Una tarde, Diego Milito fue a ver a su hijo jugar al baby fútbol. Después de una crianza de lujo en la escuelita de fútbol de Milán, el roce argentino le parecía lo indicado para que el pequeño ganara calle: el ídolo de Racing buscaba ponerlo en la realidad, lejos de sólo ser un niño europeo y más cerca de lo que el propio delantero fue en su infancia. Leandro jugaba en Defensores de Belgrano de Villa Domínico, donde era parte de la 2007 e iba al banco. Su equipo iba segundo y se enfrentaba contra el primero. Para papá fue un sacudón: lo que vio lo golpeó como pocas veces. Gritos, insultos y lágrimas. A los pocos minutos de acción, cuando los de su pibe iban ganando, uno de los nenes se hizo un gol en contra. Los ojos de Diego se quedaron con el protagonista del infortunio, que se pegaba la cabeza, literal, contra el palo del arco. En su voz, la desesperanza: “¿Vos te pensás que saltó alguno, el técnico o un padre? ¡Ninguno! Ninguno lo fue a consolar al nene. Estaba llorando. Yo me quería meter en la cancha para abrazarlo y decirle que no pasa nada. El técnico empezó a los gritos: 'Bueno, dale, dale, dale, dale', como diciéndole 'mirá el gol que hiciste en contra'. Yo no lo podía creer”. Un rato después, la última escena se lo llevó puesto. Uno de los padres empezó a gritar desaforadamente y el árbitro terminó parando el partido. Luego de su expulsión, el hombre pasó por detrás de uno de los arcos y antes de salir del club, entró a la cancha agitando y vociferando: “¡Vamos que lo empatamos, vamos que lo empatamos!”. Al rato, Milito vio cómo los nenes llevaban la pelota llorando. Se la pasaban entre lágrimas de bronca por ir perdiendo. El resultado le importó poco: ninguno de los suplentes entró siquiera un minuto. Decidió no decirle nada al suyo, como para no llenarlo más de cosas. Más tarde esa noche, el pequeño se acercó y le pidió no jugar nunca más. Cuando Diego Milito asumió su cargo en Racing, le dejó en claro a Miguel Gomis, el coordinador de fútbol amateur, que la nueva política del club era que en los torneos fuera de casa todos los pibes que viajaran tuvieran minutos de juego.

-¿Por qué el fútbol saca lo mejor y lo peor de nosotros?

-Es una locura generalizada que estamos viviendo. Es terrible. Es un poco general. El fútbol es donde se canaliza, porque a todo el mundo le gusta y es el deporte popular. Es un poco cómo se está viviendo. Estamos en el país de la locura y de la necesidad y todo se vuelca en el fútbol. Me parece que tenemos que dar otro mensaje. De a poquito creo que los clubes lo van haciendo.

-Por ejemplo…

-Siempre hablo con el coordinador la idea de presentar en AFA un proyecto para que los chicos de inferiores hasta la novena división no jueguen por puntos. Es esencial, porque así los chicos se animan a jugar. Todo esto si queremos que los chicos crezcan con el carácter y con la alegría de jugar e intentar. Hoy crecen con temores.

-Hace unos días se hizo viral un video de un arquero de la octava de Deportivo Merlo dando una arenga en la que decía que el padre no tenía laburo y que juntaba moneda por moneda para comprarle los botines. ¿Cómo disfruta ese pibe?

-Por eso te digo, los chicos tienen una presión terrible y es muy difícil socialmente cómo estamos viviendo. Los chicos sufren y es la gran cagada que tenemos en este país.

-¿Qué responsabilidad tienen los diferentes actores que hay en el fútbol: jugadores, dirigentes, hinchas y periodistas?

-Todos tenemos un grado de responsabilidad, los jugadores mismos y los entrenadores también. Esta necesidad del resultado inmediato que tenemos, me parece, no está buena. Está claro que todos quieren ganar y eso está afuera de discusión. Yo voy a jugar contra mis amigos y quiero ganar. Pero eso no significa que no tengas que ir por un camino correcto, que no dejes un mensaje. Me parece que cada uno tiene que hacer su autocrítica desde su lugar para tener un fútbol mejor. Va a llevar tiempo, no es fácil. Es un tema cultural, sin ninguna duda, de educación.

