El Doctor y los Caballeros del Mediterráneo
La experiencia de Carlos Salvador Bilardo en Libia con Al-Saadi Gadafi a la cabeza, resultó de uno de los desafíos profesionales más extraños que asumió el DT campeón del mundo; Enganche reconstruyó aquella aventura con incluyó una situación extrema: por intervenir en una pelea entre dos de sus jugadores, el Narigón casi termina apuñalado

Hasta 1999 el mayor logro futbolístico de Libia había sido el subcampeonato en la Copa Africana de Naciones que lo tuvo como anfitrión en 1982. Ya con Muamar Gadafi al mando del país, aquel equipo perdió el título a manos de Ghana en los penales. Y el deseo por marcar un punto en el universo de la pelota estaba más a flor de piel que nunca. Había una idea concreta de dar el paso.

Si se trata de Mundiales, nunca el nombre de Libia había aparecido entre los candidatos de la zona africana para obtener la clasificación. Fue por eso que a mediados del último año del milenio pasado, Libia decidió recurrir a un entrenador campeón del mundo para ir por la hazaña de meterse en Corea–Japón 2002. El elegido era Carlos Salvador Bilardo, campeón en México 1986 y subcampeón en Italia 1990 con la Argentina. “Me dijo que había una posibilidad para ir a Libia. Pero Carlos te tiraba la bomba y se iba. Como lo conocía de años, enseguida le pedí a mis hijos que me buscaran información en Internet sobre Libia, Trípoli, los clubes que había allá…”, cuenta Miguel Ángel Lemme en un bar céntrico de Buenos Aires.

Al poco tiempo, Bilardo, Lemme, Eduardo Manera y el preparador físico Eduardo Rafetto llegaron a Trípoli para hacerse cargo de los Caballeros del Mediterráneo, tal como se conoce al seleccionado libio. “Un funcionario del gobierno de Libia se contactó conmigo para hacerme una oferta que me sorprendió: ser el técnico de la selección de ese país. En un primer momento, rechacé la propuesta. Al otro día, me volvió a llamar y me dijo que tenía dos pasajes abiertos en la aerolínea Swissair, porque Gadafi hijo quería conversar conmigo”, cuenta el Doctor Bilardo en su autobiografía Doctor y Campeón.

Gadafi hijo es Al-Saadi Gadafi, por aquel entonces jugador profesional y titular de la entidad madre del fútbol libio. A Bilardo, el Gadafi jugador y dirigente le cayó simpático. “No era un crack pero la verdad que era un buen jugador. Habilidoso y rápido”, recuerda Lemme. Sobre la remuneración económica no hubo problemas para llegar a un acuerdo, pero Bilardo puso otra condición: cada diez días quería visitar un país diferente de África para conocer su fútbol. La respuesta también fue positiva. La propuesta era para dirigir la primera etapa de la eliminatoria africana y superar el cruce ante Malí por un lugar en la instancia de grupos. La serie fue en abril de 2000 –ida en Trípoli y vuelta en Bamako– pero los primeros meses de trabajo consistieron en la captación y búsqueda de los jugadores a integrar el plantel. La mayoría militaba en la liga local y la figura, Tarik El Taib, jugaba en el Club Sportif Sfaxien (Túnez). Hacia allí fue Lemme, quien se hospedó en la casa del jugador durante su estadía en la ciudad de Sfax. Mientras, Bilardo visitaba Chad, Congo, Níger, Uganda y Costa de Marfil, entre otros.

A su vez, las bondades del régimen Gadafi se vieron reflejadas en el ciclo Bilardo al mando del seleccionado. Cuando fueron a visitar la oficina de la Federación, a Carlos Salvador le gustó. Pero al pasar comentó lo lindo del edificio vecino, plagado de oficinas de petroleras extranjeras. “A los pocos días volvimos y lo que sería la AFA nuestra, allá en Libia, había ocupado las oficinas de las petroleras”, recuerda Lemme. Al-Saadi había sacado a todos los petroleros para poner en su lugar la sede de la Federación de Fútbol de Libia. Tomó un piso para la presidencia y otro para las selecciones. Como escenario de preparación toda la delegación viajó a Palma de Mallorca para la puesta a punto de cara a la serie ante los malienses. El respeto que había hacia Bilardo era muy grande. En ese viaje en avión, el Narigón estaba inquieto y no se podía dormir. Se acostó al lado de la puerta del avión para intentar descansar, tras lo que fueron dos custodios y se acostaron uno a cada lado a hacerle compañía en su locura.

