Cajita musical
Compositora, pianista excepcional, niña prodigio hiper virtuosa que a los veinte años ya estaba estudiando en la Escuela Berklee es, a la vez, una artista que no oculta un costado lúdico. Casi una ahijada musical de Ryuichi Sakamoto, Kotringo también es admirada por colegas locales como Claudio Cardone y Luis Alberto Spinetta, que, se sabe, la escuchaba. El disco que viene a presentar a Argentina tiene al piano en un lugar central y ella, en este tramo de su gira mundial, se hace el tiempo para pensar en su vínculo con la música rioplatense, desde Carlos “Negro” Aguirre hasta Fattoruso.

Nació en Osaka, Japón, en julio de 1978. Su nombre es Rieko Miyoshi pero aquí, allá y a cualquier lugar donde vaya la conocen como Kotringo: una combinación de kotori (pájaros pequeños) y ringo (manzana) que refiere a su infancia. Es recurrente la presencia de pájaros en sus discos y canciones. Ella cuenta: “Mis padres no son instrumentistas pero sí melómanos, muy fanáticos, con lo cual siempre en mi casa se escuchó mucha música. A mi papá le encantan el jazz y la música popular y a mi mamá le fascinan los musicales. Y yo me fui incorporando al mundo de música clásica. Pero todos escuchábamos de todo”. De alguna manera, eso que acaba de enumerar describe muy bien lo que hace a sus canciones: niña prodigio que a los cinco años ya tocaba el piano, a los siete componía y a los veinte, previo paso por la escuela de música de Kobe, era aceptada en la Escuela de Berklee. Entonces: jazz, clásica, canción, música incidental.

Su instrumento es el piano. Tiene un dominio absoluto sobre él. Bastan apenas algunos minutos del último disco –en definitiva, el trabajo que la trae por primera vez a Argentina– o de cualquiera de sus discos para que eso resuene. Y tiene varios: más de diez incluyendo bandas de sonido. Algunos, de este lado del mundo inhallables aún en la web pero con otros, con algo de paciencia, se puede dar: Sweet Nest (2008) y Birdcore! (2014), por ejemplo. Fue la encargada de la música de la multi premiada En este rincón del mundo (2016, animé del director Sunao Katabuchi). Lo dicho: ella es súper virtuosa en el instrumento pero lo más rico de sus composiciones es cuando ese desenfreno instrumental se sosiega un poco y el cauce de todo lo lleva la canción. Podría volverse salvaje su interpretación pero no: nunca llega a ser una simple y única demostración de velocidad sobre las teclas. Su música sí tiene un costado lúdico. Hasta, por momentos, naif.  “Disfruto la música en sí misma. Eso hace que siempre trate de jugar desde la interpretación. Y las veces que no lo logro, trato de enfocarme en la música para no perderme”.

Aunque, vale decirlo: no por ello hay que dejar de prestarle atención al latido experimental. En sus recitales suele estar rodeada de pedales, flauta melódica, teclados, algún xilofón. Y, por caso, al pulso jazzístico que resuena en muchas de sus canciones. Si en algunos de sus discos anteriores se notaba una presencia instrumental (contrabajo, guitarras, percusiones) mucho más variada y marcada, en Ame no hako niwa, su más reciente trabajo, el piano tiene un rol central. Y es su voz la que va ganando lugares. Lo que se dice: la canción pop. Los momentos que se corre de ese costado más juguetón son a la vez los más reposados y los más hermosos: pequeñas piezas de tres minutos que hablan casi sin decir: la que abre el disco “Ame agaru” (Se largó la lluvia) o “Light up niponn”; una oda instrumental preciosa que, por lo que sugiere el título, está dedicada o inspirada –o ambas cosas– al poniente de sol japonés. “En realidad desde mi infancia me dediqué más tiempo al piano, pero de ahora en adelante mi intención es ir focalizando especialmente en el canto”. Ella explica: “‘Ame’ significa lluvia y ‘hakoniwa’, caja jardín. Es un juguete que consiste en una caja pequeña –hako– en la que podés colocar lo que quieras. Y se la considera como un jardín ideal. La casa en la que vivo tiene un jardín pequeño. Es donde miro y acaricio las plantas. Me relaja, puedo pensar en otras cosas. No son plantas exóticas o extraordinarias, pero hay muchas y cada una tiene su propio ritmo de crecimiento, ambiente y carácter. Viendo ese pequeño jardín donde crecen quise hacer una comparación con lo que he venido haciendo y experimentando. Piano, canto, jazz y música clásica tienen su propio ritmo de crecimiento y quiero que sigan creciendo a su ritmo”.

