En su primera semana como presidente, el colombiano Iván Duque tuvo una agenda cargada
Coca, dólares, asesinatos y negociaciones
El presidente más joven en la historia de Colombia apareció ante el país y el mundo con un jardín de rosas a sus espaldas, en medio de fuertes vientos, que simbolizan las tormentas que tendrá que enfrentar en Casa de Nariño.
Duque pronunció un discurso bajo la lluvia en un jardín de rosas, en la Plaza Bolívar de Bogotá, tras ser investido.Duque pronunció un discurso bajo la lluvia en un jardín de rosas, en la Plaza Bolívar de Bogotá, tras ser investido.Duque pronunció un discurso bajo la lluvia en un jardín de rosas, en la Plaza Bolívar de Bogotá, tras ser investido.Duque pronunció un discurso bajo la lluvia en un jardín de rosas, en la Plaza Bolívar de Bogotá, tras ser investido.Duque pronunció un discurso bajo la lluvia en un jardín de rosas, en la Plaza Bolívar de Bogotá, tras ser investido.
Duque pronunció un discurso bajo la lluvia en un jardín de rosas, en la Plaza Bolívar de Bogotá, tras ser investido. 
Imagen: EFE

Desde Bogotá

Tras una agitada posesión el pasado 7 de agosto, Iván Duque sorteó la primera semana de su mandato haciéndole cara a los temas más que más le preocupan: la economía, los cultivos de coca, los asesinatos a líderes sociales, las reformas al Acuerdo de Paz y la violencia derivada del narcotráfico. También el rumbo de las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) que sigue secuestrando personas, y la declaratoria de Estado a Palestina que dejó Santos en el último minuto fueron tema de la agenda del nuevo primer mandatario, el más joven en la historia de Colombia que apareció ante el país y el mundo con un jardín de rosas a sus espaldas en medio de fuertes vientos que, para muchos, simbolizaron las tormentas que tendrá que enfrentar en Casa de Nariño.

Duque tomó las riendas de un país que no logró el crecimiento económico anhelado en los ocho años de Juan Manuel Santos pero que alcanzó su nivel más bajo de homicidios en los últimos 20 años. La guerra entre las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Estado cesó, pero no las violencias y demás grupos ilegales que se disputan economías ilegales dejando en medio a los más desprotegidos: población civil de campesinos, indígenas, y niños que siguen siendo reclutados forzosamente. O bien, líderes sociales que continúan cayendo a pesar de las alarmas internacionales, así como periodistas nacionales y regionales amenazados e incremento de enfrentamientos armados y desplazamientos en ciudades como Medellín. 

Según dijo en su discurso, a Duque le preocupan los “más de 300 líderes sociales asesinados en los últimos dos años”, también que “los cultivos ilícitos se han expandido exponencialmente en los últimos años” y que las bandas criminales “aumentan su capacidad de daño en varias regiones del país”. Por ello  los primeros lugares del país que visitó fueron Tumaco, en Nariño, al sur de Colombia, donde está la mayor cantidad de cultivos de coca con unas 23 mil hectáreas según el mapeo más reciente de Naciones Unidas. Allí se reunió con la Fuerza Pública así como en la isla de San Andrés, en el caribe, donde la violencia por disputas del narcotráfico se ha aumentado deteriorando el tejido social y convirtiendo al paraíso turístico en lugar especialmente peligroso para los lugareños que ven amenazados sus sueños y vidas tras la llegada de la cultura y economía mafiosa.

“El que dijo Uribe” comenzó su mandato presidencial en medio de una polémica por el agresivo discurso que el presidente del Congreso, Ernesto Macías, de su partido Centro Democrático, pronunció durante su acto de asunción frente miles de personas y diez jefes de estado. Para algunos analistas, lo contradictorio de las palabras agresivas de Macías con las conciliadoras de Duque le quitó protagonismo al jefe de Estado y, además de generar molestias no solo entre la oposición sino entre sectores de centro y derecha, dejó en muy mal inicio al líder del Centro Democrático ante el mundo.

