Reportaje exclusivo a Danny Glover, el mayor activista mundial de los afrodescendientes
“Admiro a Lula y a Luther King”
Estuvo en la Argentina para inaugurar un área de la Umet sobre los afrodescendientes. Economista por formación y actor por oficio, el norteamericano Glover explica en este diálogo su visión sobre Venezuela, América Latina y su formación humanista.
Imagen: Sandra Cartasso

Esta entrevista empieza con una confesión: casi 2 millones de argentinos y argentinos son descendientes de seres humanos que sufrieron el oprobio de la esclavitud. Pero recién cuando tomé contacto con las luchas de la comunidad afroargentina comencé el combate contra mi sincera, pero no menos estúpida, ignorancia. Invitado a una conferencia en Río de Janeiro en mayo del año pasado, coincidí con la presidenta Dilma Rousseff en el lanzamiento de la candidatura de un diputado federal. Al saludarla me invitó a conocer a dos estadounidenses, militantes por los derechos de los afrodescendientes, que al día siguiente partían a Curitiba para visitar a Lula en su infame aprisionamiento: el activista y actor Danny Glover y el intelectual y ex funcionario del Instituto Smithsonian, James Early. 

El activismo de Glover en el movimiento de los derechos civiles en su país lo llevó a ser designado embajador oficial de Buena Voluntad del Decenio Internacional para los Afrodescendientes de las Naciones Unidas. Danny y James, hermanos inseparables, recorren nuestro continente en ardua y aún despareja lucha por los derechos de los más de 300 millones de afrodescendientes en toda América. Tal como informó PáginaI12, Glover acaba de venir a la Argentina en el marco de la presentación del Núcleo de Estudios Afrolatinoamericanos y de la Diáspora Africana de la UMET, iniciativa apadrinada por Glover y Early. La impulsan el activista afroargentino Federico Pita y la organización que preside, DIAFAR, con el apoyo del Consejo Nacional de Organizaciones Afro y la Articulación Regional de Afrodescendientes de América Latina y el Caribe.

–¿Qué te llevó a salir de un lugar de comunidad e involucrarte no sólo en los movimientos por los derechos civiles sino también a ser una voz que defiende los procesos de cambio que vivió América Latina?

–Paul Robeson, el gran cantante, dijo una vez “el artista es el guardián de la verdad”. Esa es la responsabilidad del artista: no sólo decir la verdad, sino re imaginar el mundo, de manera que sea un punto de vista, una plataforma de justicia y de la lucha contra la explotación. Las primeras cosas que escuché, las primeras visiones de lo que quiero ser, vinieron a través de mis padres. Porque los vi intentando maniobrar como padres jóvenes, manejar a través de aquel mundo para ver de qué eran capaces, con qué mundo lidiaban. No era el viejo mundo de mi madre o de mi padre, sino uno en el que crecieron, y se criaron, maduraron, pero fue a través de otro mundo que ellos pudieron navegar. Verlos hacer eso me dio una plataforma, hasta cierto punto, sobre cómo llevar a cabo mi vida. Ellos fueron mis primeros ejemplos y luego los de otros jóvenes de mi edad, no mucho mayores que yo, que le dieron forma a la lucha política, y formaron el Comité Coordinador No violento de los Estudiantes (Glover fue fundador en su Universidad en San Francisco en la década de los 60)  tenía un brazo del comité que básicamente trató de hacer trabajo cultural. ¿Qué es el trabajo cultural? Esta idea de utilizar la cultura como una forma de ayudar a las personas a darse cuenta de sus propias aspiraciones y a entender sus propias limitaciones. Pero también a entender las posibilidades y creo que eso es lo más atractivo del trabajo cultural, sabes, poder ver a las personas usando el trabajo cultural como la forma en la que nos identificamos y formamos a su vez una nueva identidad.

–¿La cultura puede ser una herramienta de transformación social y de lucha contra la muy profunda desigualdad social que existe en los Estados Unidos?

