Antología retrospectiva de Yente (1905-1990) en el espacio de Roldán Moderno
El perfil de una artista precursora
Eugenia Crenovich (quien usó el seudónimo artístico “Yente”) fue la primera artista mujer en realizar y exhibir obras no figurativas, a partir del año 1937, con lo que se convirtió en una pionera del arte abstracto en la Argentina.
Vista parcial de la antología retrospectiva de Yente en Roldán Moderno.Vista parcial de la antología retrospectiva de Yente en Roldán Moderno.Vista parcial de la antología retrospectiva de Yente en Roldán Moderno.Vista parcial de la antología retrospectiva de Yente en Roldán Moderno.Vista parcial de la antología retrospectiva de Yente en Roldán Moderno.
Vista parcial de la antología retrospectiva de Yente en Roldán Moderno. 

Yente fue una de las pioneras del arte abstracto en la Argentina. No muchos la precedieron en el ámbito local: Pettoruti, Xul Solar, Antonio Sibellino, Pablo Curatella Manes, Juan Del Prete y, desde Italia, Lucio Fontana.

En 1935 Yente expuso por primera vez dibujos figurativos. Pero ese año, en contacto con Del Prete, que había traído sus trabajos de París y en 1933 había realizado la primera muestra íntegramente abstracta del país, dio comienzo a una nueva etapa. Estimulada por él, se inició en la radicalidad de experiencias que, en el orden internacional, se presentaban como una suerte de esperanto artístico que prometía una comunidad global de entendimiento estético. Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, Yente exhibió los resultados de estas experiencias, en coincidencia con la eclosión en el Río de la Plata de las agrupaciones de arte concreto.

Realizó sus primeras abstracciones en 1937 y fue la primera artista mujer de la Argentina en hacerlo. Por más de cincuenta años sostuvo estas manifestaciones, alternándolas con trabajos figurativos. Su producción abarcó tanto las caricaturas y representaciones de los primeros tiempos, como las pinturas y los objetos geométricos de las décadas del 30 y del 40, sus obras abstractas libres de los años 50 y las figuraciones expresionistas que predominaron en las décadas siguientes. Continuamente mudó técnicas y soportes: dibujo, pintura, objeto, collage, ensamblaje, textil y numerosos libros de artista, conciliando, con frecuencia, abstracción y figuración.

En sus jornadas en el taller de Del Prete, poco a poco fue adentrándose en una pintura cada vez más sintética, hasta independizar las formas de todo residuo representativo. Este no fue un camino lineal que culminó en un arte sin objetos, sino que recorrió un itinerario donde la figuración reaparecía cuando la creía necesaria.

A partir de 1937, los planos de color estructuran sus composiciones. La referencia a lo visto se presenta mediante acentos lineales empleados para definir rostros y cuerpos. En varias pinturas de la época –en las que predominan las formas lobuladas afines a las bioformas de Arp– se verifica este procedimiento. En una de ellas se distingue un torso de mujer elaborado por medio de una grafía superpuesta a planos que se interceptan, transparentan y reúnen, amalgamándose en una forma abstracta que flota sobre un fondo neutro.

En Composición curvilínea 3, el juego de los planos cromáticos es similar, pero las líneas están ausentes y la obra es ajena a toda representación.

La síntesis figurativa se concentra en trabajos de 1937 y 1938, mientras que las piezas no-figurativas varían en morfología y combinaciones: desde el predominio de formas redondeadas, hasta la primacía de contornos rectos, siendo frecuentes los contrapuntos entre ambas tipologías. En algunas pinturas abstractas, el perímetro de los tintes está contenido por líneas que conforman un cerco oscuro que, como en los vitrales, detiene la interacción cromática y acentúa la planimetría del conjunto. Pero en ocasiones estas líneas se presentan como gestos arbitrarios, realizados con el propósito de neutralizar el rigor del planteo geométrico. Hay obras –como las del Museo de Arte Moderno– donde parece resonar el cubismo, sea por el desfasaje de los planos respecto de un eje, por la ambivalencia de motivos destilados de algún remoto referente o por un manejo cromático que propone en contrapunto un juego compensado –y contrastado– de luces y sombras.

