“Me calienta dibujar cuerpos”, dice sin vueltas Jazmín Varela. Y no es difícil imaginar la excitación de esos trazos que van formado frutas pulposas, abiertas, ofrecidas, con dedos que las estimulan con delicadeza y precisión. La mente reacciona al instante: cualquiera podrá, seguramente, reconocer en esas imágenes y el tacto que sugieren una parte muy preciada de su vida sexual, evocar humedades, tibiezas y gemidos. Con estos dibujos eróticos, estas manos que tocan frutas como homenaje a Stephanie Sarley, que sube videos de ella masturbando frutas en Instagram, Jazmín participa en Goce, una serie de cuatro fascículos ilustrados que verán la luz durante el 2019. La publicación estará a cargo de Cuadrilla Feminista, un colectivo de artistas, ilustradoras, diseñadoras y trabajadoras gráficas que se las trae. Todos van a ser impresos por Capitana (un taller de impresión feminista de Rosario) y cada uno tendrá un prólogo de mujeres, lesbianas y trans que las integrantes de Cuadrilla Feminista admiran. Pero al contrario de lo que podría esperarse, en Goce no hay una sola idea de placer, ni mucho menos sexo hétero. “Lo que planteamos a la hora de dibujar fue que cada una pudiera celebrar el goce desde una perspectiva libre y sin categorías. Así que tiene ilustraciones muy diversas, algunas hablan del goce a través de la comida, del sexo y la música, en grupo, con unx mismx, o del goce como subversión. También algunas incluimos textos así que hay poemas, canciones o recetas que nos producen placer”, explica Jazmín. 

La ilustradora se inspiró en su propia calentura con la cuenta de Stephanie Sarley, que le parece súper hot, y de paso hace funcionar los dibujos como tarjeta de invitación a descubrir nuevos fetiches, nuevos placeres: “Para el reverso incluí una lista de links a sitios porno feministas, a páginas sobre algunos fetiches que me parecen interesantes o algunos blogs eróticos con propuestas por fuera de lo normativo, como audios de orgasmos reales. Me pareció una buena forma de acercar contenido que no pertenezca al porno machista a lectorxs que aún no hayan explorado por esos lados”, agrega Jazmín, que este año ya había brillado con Guerra de soda, donde retrataba una serie de episodios no nostálgicos de una infancia común, y luego con Tengo unas flores con tu nombre (Guía práctica de sororidad), ambos publicados por Maten al mensajero. Lo nuevo con este proyecto que celebra el goce fue no solo la posibilidad de dibujar la calentura y de dibujar en caliente sino de compartirla, aparte de pensar y preguntarse qué es el goce para ella: “En los últimos meses tuve varias oportunidades de hacer dibujos eróticos y fue excitante, me llevó a hacerme el tiempo de pensar en profundidad en mi placer y en el de lxs otrxs. Y en el medio del proceso me preguntan, “¿qué estás dibujando ahora? o ¿en qué está trabajando la Cuadrilla?”, y se terminan dando conversaciones sobre nuestras fantasías, me encanta que se hable de gozar con soltura y sin prejuicios”.

En el caso de Sofía Watson, que acaba de publicar Sofía y los animales por Galería Editorial, hay un erotismo suave en la serie de láminas que conforman el libro, donde mujeres desnudas se enredan o pegan o apoyan en los cuerpos de animales salvajes. A veces, solamente los miran. Todas están desnudas, tienen el pelo suelto y como único detalle de seducción extra, las uñas pintadas de rojo. Una se recuesta, soñadora, sobre el lomo de un tigre, otra mira a un flamenco de frente imitando la voluta de su cuello. Otra se sienta sobre un tigre con las piernas abiertas, en una posición más sexual, o se recuesta, de piernas abiertas también, sobre la piel de un oso polar. Hay complicidad, hay juego, hay camaradería, y sobre todo un aire de naturalidad y relajación, como si el libro fuera una especie de sueño de comunión con lo salvaje donde sexo, afecto y peligro se desdibujan como categorías. 