–Depende de cómo definimos la cultura, y las diferencias en la cultura. Si miras la historia del trabajo cultural en los Estados Unidos, verás que emerge de distintas maneras. Ciertamente para los afroamericanos, surgió de la explotación de la esclavitud y de la post esclavitud. Hablamos de las diversas formas de triunfos musicales, ya sea el jazz, el blues, el rock and roll. Son expresiones en ese sentido, y el hip hop, es una expresión de la explotación, y hasta diría, de la privación de derechos de las personas, su explotación y marginación. Estoy tratando de pensar en nombres, digamos Billie Holiday, cuando canta Strange Fruit; esto surge de una cultura verdadera, de la experiencia humana real y del dolor que representa no sólo para ella como ser humano, como artista, sino también el dolor, el continuo dolor de su pueblo. 

–El mainstream de Hollywood es una herramienta que sostiene la supremacía de los Estados Unidos frente al mundo. ¿Es posible generar una propuesta cultural que se anime a tener más fuerza y mensajes disruptivos que desnuden la enorme desigualdad entre países y dentro de países?

–Lo emocionante es que estemos pudiendo tener estas discusiones. Para dar una idea, ciertamente creo que el poder desgasta ciertos movimientos, y esos movimientos no son solo movimientos políticos, sino también movimientos culturales. Podemos decir que, si tomas a John Steinbeck, uno de los grandes escritores estadounidenses, lo que sucede es que él produce una película, como parte de una novela, en medio del desencanto, la ira, la impotencia que surge de la depresión misma (The Grapes of Wrath - Viñas de ira). La pérdida de tierras, de dinero, y la pérdida de la vida, todo se traduce en una película. Fue la representación de lo que experimentamos en ese momento en particular. Encuentras eso en diferentes instancias:la idea de Charlie Chaplin sobre la máquina y los proyectos de reinsertar los esclavos a la cultura para que pueda aplicarse a los cambios industriales que ocurrirían y la modernización. A veces, encontrarás arte muy extraordinario, artistas que hacen posible estas películas., como Viva Zapata, una película de Hollywood con Marlon Brando. ¿Sabes quién escribió el guion para eso? John Steinbeck. Aprendí quién era Zapata. Y hay una vieja película: Doctor Zhivago. Puede haberse equivocado en algunas cosas, pero la idea de que vimos la Revolución Rusa en todo momento, vimos el poder que se manifestó en las dimensiones y en todo lo demás. Pero ahora también podemos conectar la Revolución Rusa con el Viejo Mundo, con las posibilidades. Vemos todos aquellos con nuevas posibilidades. Hace poco vi una película, que pensé que era la mejor película del año. Fue nominada, aunque no ganó, Roma. Qué película extraordinaria. 

–¿Qué te gustó especialmente de Roma?

–Contextualiza el momento en que la mayor parte de mi generación recuerda lo que sucedió en 1968. Cuando hubo un movimiento masivo no solo en los Estados Unidos sino en todo el mundo. La película recuerda las grandes huelgas. También el incidente que ocurrió con más de seiscientos estudiantes asesinados en la Ciudad de México en los Juegos Olímpicos. Hubo un momento icónico cuando John Carlos y Tommie Smith levantaron su mano en gesto de poder. Todos estos fueron momentos. Y entiendes a través de esa película cómo podría contextualizarse como lo hace Cuarón en 1971 y la transición hacia el fascismo y el ala derecha que controla México. Eso es lo que hace el arte. Vemos la película argentina Zama y nos da una expresión de lo que sucede en este país. Y ahora se puede encausar canales de discusión sobre el colonialismo en el país. Eso es lo que el arte debe hacer. 

–Mencionaste Roma, una película de Netflix. Esa plataforma produce dentro de los Estados Unidos con una mirada que a veces es progresista pero los contenidos para América Latina son muy reaccionarios. Un ejemplo es la serie El Mecanismo, que asume una postura muy clara contra el Partido de los Trabajadores, Lula y Dilma Rousseff.

