Pensar el fútbol como juego en sí no sólo es posible sino que puede ser agradable si se lee el último libro de Walter Vargas, Fútbol, antifútbol y otras yerbas (editorial Librofútbol.com). El periodista lleva a sus lectores hacia la reflexión y demuestra que éste deporte que tanto apasiona es más que lo que se suele informar en los medios de comunicación. Vargas escapa a los escándalos y se pregunta –y nos pregunta, a quienes lo leemos– por qué se repiten teorías futboleras tradicionales en nombre del buen y del mal fútbol. 

Recorre ideas, nombres y equipos. Plantea el interrogante acerca de qué queremos decir cuando decimos “la nuestra”, aferrados a un pasado que por pasado no fue mejor y en contra de un presente y un futuro que suenan más a melancolía que a avance. “Me pregunto por qué será que los cultores del supremo llamado a la argentinidad no andan por la vida con bombacha, chambergo y espuelas, aferrados al mate amargo o al vaso de grapa. O por qué no van a los estadios de traje y corbata, peinados a la gomina”, ironiza Vargas en una de sus demostraciones de humor. Como cuando escribe que “las comparaciones son odiosas, pero valiosas y, a veces, penosas: ¿no les pasa que remitidas a la Argentina casi todas las selecciones parecen supersónicas?”, en referencia al rendimiento del seleccionado de Jorge Sampaoli en el reciente Rusia 2018.

En ese marco vale destacar el ficcionado diálogo en una conferencia de prensa entre el entrenador y un fanático de Los redonditos de ricota:

–¿Está más tranquilo?

–Salando las heridas.

–¿Y Messi le ha dicho algo?

–Mi único héroe en este Lío. Es hora de levantarse, querido.

–¿Cómo cree que se sienten Pavón, Lo Celso, Fazio, que antes del Mundial parecían de su base titular?

–Fusilados por la Cruz Roja.

Con el ánimo de expresar su posición y no de imponerla, Vargas apela a preguntas (será el lector quien deberá, si quiere, responderlas) y refuta con argumentos a quienes atacan el supuesto antifútbol de Osvaldo Zubeldía –a quien considera el gran revolucionario del fútbol argentino–, Carlos Griguol o el mismo Carlos Bilardo, cuya presencia a la derecha de la portada del libro generó polémica en ciertas redes sociales debido a que César Menotti apareció en el medio. Por las dudas, y con el libro ya en la calle, “no hubo intención alguna en eso”, aclara Vargas ante PáginaI12. Lionel Messi, Javier Mascherano, Marcelo Bielsa y Diego Simeone son quienes completan esa tapa.

“El antifútbol no existe”, dispara Vargas y se describe a sí mismo con posición tomada, ya que “la objetividad es un malentendido, un mito, una carta de buena intención o un faro hacia donde marchar”. Y líneas después explica parte de su pasión por Zubeldía: “Su Estudiantes es un hito en el fútbol argentino, un chico que hizo trizas la hegemonía de los grandes”. Y después: “Zubeldía fue a todas las luces pionero: entrenamientos diferenciados, pretemporadas, dietas, esmerados análisis del oponente de turno, jugadas ensayadas de forma sistemática, es decir: todo aquello de lo que hoy se ufanan hasta los entrenadores más románticos”. Su teoría la ejemplifica con los cuatro triunfos sobre cuatro ante el poderoso Racing de José en el 67, los cinco sobre cinco ante el Independiente copero del 68 y la vuelta olímpica en Old Trafford frente al Manchester de Charlton, Best y Law.

También refiere al lirismo que se creó alrededor de los equipos de Menotti y recuerda lo que ocurrió en el recordado partido en la nieve de Kiev, contra la URSS, en el 76: “La Selección va ganando 1-0, pasar la mitad de la cancha es una sortija que se hace ver poco o nada, Hugo Orlando Gatti es una máquina de descolgar centros. ¿Qué hace Menotti? Saca a Bochini y pone a… Passarella”.

“La Selección ha vuelto a la Edad de Piedra”, transcribe de sus diarias columnas de Facebook, durante el Mundial reciente. Leerlo a sólo seis meses de aquello que parece sucedido hace más tiempo es una invitación al análisis de quienes encontramos en el fútbol injustificadas razones para ir a una cancha a pesar del maltrato o pasar horas frente a la televisión escuchando insulsos relatos y comentarios.

En 200 páginas, Vargas –con más de 40 años como periodista gráfico, radial y televisivo– dispara conceptos que lo representan:

  • “El fútbol es el único deporte donde el que ataca mucho se cree portador de cierta superioridad moral”.
  • “El fútbol es el único deporte donde el que defiende mucho se ve conminado a dar explicaciones”.
  • “Jamás escuché decir ‘el ajedrez que le gusta a la gente’, ‘el vóley que le gusta a la gente’, ‘el hóckey que le gusta a la gente’”.

Después de su Periodistas depordivos (Ediciones Al Arco, 2015), en el que  analiza con inteligencia, agudeza y sencillez el mundo del periodista deportivo –los estudiantes deberían leer ese libro– a Vargas le quedó la vara muy alta. Sin embargo, en vez de superarla optó por hacer otro camino, donde también dejó una marca elevada. Y deja en claro, a través de una frase pequeña y contundente que aparece en el medio de Fútbol, antifútbol y otras yerbas, cuál es su posición como futbolero de ley: “Lo que más amo del fútbol son los manantiales de la diversidad”.