Con el pañuelo verde en el puño y la cara de Milagro en el pecho

Traslado de Milagro. Traslado de los secuestrados clandestinos a su destino final. También María Alicia Milia, sobreviviente de la Esma, sintió, siente ese atravesamiento que me atravesó, me atraviesa a mí. Y más. “Así fue el traslado del Palo y de Dardo”, acaba de decirme con la voz estrangulada. El Palo, Roberto Rufino Pirles, su compañero; Dardo, Dardo Cabo. Ambos montoneros. Ambos presos “legales” en una cárcel “legal”, como Milagro. 

Cuando el 5 de enero ya iba siendo 6, noche de Reyes de 1977, el Palo y Dardo fueron sacados violentamente del calabozo de la U9 de La Plata. “Traslado a Sierra Chica”, argumentó el carcelero, con la orden de “traslado” firmada por el coronel del Ejército argentino Orlando Miguel “Arcángel” Ruarte. Los subieron a un celular. 

El traslado fue a la muerte. Nunca llegaron a Sierra Chica. Sus cadáveres, ametrallados, “aparecieron” en el kilómetro 56 de la ruta 215, cerca de Brandsen.

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