También podría tratarse de desacuerdos al interior del su partido, al menos en el tono, pues la agenda es común: cambiar de la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito a la erradicación forzosa por completo, no promover la consulta popular anti corrupción e impulsar reformas al tratado de paz que terminó con la guerrilla más antigua de América Latina hoy conformada como partido político, y trazó ambiciosas reformas para la profundización de la democracia. “Debemos dejar claro que en adelante en nuestra Constitución el narcotráfico y el secuestro no son delitos conexos al delito político ni mecanismos legítimos para financiar y promover ninguna causa”, dejó claro en un discurso de una hora que se vio opacado por la furia de las palabras del presidente del Congreso. 

Entre tanto, la sociedad civil envió cartas al despacho de Duque pidiéndole avanzar en la construcción de paz, y mostrando su respaldo ante las instituciones que creó el Acuerdo y que son atacadas con más fuerza desde que él llegó al poder: Comisión de la Verdad, Unidad para la Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidos y Jurisdicción Especial de Paz (JEP).

Esta última realizó la primera audiencia con militares justo tres días después de la posesión de Duque, quien todavía no se pronunció sobre el tema. El pasado viernes, 14 oficiales y suboficiales del Ejército acudieron a su audiencia de sometimiento al régimen de condicionalidad que creó el Acuerdo de Paz. Allí, junto a sus asesores y sus víctimas, madres que perdieron a sus hijos secuestrados y asesinados para ser presentados falsamente como guerrilleros asesinados en combate, los militares manifestaron estar de acuerdo con las reglas del juego y pidieron perdón “a las víctimas directas e indirectas”. Además se comprometieron a aportar a la verdad y a no volver a cometer los crímenes que dejaron sin vida a miles de colombianos inocentes. En la primera audiencia de la Sala de Definición de Situaciones Jurídicas de la JEP -ya hubo otra audiencia con Farc pero en la Sala de Reconocimiento- se abrió el caso de las ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos” de Soacha, un pueblo cercano a Bogotá, que involucraría una veintenta de jóvenes. Los otros miles de casos aún no se estudian y las víctimas esperan que durante la presidencia de Iván Duque esta sea una investigación prioritaria. 

En cuanto a la economía, el 7 de agosto Duque había mencionado los problemas financieros y las altas cargas tributarias, y llamó a las fuerzas vivas a un pacto. “Los invito a que todos construyamos un gran pacto por Colombia, a que construyamos país, a que construyamos futuro y a que por encima de las diferencias estén las cosas que nos unen”. Para algunos, su tono conciliador fue la muestra de uno de sus mayores retos: mantener el apoyo de su partido. Así lo dijo el semanario The Economist: “El contraste ilustra la principal dificultad política que enfrentará el nuevo presidente: mantener el apoyo de su partido, militantemente opuesto al acuerdo de paz, mientras corteja a otras fuerzas para promulgar sus prioridades legislativas, incluida la reforma del sistema de pensiones”.

Aunque el nuevo jefe de estado colombiano aseguró no reconocer rencores y anunció un gobierno libre de revancha, la bancada del Centro Democrático celebró con aplausos y burlas a la oposición el discurso de Macías. El mismo expresidente Uribe festejó y dijo tras la posesión que “el discurso de Macías era absolutamente necesario”. El papel del líder natural de la derecha será decisivo en la gerencia de Duque pues, además de haber sido él quién lo propuso como candidato a una terna que se fue a consulta popular y ganó el joven paisa, Uribe está pasando por su peor momento de desprestigio. Hace unas semanas enfrenta a la justicia colombiana que lo llamó a indagatoria por haber participado, supuestamente, en falsedad en testimonios contra el senador de izquierda Iván Cepeda. De éste proceso jurídico, según fuentes aseguraron a Páginað12, podrían desprenderse investigaciones que no han prosperado en su contra por vínculos con paramilitarismo y mafias.

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