A pesar de haber abrazado la pintura, Yente no abandonó las técnicas del dibujo. En 1938 realizó un par de tintas sepia donde los grafismos superpuestos establecen diferentes tonalidades y definen planos sin residuos representativos. Estas gradaciones de valor sugieren los planteos volumétricos que concretaría, poco después, en sus relieves.

En este, como en otros períodos, la artista puso a la geometría al borde del colapso: las formas en su disposición ingrávida tendían a disgregarse o, al ser atravesadas por grafismos, se oponían a la disciplina de un polígono cuando no su irregularidad las volvía “sospechosas de figurativas”.

Abstracciones de los 40

Fue una de las etapas más prolíficas de Yente. Su obra participó en los debates que entonces se dieron en torno a la abstracción, sobre todo de la mano de los artistas que en 1944 publicaron las revista Arturo. Los miembros de la Asociación Arte Concreto-Invención, con Tomás Maldonado a la cabeza, se acercaron a Yente y Del Prete, buscando el apoyo del maestro como legítimo predecesor. El momento coincidió con la exposición de Yente de 1945, que reunió pinturas y relieves realizados desde 1937. Fueron años de fecundas polémicas y exposiciones conjuntas, que tuvieron como límite la independencia estética de la pareja. Ambos se movían sin solución de continuidad entre abstracción y figuración, postura cuestionable para la ortodoxia concreta que luchaba contra toda “ficción representativa”.

Al inicio de los 40, los planteos figurativos de Yente fluctuaron entre un esquematismo que prácticamente hace desaparecer al referente –tal el caso de las pinturas de su libro Septem Dies– y una paulatina inclinación a la geometría organizada en base a la grilla ortogonal. En la segunda mitad de la década, la obra de neto corte constructivo ganó terreno y tuvo un rol casi excluyente, en particular en los relieves y objetos realizados con celotex, un material aglomerado fácil de modelar. Estas piezas, exhibidas en 1946, encuentran un antecedente en la témpera con el significativo título de Construcción (1944). Resuelta en tonos pardos y grises, una laberíntica composición propone, mediante el ilusionismo pictórico, volumetrías de escaso espesor, tal como las que presentan las obras tridimensionales realizadas poco después.

Con estos trabajos participó en las muestras dedicadas a la abstracción –Arte Nuevo (1947), Nuevas Realidades (1948) y 2º Salón Argentino de Arte No-Figurativo (1949)–, e intervino en el debate sobre el destino del marco recortado y la disposición coplanar de las formas. La suya fue una solución empírica simple: resaltó las figuras geométricas con el relieve y su mayoritaria presencia, de modo que avanzan hacia el espectador y predominan respecto de los fondos, así desjerarquizados.

En 1947, el crítico Juan Jacobo Bajarlía destacó la intervención de Yente en Arte Nuevo. Expuso allí uno de estos relieves constructivos que se desviaba de la regularidad ortogonal a través de diagonales y formas trapezoidales que le otorgaban dinamismo, cualidad que, más adelante, la artista siguió explorando. Eran notorias también las texturas logradas, tanto por la rugosidad de la superficie como por la aplicación de la pasta pictórica, cualidades que siempre valoró y que, junto a Del Prete, la diferenciaron de los concretos, partidarios de la factura lisa. Yente parecía querer escapar de los rigores de las formas controladas, introduciendo perturbaciones que dieran variedad a la obra: esfumados, huellas de trazos, tramas lineales u óleo aplicado con espátula aparecen con frecuencia en este período.

* Curadora, crítica de arte, docente e investigadora. Fragmento del texto del libro Yente, publicado por la galería Roldán Moderno –Juncal 743–, donde se exhibe la exposición, con curaduría de Adriana Lauria, hasta el 28 de septiembre. Entrada libre y gratuita.

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