El murmullo fascista

Si hay una medida política que no sirve para resolver el problema de la inseguridad ciudadana, ésa es la modificación del Código Penal. La razón es obvia: el Código Penal solo puede aplicarse cuando un delito ya se ha cometido.

Sin embargo, buena parte de la dirigencia política impulsa irresponsablemente esa solución falsa, como respuesta a la creciente demanda social de mayor seguridad. Es cierto que buena parte de la sociedad, al sostener esa demanda, se embandera con consignas retardatarias que solo persiguen la vendetta pública. Pero otra buena parte, al reclamarle al Estado la debida protección de sus personas y bienes, está expresando su derecho a una mayor calidad de vida. Y esa demanda debe interpretarse como auténticamente democrática.

Lo que no es en absoluto democrático es la respuesta que ofrece el macrismo. La derecha sabe que al bajar la edad de imputabilidad no resuelve absolutamente nada. En este caso, sus funcionarios no actúan movidos por la ignorancia. Lo que hacen es halagar demagógicamente a su clientela electoral, que por supuesto, con criterio punitivo, solo persigue la satisfacción de su sed de venganza.

Por eso no es casual que desempolven esta vieja y desacreditada cantinela en momentos previos al inicio de la campaña electoral. Ante la ausencia de datos positivos en todas las áreas de gobierno, Cambiemos necesita insumos para afrontar la campaña. Solo a la luz del miserable oportunismo electoral, que busca consolidar el voto del segmento social más reaccionario, se puede concebir esta iniciativa, que carece de ningún sustento en ningún estudio criminológico serio.

Es en ese contexto que debemos entender la aparición espasmódica de esta recurrente propuesta del Gobierno para bajar a 15 años la edad de imputabilidad penal. Así, suponen los responsables de la catástrofe económica y social que castiga a nuestro país, matan dos pájaros de un tiro: por un lado, estigmatizan al joven pobre como su principal enemigo interno, y por otro, ganan oxígeno para encarar la campaña. El reciente triunfo en Brasil de Jair Bolsonaro, que enarboló un discurso neofascista lleno de promesas de cárcel y palos, parece haberlos entusiasmado.

Sé que no es fácil, pero no debemos volver a caer en la trampa electoral de la derecha. No nos subamos al ring al que nos pretenden subir, a debatir los temas que ellos quieren. Para derrotar a la derecha, desde el campo popular, más que nunca tenemos que, como escribió Antonio Gramsci, “estar atentos al murmullo de las masas”. Es significativo que el revolucionario italiano haya concebido esa idea en la cárcel en la que lo encerró el fascismo original, el de Benito Mussolini, cuya sombra sobrevuela a los neoliberalismos que avanzan en nuestra región, con represión y con amenazas de más represión.

* Titular del Socialismo para la Victoria.

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