Declaró el hijo del intendente desaparecido durante la dictadura Luis Arédez
“Quiero enterrar a mis muertos”
Ricardo, hijo de Luis y de Olga Márquez, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo en Jujuy, relató cómo fue el secuestro de su padre. Los vínculos con el ingenio Ledesma y los Blaquier.
Ricardo Arédez, uno de los hijos del intendente de Libertador San Martín.Ricardo Arédez, uno de los hijos del intendente de Libertador San Martín.Ricardo Arédez, uno de los hijos del intendente de Libertador San Martín.Ricardo Arédez, uno de los hijos del intendente de Libertador San Martín.Ricardo Arédez, uno de los hijos del intendente de Libertador San Martín.
Ricardo Arédez, uno de los hijos del intendente de Libertador San Martín. 

La víctima y testigo hablaba en Buenos Aires, el victimario y acusado escuchaba en Salta, en el marco del juicio por crímenes de lesa humanidad que se desarrolla en jujuy y que investiga la desaparición del ex intendente de Libertador General San Martín Luis Arédez. “Relaté lo que nos contó Hugo Condorí sobre lo que le dijo mi padre en la cárcel de Villa Gorriti, que el 24 de marzo de 1976 cuando fueron a buscarlo en la camioneta del ingenio Ledesma la persona que manejaba era Juan de la Cruz Kairuz”, declaró Ricardo Arédez, uno de los cuatro hijos del matrimonio de Luis con Olga Márquez. En diálogo con PáginaI12 comentó que dio “un paso más en la búsqueda de verdad y justicia para mi padre, sin odios pero con la Constitución y las leyes”, y que le dijo al tribunal que “como jujeño quiero enterrar a mis muertos para seguir construyendo el país”. Kairuz era policía y además se desempeñaba como técnico del club Atlético Ledesma de Jujuy. Fue jugador de Atlanta, Newell’s, San Martín de Tucumán y Gimnasia de Jujuy.

El médico pediatra Luis Arédez se había ganado el odio de los dueños del ingenio azucarero, la familia Blaquier, cuando trabajaba para ellos y recetaba “remedios caros” a los peones. Por un extraño acuerdo entre peronistas y radicales llegó a ser intendente del pueblo y tuvo la osadía de cobrarle impuestos al ingenio en 1973. Terminó desaparecido el 13 de mayo de 1977 cuando salió del hospital de Fraile Pintado.

Su hijo Ricardo declaró por videoconferencia en Libertad 731, en el mismo edificio donde declaró Carlos Pedro Blaquier cuando fue citado, y donde funciona la Unidad de Derechos Humanos del Consejo de la Magistratura. Dijo que se sintió acompañado porque participaron sus compañeros yº la vicedecana de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Ana Catalano. 

“Ya mi padre hacia un mes que estaba detenido-desaparecido y un importante grupo de soldados irrumpió en el domicilio de mis padres. Habíamos llegado luego de participar en una misa por su aparición, tocan el timbre, empujan la puerta cuando voy a atender y entran una gran cantidad de militares armados, había solo dos personas de civil. Uno con la característica vestimenta de gimnasia, los recuerdo a pesar de haber pasado 41 años”, reconstruyó Arédez consultado por este diario. “A los tres días, cuando mi hermana Adriana estaba instalada en la casa de mis padres, salimos a comprar los tres alimentos en un negocio llamado El Hogar Feliz. Mi madre estaba comprando en el almacén cuando este personaje vuelve a entrar, pero esta vez desafiante hacia nosotros, mi madre se asusta muchísimo y le pregunta a los dueños del almacén quien es esa persona. Los dueños del Hogar Feliz le dicen ‘es Juan de la Cruz Kairuz, doctora’, y ella, que era odontóloga, les cuenta que era la misma persona había entrado a su casa en el allanamiento que duró hasta las 1:15 de la madrugada”, detalló.

Años más tarde, cuando Olga Arédez comenzó a marchar en la plaza de Libertador General San Martín, con el pañuelo blanco en su cabeza para reclamar por la desaparición de su marido, “este hombre iba a provocarla, tocando bocina y poniendo la música fuerte”, declaró su hijo.

En un reportaje que le realizó el periodista Pablo Llonto para la revista El Gráfico en 2001, Kairuz confesó que ingresó a las fuerzas de seguridad porque “el jefe de la policía de Jujuy era hincha de fútbol y me ofreció el puesto. Se puede decir que fui lo que se dice hoy un favorecido, un ñoqui”. En esa nota admitió un dato clave para comprender cómo se cruzó su vida con la de los Arédez. “Yo vivía dentro del ingenio”, declaró.

En 2009, Kairuz le inició un juicio por calumnias e injurias a Daniel Tort, por haber hablado de lo que pasó en Ledesma durante un programa de radio y TV en Salta. “Ahí también di testimonio, el juez desestimó la querella y lo envió a Jujuy, pero a la salida me enfrenté con la mujer y las hijas de Kairuz que casi se van a las manos hacia mí. Lo único que había hecho fue mostrarles la foto de mi padre”. 

Arédez también declaró sobre la conformación del directorio de la empresa Ledesma, que tuvo un activo rol como protagonista civil en la dictadura, en particular durante la Noche de los Apagones cuando durante un corte de energía fueron secuestradas decenas de personas. “Mencioné a los dueños Pedro y Nelly Blaquier, y Federico Nicholson, ex presidente de la UIA; junto a Oscar Peverelli que fue quien en los ‘70 formó la policía privada de Ledesma”. Otro episodio que quedó fijado en su memoria ocurrió en 1979. “Cuando llega la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA a Argentina, un grupo de abogados centroamericanos vinieron a Tucumán. Nos juntamos para enviar las denuncias, y vimos al director de relaciones públicas de Ledesma, con su mujer, en el hotel Versalles y personal de seguridad anotaba a aquellos que reconocían de Ledesma. Lo habían enviado al capataz Mario Paz a hacer eso”.

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