–No la vi. Oí que es terrible. Pero esta es otra parte del poder. Netflix, en sus acciones quiere, en cierto sentido, controlar la producción cultural. En un sentido, manipular la producción cultural. Pero no se puede solo contar. Siempre hay una situación… Están las historias reales, espontáneas. Y la politización y la naturaleza de esas historias y el impacto de las historias no puede dejarse de lado. Roma es aceptada como un trabajo y una obra artística en ese sentido, porque nos da una línea de tiempo. Necesitamos líneas de tiempo. Necesitamos saber cuándo sucedió cada cosa. Tiene un director de primera línea. Al mismo tiempo sé que ya no se puede refutar la cuestión de cómo se canalizan las ideas y el control sobre lo que ve la gente, sea en Netflix o Amazon. La gente no va al cine. Sabe que los niños van a ver la próxima de Marvel, luego la otra Marvel que es la mezcla de esto y lo otro... Hay algo más en lo que está sucediendo, que tiene que ver con quién controlará la narrativa cultural y quién controlará la información. Se reduce a esto, si es Netflix o Amazon, o surgirán nuevas manifestaciones. Pero en última instancia, la idea de controlar algo es a menudo el acto de subvertirlo y alterarlo. Es interesante, como en el Aikido, el arte marcial, cómo controlas esto y lo alteras.

–¿Cómo ves los Estados Unidos de Donald Trump?

–Realmente no veo Ideológicamente a Trump demasiado diferenciado en lo que respecta a la política de Estados Unidos. En el sentido de que puedes sentarte aquí y denunciar a Trump, todos los que te rodean lo denunciarán. Pero al mismo tiempo continúa con la misma contextualización del poder estadounidense. Encaja allí. Tal vez  haga declaraciones más extravagantes. Pero tenemos que mirar cuáles son las acciones. Sabes, si observamos las acciones en términos de Trump, las primeras sanciones impuestas a Venezuela en particular fueron las sanciones impuestas por el presidente Obama. El primer intento de socavar la democracia brasileña por el juicio político ilegal de una presidente en funciones, Dilma Rousseff, sucedió en el gobierno de Obama. Tuvimos el conflicto en Siria.

–¿Entonces pensás que Donald Trump no es tan malo?

–No, no estoy diciendo que no sea malo. Es peligroso. Representa una tendencia. Si dijéramos sólo que nos gustaría deshacernos de Trump, ¿a qué volveríamos?

–¿Están los Estados Unidos listos para un dirigente izquierdista, en términos de los Estados Unidos, como Bernie Sanders?

–No lo sé. Creo que tenemos la oportunidad de averiguarlo.Tenemos la oportunidad de poner nuestra energía en ciertos lugares de cierta manera y dar forma a un mensaje más seguro que no sólo incluye lo que está sucediendo en el país, con los trabajadores, a nivel nacional sino también en términos de atención médica y en términos de educación, y traducimos eso en un movimiento mucho más masivo. El cambio climático se traduce no solo a través de la mirada de los ciudadanos estadounidenses, sino a través de la mirada colaborativa con otros ciudadanos de todo el mundo. Tenemos la oportunidad de hacer eso. Si estamos listos para eso, esa es la cuestión.

–En las últimas elecciones emergió un grupo de diputadas, como Alexandria Ocasio Cortéz, descendiente de puertoriqueños, que le han otorgado mucha visibilidad a la desigualdad que existe en los Estados Unidos. ¿Es una nueva oportunidad para que surjan fuerzas progresistas más sólidas que permitan correr los límites de los cambios posibles en tu país?

–He tenido la oportunidad de conocer, en cierto sentido, algunos de estos nuevos líderes. Varios son extraordinarios. O extraordinarias. La cuestión es si son capaces de alterar el sistema sólo por su incursión inicial. La idea es que estemos preparados para ir más allá de estas posibilidades. El Dr. King (Martin Luther) habló sobre la intersección entre la guerra del racismo y el materialismo. 

–Has recorrido América Latina, manteniendo encuentros con los principales dirigentes de los gobiernos populares. ¿Cuál te ha impresionado más?