-¿Si vos no entrás en esa dinámica que todo el tiempo es urgente sos un boludo?

-Sin duda, si no entrás en esa quedás afuera. Poner arriba de la mesa la discusión de si sólo querés ganar es estúpido, porque todos quieren ganar. El tema es el camino. El camino que uno recorre es más importante que el éxito en sí. Todo el mundo se levanta a la mañana para poder recorrer ese camino que nos lleve al éxito.

-¿Vos tuviste éxito?

-Para mí lo más importante, y es algo que me enseñó mi viejo, no es el título en sí, que a mí me ha pasado, sino que uno coseche lo que va sembrando. No hay título más importante y más lindo que el reconocimiento, el respeto y la credibilidad que uno se lo va ganando con el tiempo. Tener la posibilidad de ir a cualquier club donde he jugado y que me abran las puertas de par en par y me den un abrazo, eso para mí no tiene precio. Eso es el éxito, más que un título en sí. El ganar y el perder es una línea muy finita. Lo más importante es lo otro.

-Hablás de respeto, ¿se gana o se tiene de antemano?

-Seguramente se gana. El respeto te lo tenés que ganar con los comportamientos, con un perfil, con una manera de manejarte en la vida.

-¿El protagonista del fútbol vive a la defensiva?

-Hoy es muy difícil con las redes sociales y con todo esto que hay dando vueltas. Te tenés que cuidar de todo. Lamentablemente, eh. Muchas veces no podés ser natural y no podés ser vos mismo, porque después tergiversan, inventan títulos y tenés que andar aclarando. Es difícil porque estamos viviendo en un mundo complicado. Por eso, muchas veces, uno elige el silencio porque sino estás constantemente aclarando situaciones.

-Las redes son una tentación a la hora de hablar de todo. ¿Lo más difícil es decir no sé?

-Es muy difícil no decir nada. Pero a veces no tenés que decir nada, porque la mejor explicación es el silencio. No podés ir detrás del show mediático, constantemente aclarando o diciendo algo por decir.

-¿No te tentaste en salir hablar cuando se habló de tu pelea con el Chacho Coudet?

-¿Sabés lo que pasa? Si yo me caliento y salgo a decir o a aclarar o dar entidad, no viviría: me vuelvo loco. Aprendí. También es un aprendizaje, no es que no me caliento. De pibe te calentás por todo, tenés mucha menos experiencia y querés salir a decir un montón de cosas. Hoy trato de no alterarme, de pensar, de ser frío, porque el objetivo está mucho más allá de lo chiquito. Tengo muy en claro lo que queremos y el proyecto que estamos encarando, que lleva muy poco tiempo, pero que sabemos a dónde queremos llegar. Después, durante el trayecto, va a haber un montón de situaciones con las que no puedo engancharme, porque me sacan del eje. Me llega todo, porque tenés parientes, hijos, hermanos, familia... Pero trato de enfocarme en el camino, en este proyecto que empezó hace 8 meses y que es importante para el club. Creemos que vamos en camino de profesionalizar algo que, tal vez, en el fútbol argentino no está del todo implementado. No me puedo salir del eje porque si me caliento pierdo la perspectiva y me enojo con cosas que no tienen demasiado sentido.

-El Ratón Ayala nos decía que se decidió a ser técnico porque cuando estaba en tu lugar no quería esperar seis meses para ver si su trabajo había funcionado o no. ¿Te pasa eso?

-Hoy no. Hoy estoy enfocado en este proyecto que encaramos. Tengo bastante claro esto de instalar este proyecto a largo plazo. Hoy no necesito el día a día, tampoco te voy a decir que no me vaya a pasar más adelante porque no lo sé. El fútbol es tan dinámico que no sabés lo que puede pasar en el futuro.

-¿Qué ve un secretario técnico para traer un jugador?

