Opinión
Memoria y democracia

En términos sociales y políticos hacer memoria es una práctica destinada a evocar acontecimientos o hitos fundamentales de la historia con la intención de aprender de ellos y convertirlos en una enseñanza que dinamice las acciones en el presente. La memoria -activa, dinámica y militante- es motor para la conciencia y para la acción personal y colectiva.

De allí la importancia de que cada 24 de marzo miles y miles de personas se movilicen poniendo el cuerpo en una acción de memoria colectiva. Que no es solo recordar el hecho siniestro del golpe de Estado con todas sus consecuencias, sino sobre todo y fundamentalmente traer al presente, a la cotidianeidad de cada uno y de cada una, la heroica aventura de la recuperación democrática y de la lucha por el restablecimiento y la vigencia de los derechos humanos. En esta tarea ha sido fundamental la contribución de todos los organismos defensores de los derechos humanos. Por coherencia y por persistencia.

Entre otras muchas razones -seguramente todas ellas igualmente válidas- en el tiempo que nos toca vivir la memoria resulta cada día más importante porque los y las más jóvenes, aquellos que no padecieron en carne propia las tristes consecuencias de la dictadura, necesitan recibir el testimonio de lo vivido para resignificar desde su propia práctica las enseñanzas extraídas tanto de los padecimientos como de las luchas que condujeron a la democracia que tenemos y a la restauración de los derechos humanos.

También porque es necesario tener en cuenta que la tarea de mantener en vigor la democracia basada en derechos no llega nunca a su fin. Que no alcanza la formalidad electoral para hablar de democracia y que es necesario exigirle a quienes gobiernan legalmente que actúen en forma legítima, es decir, garantizando la vigencia plena de derechos.

La democracia alcanza sentido como sistema cuando sirve al propósito fundamental de contribuir a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas asegurando sus derechos fundamentales. Recordando también que los derechos humanos no se limitan -aunque los contienen fundamentalmente- a las libertades individuales y a la libertad de expresión, entre otros, sino que incluyen del mismo modo al salario y la jubilación dignos, a la seguridad alimentaria, el derecho a la vivienda y el acceso a la educación, para mencionar tan solo algunos.

Hacer memoria hoy es recordar los padecimientos generados por el autoritarismo de quienes protagonizaron el golpe militar y repudiar al mismo tiempo todos los autoritarismos que asechan en el presente. Es también y sobre todo evocar las luchas en favor de la democracia y los derechos humanos. Y no como una mera remembranza, sino como alimento de una actitud que sea base de una acción política capaz de demandar y exigir a quienes hoy gobiernan que es su responsabilidad y el derecho de la ciudadanía la vigencia integral de todos y cada uno de los derechos conquistados por el pueblo argentino a través de sus acciones y sus gestas. Es la manera de traducir la memoria en alimento de las acciones presentes cargando de sentido la movilización de cada 24 de marzo pero también todas las manifestaciones en favor de los derechos humanos.

 

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