muestra en tanto permite que el público se siente a escribir su propia carta y pueda sumarla al mar de relatos que cubren la cama. De ahí se llega al Tocador (Vanity), una obra/fotoperformance de Nicola Costantino, con su imagen nítida en el espejo y ella que se maquilla y demaquilla permanentemente, se peina y se arregla el cabello y se saca todo otra vez para volver a empezar. Cerca del tocador, se vuelve a abrir una ventana, la de Viviana Blanco, un dibujo-mural en carbonilla sobre la pared con tres pájaros en un negro pleno que posan sobre ramas de árboles. Con la obra de Catalina León,  Hogar, dulce hogar abre otra idea de casa: las casas astrológicas. Es una obra que su autora activa cada sábado con el público. Finalmente se llega al sótano, donde se ve una serie de diamantes gigantes de vidrios astillados, casi a punto de estallar. Todas las obras de Hogar, dulce hogar son excelentes, y hay muchas más. Una muestra que se recorre como las habitaciones de una casa, donde se construye también la experiencia de inventar territorios. ,

En esta casa hay fantasmas, Román Vitali

Hogar, dulce hogar. Hábitos artísticos contemporáneos

Muntref-Museo de Artes Visuales. Sede Caseros, Valentín Gómez 4838.

Hasta el 26 de agosto, de lunes a domingo de 11 a 20.

Artistas: Xul  Solar, Román Vitali, Nicola Costantino, Diego Perrota, Jorge Macchi, Miguel  Harte, Leo Chiachio y Daniel Giannone, Andrea Cavagnaro, Eugenia Calvo, Viviana Blanco, Marcela Cabutti, Irina Kirchuk, Mauro Koliva, Luis Rodríguez, Miguel Rothschild, Diana Schufer, Marcela Sinclair, Tamara Stuby, Mariana Tellería y Catalina León.

 

Amuleto, rina Kirchuk

 

Powerful Lessons, Eugenia Calvo

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