El 9 de abril llegó el duelo de ida en el Estadio Nacional de Trípoli. En la previa, Malí era un equipo más poderoso y complicado según el análisis del cuerpo técnico. Jehad Montasser, Ahmed Masli y Khaled Mhemed convirtieron los goles del 3-0 de los Caballeros del Mediterráneo para alegría de Bilardo. Había que esperar dos semanas para la revancha en Bamako. La ventaja era importante pero todavía no estaba nada dicho. El plantel estaba concentrado en un hotel de la capital. Una noche hubo una discusión que alteró la tranquilidad del grupo. Según recuerda Lemme, la cosa había empezado entre dos jugadores en la práctica por una broma sobre las novias. Siguió en el ascensor camino al comedor. Durante la cena continuó hasta que uno agarró el cuchillo y, cuando Bilardo intentaba calmar las aguas para separar, tiró el puntazo contra su compañero y lastimó al entrenador en el brazo derecho. “El médico del equipo me vendó y todo se acabó ahí”, afirma Bilardo en Doctor y Campeón.

Agrega Lemme: “Después de esa cena, vinieron a mi pieza como cuatro o cinco jugadores a pedirme que los acompañe a pedirle disculpas a Carlos. Le golpeamos la puerta y le digo: “Carlos, quieren hablarle unos muchachos”. Cuando se arregló todo, me aplaudían. Después de ahí no hubo ningún problema más en ese sentido. Los hicimos hablar, se abrazaron y terminaron amigos”.  Y cierra el tema Bilardo en su autobiografía: “Recuerdo a esos jugadores con mucho cariño por el comportamiento que tuvieron”.

Luego del episodio del “cuchillazo”, la delegación partió rumbo a Malí con un Bilardo preocupado en averiguar por la embajada argentina más cercana a Bamako en caso de quedar eliminados. Aunque Libia perdió, no hizo falta recorrer los 400 kilómetros a través de la selva para refugiarse en el Congo. La derrota fue por 3 a 1 y el gol de Faisal Bushaala le dio la clasificación a los dirigidos por el Narigón gracias al 4-3 en el global.

El regreso a Trípoli fue heroico. Lemme lo compara con la llegada de Argentina a Buenos Aires después del título en México 86 con el mismo Bilardo. Gritaban por su país y por el técnico argentino y hubo festejos hasta altas horas de la noche en las principales plazas de Libia.

Por presiones políticas, Bilardo no pudo utilizar a Al-Saadi Gadafi en ninguno de los duelos ante Malí, pero su trabajo gustó tanto que le ofrecieron seguir en el cargo para afrontar el Grupo A ante Camerún, Angola, Zambia y Togo. Pero Bilardo cumplió el objetivo de pasar la serie ante Malí y tras siete meses puso fin a su ciclo en Libia. “Después de cumplir el objetivo al vencer a Malí nos volvimos todos. Querían que nos quedemos o que Carlos dejara a gente de confianza y fuera y viniera cuando quisiese. Pero como grupo de trabajo decidimos que si Carlos no estaba nos volvíamos todos con él”, confiesa Lemme. 

En junio de 2001, Al-Saadi Gadafi visitó Buenos Aires para un Congreso de la FIFA. En una de las fotos de aquella jornada aparecen Bilardo, el alemán Franz Beckenbauer y el libio rodeando la preciada Copa del Mundo. El único que la mira es Gadafi. El único que no la ganó es Gadafi. Como Libia. Como África, el continente que hace décadas el Doctor sostuvo que tendría un país campeón del mundo.

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