Quienes producen y venden pilas en la ciudad deberán hacerse cargo de su tratamiento cuando entren en desuso
Una ley para que los porteños se pongan las pilas
La Legislatura sancionó una norma que considera “residuo peligroso” a las pilas usadas. No podrán ser quemadas ni enterradas. Un futuro plan de gestión definirá cómo encarar su tratamiento y disposición final. Y lo que deban hacer vecinos y comerciantes.
Más de 500 millones de pilas y baterías se descartan en el año en la Argentina, a un promedio de diez por persona.Más de 500 millones de pilas y baterías se descartan en el año en la Argentina, a un promedio de diez por persona.Más de 500 millones de pilas y baterías se descartan en el año en la Argentina, a un promedio de diez por persona.Más de 500 millones de pilas y baterías se descartan en el año en la Argentina, a un promedio de diez por persona.Más de 500 millones de pilas y baterías se descartan en el año en la Argentina, a un promedio de diez por persona.
Más de 500 millones de pilas y baterías se descartan en el año en la Argentina, a un promedio de diez por persona. 

A partir de ahora, los productores de pilas deberán hacerse cargo de su tratamiento una vez que sean desechadas. Pilas y baterías serán tratadas como residuos peligrosos y deberán tener un tratamiento especial para su disposición final. Así lo establece la nueva ley aprobada ayer por la Legislatura porteña que, además prohíbe que se quemen o entierren. El plan de “Gestión ambiental de pilas en desuso”, un proyecto del oficialismo que la oposición acompañó en el recinto, fue aprobado con 53 votos positivos y 2 abstenciones.

Hace años que el tema viene dando vueltas con diferentes propuestas de los bloques de la Legislatura porteña pero recién ahora se logró sancionar una ley a partir del proyecto presentado por el Ejecutivo.

Esta nueva ley parece un punto de partida para comenzar a darles un destino responsable a las pilas y baterías en desuso. Algunos especialistas consideran que esta legislación es un cambio de paradigma porque no sólo es positivo que las pilas sean consideradas como “un residuo peligroso” y que no se puedan quemar ni enterrar, sino que le da un grado de responsabilidad a todos los actores ya que tanto los productores, importadores, distribuidores e intermediarios serán responsables de su gestión en la etapa posconsumo del ciclo de vida de las pilas o baterías. Todos ellos deberán adecuarse al Plan de Gestión Ambiental, diferenciar pilas y baterías del resto de los residuos urbanos y someterse a programas y planes de manejo aprobados por la Autoridad de Aplicación.

El Estado, además, deberá asegurarse y controlar que el plan se cumpla y la sociedad deberá tomar conciencia de su uso y descarte.

La ley sostiene que su objeto es garantizar la gestión ambiental de las pilas en desuso, a las que considera “residuos sólidos urbanos sujetos a manejo especial”. El texto dice que se entiende por ese tipo de residuos a aquellos que “por su tamaño, volumen, cantidad y/o sus potenciales características de peligrosidad, nocividad o toxicidad, deben sujetarse a un Plan de Gestión Ambiental diferenciado del resto de los residuos sólidos urbanos”. 

Se considera dentro de este plan “al conjunto de actividades destinadas a recolectar, transportar, valorizar, tratar y disponer los residuos de las pilas, debiendo adecuarse a programas y planes de manejo específico, aprobado por la Autoridad de Aplicación”.

La pila es un dispositivo que convierte energía química en energía eléctrica por un proceso químico transitorio. Su consumo se incrementa cada año no sólo por el aumento de la población sino por la importante cantidad de aparatos y artefactos que se utilizan. Más de 500 millones de pilas se descartan al año en Argentina, algo así como diez pilas por persona. La ausencia de gestión de sus residuos representa una amenaza, sobre todo en un país en el que no existen aún tecnologías para su tratamiento. Sus residuos contienen más de mil sustancias diferentes, muchas de ellas tóxicas. Y a pesar de conocerse su peligrosidad, hasta el momento fue tratado como cualquier otro residuo doméstico. 

“Prácticamente en el país no hay tratamiento para los residuos de pilas y baterías, sobre todo con las que son primarias. Hay algunas plantas que reciclan las baterías de autos, pero para las químicas más comunes que usamos a diario, que son las zinc y de cobre, y para las pilas secundarias que son las de los teléfonos celulares o las computadoras y que son de litio, hoy no hay ningún tipo de tratamiento en la Argentina, y mucho menos en la Ciudad de Buenos Aires, excepto por la disposición final de los rellenos de seguridad. El mundo desarrollado ha hecho distintos procesos tecnológicos que recuperan. Hoy en el país no hay reciclados de pilas sino que hay solo disposición final de las mismas, que es el relleno de seguridad”, explicó Gustavo Fernández, biólogo y profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA). 

“Lo que el mundo recomienda es que por el valor económico que tienen los metales que están dentro de las pilas y por el riesgo toxicológico que tienen sus desechos es que estos materiales se reciclen y se recuperen. Pero en la Argentina como no se fabrican pilas y baterías, y sí se importan, lo que debe hacerse son planes de responsabilidad.  El fabricante que vende la pila en otros lugares del mundo recibe también la pila obsoleta”, agregó.

En ese sentido, además, explicó que “las pilas tienen metales que si se arrojan en el basural de rellenos sanitarios como en la Ceamse o en un basural municipal del interior del país terminan contaminando. Hasta el momento la acción es exportarlas a esas plantas que recuperan los materiales en el exterior, recuperar el valor económico de los metales y tratar la parte contaminante o enviarlas a otras provincias para que se entierren en rellenos sanitarios”.  

Para Fernández, “las tecnologías para las pilas correctamente gestionadas son dos, se las tritura y recupera los metales para volver a hacer otras pilas, o se las inertiza y entierra en un relleno específico que pueda contener la contaminación”.

En la Argentina sólo hay cuatro rellenos de seguridad habilitados por el Ministerio de Ambiente de la Nación que pueden recibir residuos altamente tóxicos que tienen sistemas de contención de la contaminación y podrían recibir las pilas en desuso, pero para Fernández “Argentina estaría perdiendo el valor económico de esas pilas y baterías que se pierden enterrados en estos lugares”. 

La percepción de los habitantes con respecto a las pilas usadas como residuos contaminantes hace que muchas veces se evite deshacerse de ellas con los residuos domiciliarios, por lo que en muchos casos son acumuladas en hogares o escuelas. “Pero esta acción, que intenta no desechar las pilas para que no encuentren su destino final en los basurales o rellenos, constituye un gran peligro”, aseguraron desde Greenpeace. 

Hasta el momento, es la Agencia de Protección Ambiental (APRA) quien trabaja en un programa integral de gestión de pilas y baterías en desuso. La Ciudad de Buenos Aires cuenta con una guía de contenidos mínimos para los planes de gestión integral de pilas y baterías recargables agotadas,  que deben ser presentados por los productores, importadores, distribuidores, intermediarios y cualquier otra persona responsable de la puesta en el mercado de pilas y baterías recargables. En cuanto a las pilas no recargables, la APRA se encuentra trabajando en conjunto con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación en el lanzamiento de un programa de recolección nacional.

En La Plata existe desde 2012 la primera planta de reciclado de pilas del país, capaz de procesar 80 kilos de pilas por mes, equivalente al consumo de unos 8000 habitantes. Pero esta planta, puesta en marcha por la Universidad Nacional de La Plata, es experimental, no recibe pilas en desuso y no está abierta al público.