Arte en movimiento
Durante los últimos años, nuestro país fue escenario de la expansión de las carreras de artes: nuevas disciplinas ingresaron al nivel universitario y se sumaron a las ofertas tradicionales. Como resultado, la multiplicación de posibilidades académicas colocó a artistas, productores, gestores, docentes e investigadores en el mismo lugar, al tiempo que revalorizó el rol del área en la producción de conocimiento y avanzó en el camino hacia la democratización del acceso al arte.
Imagen: Prensa UNA

Las ofertas de carreras de grado, pregrado y posgrado vinculadas con disciplinas artísticas han ganado terreno durante los últimos años dado que se fueron consolidando y expandiendo en el sistema universitario nacional. Según los últimos datos estadísticos de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU), el crecimiento de la matrícula ha sido constante y sostenido desde hace tiempo: en 2001, 39.043 alumnos cursaron carreras de grado y pregrado vinculadas con las artes audiovisuales, las artes plásticas, la música, el teatro y la danza, mientras que, en 2016, el número de estudiantes ascendió a 63.893 (el 89% estudió en una universidad pública).

A las carreras con años de trayectoria como las que brindan las universidades de Buenos Aires, Tucumán, Cuyo, Rosario, Córdoba y La Plata, se sumó una atractiva oferta para quienes desean optar por la profesionalización y el conocimiento en diferentes áreas artísticas. 

“Hace muchos años que el sistema universitario contaba con carreras de grado en artes, pero siempre se encontraban en unidades académicas vinculadas a las ciencias sociales o las humanas. La diferencia significativa comienza con la creación de departamentos, facultades y escuelas de artes sin dependencia de otros paradigmas científicos”. Así reflexiona Sandra Torlucci, rectora de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), institución que ofrece carreras de pregrado, grado y posgrado a partir de sus diferentes unidades académicas: Artes Audiovisuales, Artes del Movimiento, Artes Dramáticas, Artes Multimediales, Artes Musicales y Sonoras, Artes Visuales, Crítica de Artes, Folklore y Formación Docente.  

En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) también se puede estudiar la Licenciatura en Artes, dividida en tres orientaciones: Artes Combinadas, Música y Artes Plásticas. El director de la carrera, Ricardo Manetti, establece que las ofertas artísticas han ganado nuevos espacios en los ámbitos universitarios nacionales, “no solamente en el crecimiento y la renovación de los estudios de grado, sino también en el posgrado, en el campo de las prácticas territoriales y en el de la transferencia universitaria.” Así, a la tradicional oferta de la UBA se le fueron sumando nuevas posibilidades. 

“Podemos nombrar las acciones de transferencia que viene llevando a cabo la Facultad (…) con la creación de la Diplomatura en Producción de Espacios Culturales, la Diplomatura en Dramaturgia, y la Diplomatura en Preservación y Restauración de Medios Audiovisuales. Todas ellas ligadas al Centro Cultural Paco Urondo (espacio referencial de la extensión universitaria) y a la Carrera de Artes (…) “, explica Manetti.

Sin duda, la expansión de las carreras artísticas es el resultado lógico de un proceso que viene gestándose desde hace años y, en este sentido, Laura Malosetti Costa, decana del Instituto de Artes Mauricio Kagel de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), señala: “En el mundo contemporáneo (…) la creciente integración de la enseñanza del arte en las universidades es una tendencia que no puede soslayarse (…). Si bien la enseñanza artística superior tiene una larga historia en la Argentina, sólo en los últimos años se han creado Facultades de Artes en muchas Universidades del país (…).” Tal es el caso de la UNSAM que, desde la creación del Instituto de Artes en 2013, la oferta académica se organiza a partir de diferentes ramas, algunas de las cuales no tenían antes lugar en los estudios universitarios: Danza, Artes Circenses, Teatro de Objetos, Música Argentina, Fotografía y Cine documental. 

Federico Veiravé, decano de la Facultad de Artes, Diseño y Ciencias de la Cultura (FADYCC) de la Universidad Nacional de Nordeste (UNNE), también destaca la importancia del crecimiento de las carreras de arte en el sistema universitario nacional: “Hay un buen horizonte en los últimos años gracias al impulso de las universidades públicas en el desarrollo y la consolidación de las facultades y las carreras de Arte”. La UNNE es un ejemplo de este hecho dado que creó la Facultad de Artes en 2010, en donde se pueden estudiar las licenciaturas en Artes Combinadas, y en Gestión y Desarrollo Cultural. 

REVALORIZAR EL CAMPO DEL ARTE

La multiplicación de la enseñanza artística y el ingreso al nivel universitario de muchas disciplinas antes rezagadas, demuestra una intención de legitimar y jerarquizar el área. “Basta citar la transformación del Instituto Universitario de las Artes (IUNA) en Universidad Nacional de las Artes (UNA)”, advierte Manetti. En efecto, las distintas escuelas y conservatorios de artes de Buenos Aires primero se nuclearon, en 1996, en el IUNA, para luego transformarse en la UNA en 2014.  