-Mucho. Hoy en la secretaría sabemos que estamos lejos de lo que pretendemos. Somos seis personas, tres scout, más el coordinar de inferiores y Diego Huerta que es asistente técnico de inferiores. No es sólo peinar el mercado sudamericano a diario: a partir de febrero se han visto 347 partidos donde no hemos perdido de vista el sudamericano, los Odesur (donde tuvimos presencia viendo el torneo), fuimos a Uruguay a ver la copa sub 20. Hoy tenemos una base de datos de 430 jugadores. La secretaría técnica no es más ni menos que tratar de disminuir el margen de error a la hora de contratar. Tratar de acertar más que de lo que se falla. Nos fijamos en todo: en la parte técnica, la actualidad, la experiencia, la parte médica y la parte clínica de cómo está el jugador.

-El dirigente argentino es de decidir por su cuenta, incluso sobre la opinión de un mánager. ¿Tiene que ver con eso que la figura del secretario técnico no esté arraigada?

-Puede ser, pasa por ahí, porque el dirigente quiere decidir en el fútbol. En Europa es distinto. Hay cosas buenas de Europa, pero no todo se puede trasladar, porque acá son asociaciones civiles. No hablo del caso de Racing, porque me siento escuchado y estamos en camino de profesionalizar más el fútbol. Cada vez el cuello de botella va ser más chiquito y al equipo que no esté profesionalizado le va a costar entrar y competir. Además, hoy está el tema de la licencia de los clubes y si hoy en día no tenés todos los requisitos asumidos no podés competir a nivel internacional. Es lo que hay que hacer. Es todo un proceso que viene de la nada. Pasó en Europa, donde el tema de las licencias empezó en 2004. Mirá el tiempo que ha pasado para llegar a donde querían: estar muy cerca del fair play financiero.

-¿No te da un poco de miedo que eso derive en las sociedades anónimas?

-No necesariamente tiene que ocurrir. Vos podés ser un club ordenado y ser una asociación civil. Eso va con la voluntad de los dirigentes y que cada uno se ponga en el rol que le toca. Pasa en la Argentina, donde todos opinamos de todo porque creemos que todos sabemos de todo.

-¿Cuál es tu mirada sobre las sociedades anónimas de acuerdo al fútbol argentino?

-No lo veo viable porque tenemos muy arraigadas a las asociaciones civiles, pero sí tenemos que ir hacia una profesionalización, no a la improvisación. Tenemos que entender que los clubes pueden ser previsibles.

-¿Hoy los clubes, como formadores de personas, tienen cada vez más importancia en la sociedad?

-Con la situación social que vivimos, los clubes actúan como contención, como red para los chicos. Los clubes tienen esa responsabilidad y acá la intentamos dar. Tenemos que trabajar por los que no llegan. Te dicen que cada 100 chicos llegan 3. Entonces, tenemos que laburar por los 97 restantes que quedan en camino. A ellos hay darle las herramientas para que después salgan a la vida.

-Estás en una posición donde prima el negocio, pero a la vez tratás de desinstalar esa lógica…

-Tratamos de elegir un camino y vamos detrás de eso sin desconocer lo que pasa, sabiendo que hay dificultades y que hay negocios. Uno no se puede desviar de un camino honesto.

-¿Cuán contaminado está el fútbol habiéndolo recorrido?

-Hay muchas cosas que me sorprenden. En este rol empecé a conocer cosas que cuando era jugador no sabía que existían y hoy no las puedo creer. Trato de surfear las olas que aparecen de la mejor manera posible.

-¿Cuál es la que más te sorprendió?

-Es que es lidiar con muchas cosas, con las negociaciones, con las voluntades de otros equipos, de representantes. Es prueba y error y todo lleva a aprendizaje.

-¿Qué opinión te merecen los representantes ahora que lidiás con ellos?

-Como en todos lados, hay mejores y peores. Influyen mucho, porque los jugadores descansan mucho en ellos. Hay mejores y peores. Algunos no se fijan sólo en la mejor opción económica y hay otros que sólo se fijan en ganar dinero y nada más y que el jugador sea solamente eso: una moneda.

-¿Se puede vivir en esa jungla sin meter los pies en el barro?