 

La idea de Sofía y los animales surgió después de un comic que Sofía produjo para el libro El Volcán, un presente de la historieta latinoamericana (publicado por :e(m)r; y Musaraña) donde recreaba una especie de lucha entre un ser humano y un animal salvaje. “Entonces salió un artículo sobre varixs autorxs que aparecemos en el libro”, explica la ilustradora, “donde me mencionaban como “la animista La Watson”. Eso me quedó resonando pues a mis dibujos nunca los había pensado de esa manera. Así que libreta en mano empecé esta nueva serie que bautizaría con el nombre de #sofiaylosanimales y que dio un giro más hacia lo espiritual. Pasé de hablar de un placer estrictamente físico a una sabiduría más ancestral, cósmica y universal. Inicio siempre un diálogo mudo con cada animal en cada dibujo, en una forma de telepatía galáctica con los seres que me invento. Esos diálogos son los que en principio definen la apariencia que tendrán esos animales. Así se establecen una serie de relaciones mujer-animal en las que, aunque muchxs espectadxrs asocian con lo femenino y masculino, lo erótico y lo sexual, mi intención fue simplemente plasmar un diálogo mudo entre la humanidad y el reino animal, en igualdad de condiciones, en una desnudez salvaje pero armónica y no necesariamente binaria”. 

Tampoco son binarixs algunxs de lxs personajes de Paula Suko, que firma su obra como Sukermercado y publicó Si mojás, me enciendo en Editorial La Pinta (parte del Colectivo Editorial Big Sur). Si mojás, me enciendo es una novela gráfica breve cuya protagonista, Luisa, trabaja en un local de reparación de artículos electrónicos y en sus ratos libres stalkea a Nehuén, el chico trans que le gusta y que le deja mirar sus nudes en Instagram. Luisa, además, está siempre lista para prenderse en cuanta aventura sexual le pinte, como cuando se suma a un trío con una chica gorda y una travesti. En Si mojás, me enciendo se la ve masturbándose con frenesí, la concha abierta de par en par, las tetas al aire y los pelos de las piernas bien remarcados en el dibujo como para demostrar que a Luisa, que se calza un dildo para coger con un chico, los mandatos sobre lo femenino le preocupan bien poco. El librozine porno de Paula Suko tiene garche en primerísimos primeros planos, dedos que penetran una concha o aprietan un clítoris, cabezas sumergidas entre piernas, lenguas que se enredan, y quizás la nota más cachonda la dan las gotas, los jugos, los humores: sudor, saliva, flujos, conchas que chorrean. 

“Había hecho hace un tiempo una historieta porno corta que se llamó Sobre El Levante Y Mi Trasero”, cuenta Paula sobre el origen de este libro. “Es un género que desde hace mucho tiempo me llamaba y en el cual me sentí muy cómoda trabajando. Cuando la terminé decidí que quería encarar un proyecto más largo para explotar más aún las herramientas que proporciona. Me llenó de preguntas a la hora de trabajar algo más largo, pero me pareció un camino hermoso para plantar una búsqueda de cuerpos y encuentros sexuales más reales, pero igual de fetichistas, morbosos y excitantes. El mayor desafío fue encontrar mi voz y estética sin apagar toda la parte picante, sin que se volviese moralista al pedo”. Y moralista seguro que no es, al contrario, es liberador, aparte de que es imposible no calentarse con esta historia que pasa del porno a la ternura y al humor con una fluidez asombrosa y sincera. Con respecto a sus influencias y gustos en el mundo del comic, Paula nombra una serie de libros y artistas que vale como guía para seguir explorando: “Me gusta mucho el trabajo de los hermanos Hernandez, tienen una cuestión de identidad latina y de exploración de cuerpos muy bella e inspiradora (especialmente el libro porno de Gilbert Hernandez, Birdland). También estuve con los libros de Paradise Kiss, de Ai Yazawa, a mano mientras trabajé esta historia. Sus maneras de trabajar vínculos humanos adultos y todo el lenguaje del manga shoujo me ayudaron mucho para trabajar la estética de la obra”.