Marcela Roggeri, Facundo Ramírez y Clásicos y populares
Confluencia, no divisiones
Bajo la idea de retomar aquella pasión juvenil por escuchar toda clase de música sin ningún tipo de prejuicios, los dos pianistas idearon un disco que elude todo límite y abraza la libertad. Mañana a las 20 lo presentarán en vivo en el Centro Cultural Kirchner.
Roggeri y Ramírez se conocieron siendo adolescentes en las clases de piano de Anita Gelber.Roggeri y Ramírez se conocieron siendo adolescentes en las clases de piano de Anita Gelber.Roggeri y Ramírez se conocieron siendo adolescentes en las clases de piano de Anita Gelber.Roggeri y Ramírez se conocieron siendo adolescentes en las clases de piano de Anita Gelber.Roggeri y Ramírez se conocieron siendo adolescentes en las clases de piano de Anita Gelber.
Roggeri y Ramírez se conocieron siendo adolescentes en las clases de piano de Anita Gelber. 

El laborioso recorrido de las tradiciones y las expectativas que surgen en torno a una música, muchas veces terminan agrupándose en dos categorías: “clásico” o “popular”. Víctimas de los límites del hábito, que nunca es inocente, los términos que alguna vez pudieron señalar naturalezas distintas hoy se refieren, en todo caso, a prácticas con más puntos en común de lo que la historia sospechaba. Como en un juego de significados, Marcela Roggeri y Facundo Ramírez, pianistas versátiles y experimentados en eso de atravesar estilos, llamaron Clásicos y populares al disco que presentarán mañana a las 20 en el Centro Cultural Kirchner. “Nos gustó el sinsentido que encierran estos términos, porque ya no queda muy claro dónde comienza uno y termina el otro. En principio no creemos en los límites que plantean, así que Clásicos y populares es el nombre del disco, el nombre del dúo y es también lo que nos define como músicos”, dice Marcela Roggeri a PáginaI12. “A los dos nos resulta natural que nuestras vidas en la música se alimenten de lo que pensamos y vivimos más como una confluencia que como una división”, completa Facundo Ramírez.

Obras de Carlos Guastavino, Astor Piazzolla, Ariel Ramírez, Francisco Canaro, Julián Aguirre, Rodolfo Mederos, Adolfo Ábalos y Horacio Salgán, articulan un repertorio variado, que encuentra un denominador común en el trabajo formidable de los arreglos para dos pianos, en gran parte obra del mismo Facundo Ramírez, y en las excelentes interpretaciones. “Me interesa que un arreglo exprese la coherencia interior de un tema. Que no sea una invasión externa, sino que elabore lo que tiene dentro”, dice el músico, que en el tratamiento para dos pianos traza un lenguaje instrumental complejo, que exige a fondo a los intérpretes. “A partir de estas pautas no me pongo límites y hay mucho de intuitivo, más allá de lo técnico, en mis abordajes como arreglador. Por ejemplo para este disco hice una versión de ‘Paisaje de Catamarca’ combinada con ‘Luna tucumana’ que comienza con la exposición de la primera zamba, luego cambia a modo menor y aparece la segunda zamba y termina con una elaboración en la que se juntan los dos motivos”, ejemplifica Ramírez, que para este dúo arregló también varias obras de su padre, Ariel, como el hasta ahora inédito “Gato nº1”, el “Estudio nº14 - chamamé” y “El choclón”, un aire de vals peruano.

“La música de mi padre mantiene cierto misterio para mí, a pesar de la familiaridad. Siempre logro descubrir una puerta distinta para un nuevo arreglo. Es lo que pasa con temas como “El choclón”. Lo grabé hace muchos años con él, después incluí en mi disco Nosotras/Nosotros (2008) y ahora grabamos con Marcela, siempre en versiones muy diferentes. Esta última es una versión si se quiere más virtuosa, porque no podía no aprovechar la oportunidad de tocar con una pianista del carácter de Marcela”, agrega Ramírez. “Ese es uno de los temas que toco con mayor placer. No sólo porque desborda de gracia melódica, sino también por el arreglo, que da cuenta de una sensibilidad particular y un manejo del lenguaje que hacen que para el intérprete todo sea posible”, agrega Roggeri. “En mi caso, lo que más me gusta tocar del disco son los arreglos que Pablo Ziegler hizo de ‘Milonga del Ángel’ y ‘Libertango’. Cuando Marcela me los mostró el impacto fue enorme, porque además de estar escritos maravillosamente, son muy novedosos”, asegura Ramírez, que para este disco arregló además “Milonga del tiempo heroico”, de Francisco Canaro, y “Ostinato Tango”, de Rodolfo Mederos. “En la milonga de Canaro se ponen en juego ciertos yeites de la ejecución tanguera y es primordial el aspecto melódico, con la obra de Mederos tuve margen para un arreglo más jugado, con elementos de la música contemporánea”, explica.

Roggeri y Ramírez se conocieron siendo adolescentes en las clases de piano de Anita Gelber y luego compartieron los estudios de armonía con Guillermo Graetzer. Con el tiempo, cada uno tomó su propio camino. Ella se perfeccionó con Bruno Gelber y continuó su carrera en Europa, donde actualmente reside, y él siguió sus estudios con Antonio De Raco para luego alternar su vida de músico con experiencias como actor y director de teatro. El reencuentro se produjo en 2012. “Yo había invitado a Marcela al Festival Ariel Ramírez Tilcara, para que tocase los estudios para piano de papá. Como es una mujer poseída por los demonios de la música, enseguida propuso que tocáramos a dúo y así empezamos a intercambiar repertorio, para ir probando”, cuenta Ramírez. “Desde Europa mandaba música de Rachmaninov, Borodin, Shostakovich, y yo desde acá respondía con música argentina que arreglaba para dos pianos. Por esa época descubrí una versión para cuatro manos del ‘Gatito de Chaikovsky’, de Adolfo Ábalos y le pedí a Andrés Pilar que hiciera una versión para dos pianos”, continua el pianista. “Los primeros conciertos del dúo fueron en Londres en 2014 y entonces incluimos obras de compositores clásicos que se inspiraron en lo popular, después el repertorio fue decantándose casi naturalmente la música argentina, con la que decidimos hacer este disco”, acota Roggeri, que afirma la idea de que lo que articula los distintos géneros y estilos es el lenguaje elaborado y la posibilidad expresiva y el despliegue por momentos orquestal que permite un dúo de pianos. 

“Ese intercambio fue muy productivo, porque además nos retrotrajo a nuestra juventud, cuando nos juntábamos a escuchar música sin prejuicios. Buscábamos las novedades en Casa Piscitelli, lo que llegaba de Maurizio Pollini con Karl Böhm, Alicia de Larrocha, de Martha Argerich y naturalmente se combinaba con lo que se escuchaba en nuestras casas”, cuenta Ramírez y encuentra el eco de Roggeri: “En mi casa mi viejo era un gran tanguero, mi madre era salteña y amante del folklore, mi hermano tocaba el teclado en la banda de Charly García... Crecí en ese clima ecléctico, en el que los límites no existían, esa fue la gran lección”, evoca la pianista. 

Lo que divide lo clásico y lo popular resulta a esta altura difícil de clasificar. En parte, por discos como este. 

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