-Me cuesta porque no es fácil no engancharse. Es hablar, escuchar, leer, es preguntar, es consultar. Es volcarse en modelos que hemos tomado como el de Monchi (Ramón Rodríguez Verdejo) en Sevilla que es un modelo extraordinario para copiar y robar ideas. Leí su libro donde cuenta mucho cómo manejarse más allá de la diferencia de que allá son sociedades anónimas. Lo importante es el proyecto más allá de los nombres propios. Milito pasará, lo importante es instalar algo. Se fue Monchi a la Roma y Sevilla sigue vendiendo.

-¿Y dónde descansa toda la presión de tu puesto?

-En la familia, aunque me puteen por no estar nunca. Este rol me permite manejar ciertos horarios después de tantos años de fútbol. Por otro lado, como soy yo, la familia putea porque estoy poco.

-Hay una anécdota que dice que tu viejo fue a ver el entrenamiento de Barcelona y no lo recibieron muy bien. Y a la tarde fue al del Inter y Mourinho lo recibió…

-En aquella semifinal de Champions de 2010 que jugamos con Barcelona, mis viejos fueron a Europa y en uno de los entrenamientos previos fue mi viejo y estaba parado detrás de unas libustrinas, en el predio de la Pinetina,. José (Mourinho) nos reunió en la mitad de la cancha y me preguntó si ese que estaba detrás de la libustrina era mi viejo y le dije que sí. Empezamos a entrenar, a correr y él se fue a buscarlo. Mi viejo siempre cuenta que cuando lo vio que iba hacia él pensó: “¿Este loco qué me viene a preguntar?”. Se le acercó, lo saludó, lo felicitó y lo invitó a ver todo el entrenamiento en el banco de suplentes. Un loco hermoso, divino. En Barcelona fue al revés. Porque ellos (por el Barcelona) hacían el reconocimiento del San Siro y fue a verlo a mi hermano y la seguridad lo sacó porque no quería que nadie viera el entrenamiento.

-¿A quién elige tu viejo: a Guardiola o a Mourinho?

-(Se ríe) No es que elija uno u otro, le tiene cariño por el gesto y por lo que significó en mi carrera.

-¿Esa detección puesta al servicio de lo anímico es el gran talento de Mourinho?

-Sin dudas. A ese nivel son todos grandes entrenadores a nivel táctico, todos muy preparados. En la elite no hace la diferencia el sistema. Lo que hace la diferencia es el tacto, la palabra justa. José es un tipo muy sensible. Sabía cuándo darte la palabra de aliento, el bastonazo, los momentos: todo. Previo a esa semifinal de Champions, en Barcelona, donde nos jugábamos el pase a la final, hizo algo increíble. Nosotros estábamos todos recontra ansiosos y el presidente Moratti entraba, salía y se comía los cigarrillos. Él, Mourinho, estaba tirado en dos sillas, en dos reposeras, esperando la ola como en la playa. No la podíamos creer. Hablando me dijo que en esos momentos el entrenador tiene que mostrar tranquilidad. Antes de la entrada en calor, entró y se puso en el círculo central y se llevó toda la atención él y nosotros hicimos la entrada en calor y no se enteró nadie.

-¿Por qué tiene tan mala prensa o cae mal?

-Por su formas, porque él necesita siempre de un enemigo para ponerse objetivos. Es un tipo extraordinario. Tiene una gran sensibilidad de tocar las fibras íntimas y logra exprimir el 100 por ciento de cada jugador.

-¿Qué te dio Marcelo Bielsa?

-Marcelo me ha abierto la cabeza, me ha dado tanto que me hizo dar cuenta de lo que podía hacer. Me hubiese gustado tenerlo mucho más. Enseñanzas, desde lo que es un campo de juego a valores, comportamientos, visión. Me dio muchísimo.

-¿El fútbol argentino ha expulsado a tipos como Bielsa?

-Hoy creo que le costaría. Está en Inglaterra y está bien, pero nunca hay que perder la esperanza de que alguna vez pueda volver.

-El Milito secretario deportivo elegiría al Milito delantero?

-Sí, depende de la situación. Lo hubiera elegido por muchos factores, no sólo los futbolísticos: necesito que el jugador sea profesional y eso creo que siempre lo tuve.

 

Carlos Sarraf