Al parecer, fue un simple que ella envió al programa de radio de Ryuichi Sakamoto lo que despertó el interés del pianista, acaso uno de los músicos más importantes de Japón. Allí fundaron una relación que se mantiene viva e intacta hasta la actualidad. De hecho, Kotringo editó algunos de sus trabajos a través de Commmons (él explicó que la tercera eme es por “música”), sello que dirige el propio Sakamoto. Hace poco, en una entrevista a raíz de los Bulgari Awards él contó: “Al escucharla inmediatamente me di cuenta del talento que tenía y quise conocerla. Casualmente en esa época ambos vivíamos en Nueva York y la invité a mi estudio. Después fui a escucharla en vivo. Igual que su apariencia, tenía un aire un poco pueril, pero al empezar a tocar el piano te atrae con su interpretación grandiosa”. Habrá que remarcar, entonces, eso que señala su “padrino” musical: ese aire pueril, lúdico, cándido que también se encuentra en su música. En 2012 compusieron juntos la música de la película  I Have to Buy New Shoes de Eriko Kitagawa.

Por momentos, su pianística, su manera de encarar la canción la encuentra emparentada con, por ejemplo, Claudio Cardone –confeso fanático suyo– y Mono Fontana. Y pensar en ellos es, también, pensar en Spinetta. Quizás sean esas algunas de las líneas o surcos meridionales y musicales que recorren los 18 mil kilómetros que distancian Japón y Argentina. “Tengo amigos que conocen mucho de la música latinoamericana. Sobre todo la música argentina. Son ellos quienes me introdujeron en los mundos musicales de Luis Alberto Spinetta, de quien sé que es una figura icónica en Argentina. Me enteré que a él gustaba mucho mi música, a partir de que Claudio Cardone se la diera a conocer. Me honra que un artista tan significativo para tanta gente estuviera entusiasmado y disfrutara mi trabajo”. En los últimos años de Spinetta era común que en algunos recitales Cardone –tecladista suyo durante el último tiempo–, en una especie de impasse, arremetiera con algún versión de Kotringo. Pero no todo acaba allí. Agrega: “Puedo nombrar también a Aca Seca Trío y Carlos Aguirre. Creo que el ritmo del folklore tiene una fuerza particular y al mismo tiempo me deja cierto sentimiento nostálgico. También los elementos jazzísticos de sus obras fueron los que me cautivaron de inmediato”. Y, cuando no, Hugo Fattoruso: “Sé que viene a Japón todos los años y tiene un lazo profundo con mi país. Estoy al tanto de que es reconocido por los músicos más importantes del continente americano, pero lo cierto es que todavía no conozco bien su música ¡Es la oportunidad, quisiera escucharlo a partir de ahora!” 

Hacia 2007 su maestro Sakamoto editó Out of noise. Y de alguna manera bien vale tomar ese título para pensar estas músicas suyas: fuera del ruido, cerca del mundo, sobre el trino de algún pájaro remontando el primer vuelo desde su nido. Como una cajita musical que, abriéndose, empieza a sonar. Como una planta que, aunque no lo escuchemos, crece y tararea su propia melodía.

El sábado 20 de octubre Kotringo actuará en la Asociación Japonesa en la Argentina, a las 19, dando inicio a una serie de presentaciones que la llevará durante toda esa semana de octubre por Rosario, Paraná, CABA y La Plata. Más información en facebook.com/kotringoargentinatour2018

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