Al respecto, Torlucci relata que la creación del IUNA “reparó una reconocida carencia, la de una institución dedicada exclusivamente a la formación en artes, pero al mismo tiempo, 

todavía dejaba ver el lugar marginal y secundario que tradicionalmente se le había destinado a la enseñanza artística en el marco de las políticas educativas a nivel nacional ya que se creó sin presupuesto para las funciones de extensión e investigación, y sin edificios.” La rectora añade que la creación de la UNA, en cambio, “significó un paso fundamental: representó el derecho al arte en la educación y no sólo en el nivel superior, sino en todos los niveles de enseñanza.” A su vez, Torlucci explica que este paso posicionó a la UNA en un lugar estratégico en el sistema universitario argentino y en la región: “Somos la única institución universitaria nacional y una de las pocas en Latinoamérica dedicada exclusivamente a la formación, la investigación, la extensión y la producción artística en más de diez disciplinas”.

Manetti, por su parte, afirma que la transformación del IUNA en la UNA abrió un camino de reflexión sobre el arte: “El logro político que significó ese cambio durante el gobierno anterior posibilitó nuevos debates sobre los saberes artísticos en el campo de la educación superior y el replanteo de las metodologías en los campos de la investigación científica y artística”.

Indudablemente, hoy existe la intención de reconocer el lugar del arte en la producción de conocimiento y, en este sentido, Malosetti Costa establece que la revalorización se produce, además, “porque la universidad habilita de un modo más fluido y dinámico el intercambio con otras disciplinas científicas y humanísticas que enriquecen la formación y crean nuevos vínculos entre teoría y práctica, entre artes y ciencias.” 

“El arte es una forma de producir conocimiento”, agrega Torlucci. “Hay un pensamiento artístico, una investigación en artes y eso no se reconocía, haber pasado de ser un instituto a una universidad implicó que la comunidad comprendiera que el arte no es una única disciplina sino un universo complejo que integra saberes provenientes de otros campos disciplinares”, enfatiza.

DEMOCRATIZAR EL ACCESO AL ARTE

El arte antes aparecía en el imaginario como algo propio de una elite. Hoy, sin embargo, ensanchó sus fronteras no sólo a partir de la multiplicación de nuevas carreras sino también con la creación de universidades públicas que se extienden por todo el territorio nacional. Muchas de ellas cuentan con ofertas académicas vinculadas con diferentes disciplinas artísticas. 

Sin duda, esto significa un avance en el camino hacia la democratización del acceso al arte y Manetti lo advierte: “La creación de nuevas universidades (especialmente en el conurbano) con carreras destinadas al campo de la gestión cultural, los estudios curatoriales y la enseñanza de los lenguajes artísticos, amplió y democratizó el acceso al pensamiento crítico en estos terrenos disciplinares y su implicancia en las políticas públicas.”

Malosetti Costa destaca que la idea del arte pensado para unos pocos “deriva de una división tajante entre artes populares y de las elites, que hoy procuramos desmontar y someter a crítica”. Agrega, por otra parte, que “hoy más que nunca las artes ocupan un lugar importante en la expectativa de movilidad social en tanto instrumento de inclusión, herramienta de trabajo autogestionada y posibilidades de trabajo en equipo, en grupos y colectivos de artistas que se mueven con libertad entre los más diversos ámbitos de la sociedad, inventando nuevos lugares de pertenencia para los más jóvenes.”

No cabe duda, entonces, que la expansión del arte en el sistema público ofrece nuevas posibilidades de desarrollar proyectos de vida, y Veiravé resume este proceso de inclusión: “El arte aparece ya no solo como una expresión personal o grupal estética, sino como un elemento clave en la dinámica de la transformación social en base a proyectos que tienen que ver con lo comunitario. Estamos desarrollando experiencias en barrios y centros y esto va absolutamente en contra de ese imaginario del arte como un espacio de la elite.”

Malosetti se suma también a la idea de pensar el arte como instrumento de transformación personal y social, y recuerda que la UNSAM “se encuentra en una de las zonas más vulnerables del conurbano bonaerense”. Por tal motivo, considera fundamental que las artes “incluyan a todos – creadores y públicos – como partícipes de un instante que de algún modo transforme (aunque sea en un mínimo movimiento) sus vidas.”

Los especialistas destacan, además, que el campo artístico hoy ha logrado ser pensado como actividad profesional. El alcance de algunas de las formaciones permite a los graduados trabajar, por ejemplo, en el ámbito de la docencia, la investigación, la gestión cultural, la producción y la creación de obras de arte, la industria cultural, los medios de comunicación, las empresas multimediales, las editoriales, los organismos gubernamentales, entre otras oportunidades. 

Así las cosas, la expansión de las carreras de artes y el ingreso al nivel universitario no sólo jerarquizaron disciplinas antes rezagadas en la producción de conocimiento, sino que permitieron avanzar en políticas de inclusión educativa. En este sentido, Torlucci concluye: “Tenemos la convicción de que la educación superior es un bien público y un derecho humano que debe ser garantizado por el Estado, y sostenemos que las artes constituyen una poderosa potencia de pensamiento y acción para transformar la sociedad e imaginar otros modos de existencia, crear nuevos mundos y así, darnos la posibilidad de un futuro libre de injusticias sociales y que nos permita el buen vivir. “

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