–Admiro a Lula da Silva, como de mi país admiro al doctor King. Líder extraordinario, proveniente de los trabajadores. Viene de los trabajadores. Recuerdo cuando noté que parte de su dedo no estaba allí, me di cuenta de que no es simplemente alguien que va a hacerse manicura a algún lugar y de repente decide que va a dirigir un partido e intentar cambiar el país. Es alguien que viene de las entrañas de los trabajadores, que se organizan allí, y conocen sus historias y abraza sus historias y la suya propia. Probablemente uno de los líderes accesibles más extraordinarios que he conocido en mi vida haya sido Hugo Chávez, orgánico, capaz de decir, de manera muy simple que podemos crear un Banco del Sur, podemos crear una unión de países latinoamericanos y caribeños, que podríamos hacerlo nosotros mismos. Proyectos independientes peligrosos, socialdemócratas. Hablaban del socialismo del siglo XXI, pero en sentido se decía, ¿Cómo tomo estos recursos? ¿Cómo puedo proporcionar una mejor vida a los ciudadanos de mi país? ¿cómo puedo mostrar formas de crear nuevas relaciones entre las naciones, Argentina, Ecuador, Venezuela, Brasil, Bolivia y demás? ¿Cómo hacemos eso? Creando un nuevo diseño. ¿Cómo creamos una nueva relación diferente, una diferente de la que tuvo golpes de estado en América Latina a fines de los 50, principios de los 60, y así sucesivamente? 

–¿Cómo analizás la situación actual de Venezuela y el rol de los Estados Unidos en su crisis?

–El intento de desestabilizar a Venezuela tiene un gran impacto en América Latina, y en la aspiración de todos, los pueblos originarios, los afrodescendientes y todos los latinoamericanos. Cuando miramos a Venezuela, como todos hemos dicho, y, como dice cualquier persona, no es Maduro lo que se está aplastando. Es la Revolución Bolivariana. El poder siempre trató de disminuir las expectativas de cada uno. Tenemos que estar muy atentos, no solo por Latinoamérica sino también por los pueblos del resto del mundo. Si se toma un líder electo que les dice que va a arrebatar las selvas tropicales del Amazonas y que lo abrirá al desarrollo, no se trata solo de los brasileños, sino también de la vida, el oxígeno que da vida a las personas en el mundo. El Amazonas representa el 20 por ciento del oxígeno del mundo. Vivimos las crisis del cambio climático y el calentamiento global. ¿Dónde está nuestro futuro si los niños pequeños no ven ningún futuro para ellos en el mundo? Creo, por un lado, que quizás pienso si alguien dijera que el calentamiento global y el cambio climático lleguen al punto en el que tengamos que hablar de una crisis de refugiados por el cambio climático y el calentamiento global y las consecuencias de la militarización de las fronteras y quizás nosotros, en ese momento entremos en razón. Esa puede ser esa crisis, porque estamos muy cerca del punto donde no hay retorno y el poder lo entiende. 

–¿Qué dirigente estadounidense te ha marcado como militante?

–Wow. Ese alguien es el doctor Martin Luther King. Ya sabes, Dr. King.

–¿Cómo te marcó su mensaje?

–No creo que sea el mensaje. El King que se vio el 28 de agosto de 1963 en la marcha (cuando pronunció su celebre discurso “Tengo un sueño”), que hablaba de trabajo y justicia, no es el mismo que recibió el Premio Nobel en 1964. No es el mismo que habla de la relación entre el militarismo de guerra y el racismo. King fue la única persona que simplemente tomó ese momento en particular. Lo que el mundo estaba atravesando. Creo que es en uno de los discursos más valientes que hubo, no solo sobre la guerra en Vietnam, fue más allá de Vietnam, habló sobre la idea de la amada comunidad, fue más allá de los derechos civiles y todo lo que estamos hablando sobre justicia. Pero el doctor King resume todas esas ideas y pensamientos. Entendió la no violencia y la respuesta no violenta. La desobediencia civil fue una palanca importante para utilizar el poder de los seres humanos. 

* Rector de la UMET. @trottanico Traducción: Eugenia Segovia.

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